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EP. 1 Pennsylvania: del ‘cinturón de óxido’ al ‘cinturón latino’

Tráiler – Bukele: el señor de Los sueños
EP. 1 Alguien como Bukele
EP. 2 Muévete rápido, rompe cosas
EP. 3 La hora de la medicina amarga
EP. 4 El evangelio (del Bitcoin) según Bukele
EP. 5 ‘Batman’ descubre el viejo negocio de la violencia
EP. 6 La última elección
EP. 7 Después de Bukele
Tráiler: El péndulo
EP. 1 Pennsylvania: del ‘cinturón de óxido’ al ‘cinturón latino’
EP. 2 Nevada: la preocupación por la economía
EP. 3 Florida: donde América Latina vota
EP. 4 Arizona: demócratas y republicanos en la frontera
EP. 5 Carolina del Norte: el poder de las comunidades religiosas
EP. 6 Una marea roja: el regreso de Trump y el futuro de los latinos
Tráiler: La Ruta del Sol
EP. 1 La botella
EP. 2 La grabación
EP. 3 La entrevista
EP. 4 Las pruebas
EP. 5 La necropsia
EP. 6 El debate
EP. 7 El conspirador
EP. 8 El contacto
EP. 9 El fiscal
EP. 10 El rompecabezas
Tráiler: Las Reinas de Queens
EP. 1 Santa, Madre, Reina
EP. 2 Bienvenides a la Casa Martínez

TRANSCRIPCIÓN

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EP 2 . 13/04/2026

Bienvenides a la Casa Martínez

[Rula Ávila Muñoz]: Hola, un aviso antes de empezar: en esta serie hay contenido sensible que incluye violencia, drogas y lenguaje sexual. Les recomendamos discreción. 

En los días y semanas posteriores a la muerte de Lorena Borjas, hubo una palabra que se usó una y otra vez para definirla: “madre”. “La madre de toda la comunidad trans latina de Queens”. Así la llamaron en obituarios y artículos y homenajes. Y esta forma de llamarla no era algo casual, porque las madres son importantísimas en el mundo de las Reinas de Queens.

Son los pilares, el engrudo. Y son las líderes de las varias familias que conforman a la comunidad trans latina de Queens. Familias escogidas, porque las suyas muchas veces las han rechazado. Esas familias conviven y se apoyan y también compiten en los bares de la Roosevelt Avenue, y en los shows de imitación y los concursos de belleza y las organizaciones trans de Nueva York.

Las madres definen las reglas y las tradiciones de esas familias. Y sobre todo, les dan sus apellidos. 

[Laura Martínez]: Entonces, de los dos apellidos que me acuerdo antes, cuando yo acababa de llegar, que digo que es la familia Duval y la familia St. Cartier, posteriormente nacieron nuevas familias después de la Martínez.

[Rula Ávila Muñoz]: Y esos apellidos son legendarios. 

[Laura Martínez]:   Nació, por ejemplo, la familia Santa María. Estuvieron familias como las Chacalosas. También estuvieron la familia de las más nuevas, las Rosemberg.  Quizás para otra gente es diferente, pero para mí, un apellido, en la familia, es protección. Es ayuda, es apoyo, es decir: no estás solo.  

[Rula Ávila Muñoz]: Ella es Laura Martínez. Y lo que les vamos a contar hoy es cómo formó su propia familia, una de las más emblemáticas de las Reinas de Queens. Una familia forjada en los clubs de la Roosevelt Avenue. 

Allí, en los shows de imitación y en los concursos de belleza, entre vestidos de lentejuela, tacones de 10 cm, cascadas de escarcha, mucho tequila, al son de Gloria Trevi, Laura León y Alejandra Guzmán, chicas recién llegadas desde toda América Latina comenzaron a pedirle consejo a Laura. Querían ser artistas como ella, verse bien en el escenario, comenzar sus transiciones.

[Laura Martínez]:  Entonces puedo ayudar a los chicos regalándoles una peluca, un vestuario. El vestuario que yo ya no usaba se los regalaba o se los prestaba. Zapatillas que ya no usaba se las daba. 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura les ayudaba: a moldear sus cuerpos con rellenos y esponjas; les daba consejos; les prestaba su dirección para trámites burocráticos; y hasta mediaba con sus familias de sangre. 

[Laura Martínez]:  Yo hablo con las mamás de ellas cuando no las quieren aceptar. Y yo les empiezo a platicar a las señoras: “tienen que ayudar, le estás haciendo daño a tu hija”. 

[Rula Ávila Muñoz]: También recibía a las chicas en su apartamento rococó, decorado con espejos de marcos dorados, imitaciones de gobelinos, retratos de vírgenes en oro falso. Ese es su santuario. Y allí ha sido anfitriona durante años. 

[Laura Martínez]:  Nosotros nos reuníamos cada semana en la casa a comer juntos, a hacerles comidas, unos tamalitos. Y así les demostré a las demás que era convivencia. No nada más era parte del show, o parte de los clubs, o parte de concursos o parte…. Todo era material. Pero no era integración. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y cuando las chicas no tenían donde más quedarse, Laura las invitaba a dormir al departamento. 

[Laura Martínez]: La sala estaba llena en la noche. Ahí veías arriba del tapete, todas amontonadas durmiendo. 

[Rula Ávila Muñoz]: Con el tiempo, las chicas cobijadas por Laura empezaron a verla no solo como una protectora y una inspiración, sino como una madre. Y empezaron a deshacerse de sus viejos apellidos. 

[Laura Martínez]: Me decían, “oiga, ¿puedo ponerme su apellido? Es para agradecerle. Si usted me hace el honor”. Digo, “sí claro”. Se empiezan a poner el apellido Martínez.  Y yo ahí entendí que ahí se iba a crear la familia. Así empezó mi familia. 

[Rula Ávila Muñoz]: La familia Martínez.

[Fonsi Martínez]: Fonsi Martínez, 37. 

[Romina Martínez]: Romina Martínez, 27 años. 

[Quintanil Martínez]: Quintanil Martínez, 21 años.  

[Carolina Martínez]: Carolina Martínez, 24 años. 

[Cari Martínez]: Cari Martínez, 31 años. 

[Carolina Martínez]: Bueno, yo en la familia soy nueva integrante. Soy la nueva, la nueva. Yo estoy muy agradecida con la madre Laura porque ella me abrió las puertas. Cuando yo llegué acá…

[Romina Martínez]: Entonces yo pedí ayuda y me recomendaron a mi madre de ahora que tengo aquí, que me siento muy, muy tranquila. Muy feliz, contenta. Como una familia de la que tengo muy lejos y pues nada aquí… 

[Cari Martínez]: Pero lo mejor que a mí me pudo haber pasado es haber llegado aquí a Estados Unidos y conocer a mi madre, Laura, que se lo vengo diciendo, desde que la conocí, desde el país que radicaba, en Chile, veía sus eventos, sus shows, porque es muy famosa. Y ahora estar aquí es cumplir un sueño. 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura dice haber tenido más de 50 hijas, que han entrado y salido de su hogar, a lo largo de las décadas que lleva trabajando en Queens.  

La familia Martínez es célebre por sus shows de imitación y canto. Unos espectáculos que también cicatrizan heridas.  Es que la conexión entre Laura Martínez y sus hijas elegidas no fue fruto del azar. 

Nació de una necesidad vital: soltar las familias que les fueron impuestas, para crear otra, la propia. Porque su historia no es sólo suya. Es el reflejo de muchas —quizás todas— las mujeres trans latinas indocumentadas que llegan a Nueva York buscando mucho más que un refugio. Laura ha hecho de su apellido, el apellido Martínez, una oposición radical al dolor. 

Desde Central Series y Radio Ambulante Studios, esto es Las Reinas de Queens. Soy Rula Ávila Muñoz. Episodio 2. Bienvenides a la Casa Martínez.

Cuando era niña, Laura ayudaba a su mamá a limpiar la casa y a preparar la comida para sus hermanos. Y mientras lo hacían, su madre encendía una radio amarilla y plateada que había comprado a plazos. 

[Laura Martínez]:  Pues, fíjate que ella le gustaba mucho  todos los tríos esos románticos que tenía. Le encantaba esa música. Le encantaba hacer el trío Los Panchos. Le encantaba oír a Sonia López.

[Rula Ávila Muñoz]: Y a Laura también. Las voces que salían de la radio parecían alzarla como si fuera una artista sobre un pequeño escenario. 

[Laura Martínez]:  Agarraba yo una pañoleta de mi mamá, me la ponía en la cabeza, me la enredaba y agarraba un cepillo, un peine. Y eso era mi micrófono. Y me ponía a hacer la mímica de la canción. Yo agarraba mi escoba, yo bailaba y me entregaba y me gustaba. Y la vida se me hacía más ligera.

[Rula Ávila Muñoz]: El mundo que la rodeaba desaparecía: su cuerpecito, su ropa vieja y parchada, su casa de pisos de tierra. Y por un segundo también se olvidaba de ese pueblito donde nació en 1963: Papantla. 

[Laura Martínez]: Ahí se cultiva la vainilla. Por eso dicen: la ciudad que perfuma el mundo es Papantla, Veracruz. 

[Rula Ávila Muñoz]: Pero para personas como ella, ese lugar tropical, montañoso, tan cercano al mar, era sobre todo hostil. 

[Laura Martínez]: Las familias eran tradicionales, pueblerinas; hombre es hombre, mujer es mujer. Entonces Papantla siempre fue una marginación.

[Rula Ávila Muñoz]: Es que los padres de Laura le dieron un nombre de niño. Pero ella nunca se sintió cómoda ni con ese nombre ni con su cuerpo. 

[Laura Martínez]: Yo me sentía niña, completamente. 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura era la rara. Y por eso la maltrataban, en la escuela, en la casa. Sobre todo su hermano mayor.

[Laura Martínez]: Me golpeaba y me marginaba y me señalaba y me gritaba y me decía en voz baja en el oído: “Cállate, maldito maricón, joto.” 

[Rula Ávila Muñoz]: El único capaz de ponerle un frente a estos abusos era el padre de Laura. Un hombre cariñoso que —cosa extraña para la época— pudo entender que Laura era distinta. Pero murió cuando Laura tenía seis años. A partir de ese momento ella no tuvo a muchas otras personas que la comprendieran. Hasta que a los 11 años conoció a Juana. 

[Laura Martínez]: Todos le decían Juana La Loca. Así le habían apodado en el barrio. Estaba prohibido. Mi mamá me decía, “no vayas, no le hables”. Pero a escondidas uno lo hace. 

[Rula Ávila Muñoz]: Juana era una chica trans. Estaba en sus veintes,  y trabajaba en una cantina. 

[Laura Martínez]: Empiezo yo a acercarme y me empezó a decir si a mí me gustaba los vestidos, las pelucas, o me gustaba maquillar, le dije “a mí me gustaría”. Entonces dice, “¿te quieres volver mujer? Tómate una pastilla”. Y me daba una pastilla.

[Rula Ávila Muñoz]: Le daba Premarin, una medicina para restituir los niveles de estrógeno durante la menopausia. A Juana no parecía importarle tratar así a una menor de edad. Hoy, Laura la justifica así:  

[Laura Martínez]: Era alguien que quería que fuera como él, porque era un rechazo que tenía y necesitaba… Es como cuando tú tienes un equipo y necesitas que alguien se integre para que no estés tan sola también. 

[Rula Ávila Muñoz]: Juana también empezó a vestir a Laura de niña. La maquillaba, le ponía peluca, esponjas en las caderas y rellenos en el pecho. Y así se la llevaba a las cantinas de las afueras de Papantla. Allí Laura bailaba para los rancheros por unos cuantos pesos que luego traía a casa. 

[Laura Martínez]: Que mi mamá me decía ¿de dónde sacas dinero? Entonces yo le inventaba que…

[Rula Ávila Muñoz]: Que esas monedas se las había ganado limpiando zapatos, vendiendo chicles, periódicos y limones. Así estuvo durante casi un año. Hasta que una tarde, a Juana y a Laura se les hizo tarde en un rancho. Y no podían perder el último autobús de vuelta a Papantla. 

[Laura Martínez]:   Entonces corrimos. Yo ya no me dio tiempo de desvestirme, desmaquillarme, quitarme la peluca y mis esponjitas que yo traía en mi cuerpo.

[Rula Ávila Muñoz]: El autobús la dejó cerca de casa. Laura corrió y entró por la cocina, a escondidas.

[Laura Martínez]: Pero no sabía que mi mamá estaba allí esperándome, porque ya era tarde.  Y me mira y se sorprende y se pone a llorar. Y me dice, “¿qué es esto? ¿Por qué me haces esto?” Y yo le dije, “para ganar dinero, para ayudarte”.  Y me dice, “no, no, no, no, no puede ser”. 

[Rula Ávila Muñoz]: Era la primera vez que su madre la veía vestida de mujer.

[Laura Martínez]: No me quiso tocar. Yo la quise agarrar y ella me rechazó. Miraba ella en el futuro el camino que yo había tomado y que iba a sufrir, porque después entendí que cuando una persona me agredía ella es la que más sufría. Pero a mis 11, a mis 12 años yo no lo entendía.

[Rula Ávila Muñoz]: Laura tampoco entendió la decisión que su mamá tomó en ese momento: la subió en un autobús y la mandó a vivir con su tío Juan Ignacio en la Ciudad de México. 

[Laura Martínez]:  Fue el monstruo ¿no? Pero para mí fue bueno. Psicológicamente me ayudó México  porque la gente no te señalaba ni te juzgaba. 

[Rula Ávila Muñoz]: El anonimato de la ciudad la protegía. En su nueva escuela no le pegaban. No estaban sus hermanos. Pero además su tío, un amante de las artes, le abrió un mundo nuevo. 

[Laura Martínez]: Yo llegaba al palacio de Bellas Artes, que me encantaba. Yo aprendí con él a saber que era una zarzuela, qué era una ópera, una opereta. Todo ese glamour me encantaba, me gustaba. Él rentaba un palco. Imagínate. Él tenía dinero. 

[Rula Ávila Muñoz]: Juan Ignacio le daba regalos. Era el padre que Laura había perdido, ese que la cuidaba. Hasta que dejó de hacerlo. 

[Laura Martínez]: Fue en las madrugadas cuando él me violaba. Yo al principio me opuse, me quise oponer, pero él me golpeaba muy feo con un cinturón. 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura no habló de esto con nadie, ni siquiera con su mamá. El resentimiento que Laura le tenía por haberla enviado a México era profundo y la relación entre las dos estaba rota.

Encima, Laura también pensaba que si le contaba algo a su madre, ella no le iba a creer. Después de todo, Juan Ignacio era familia. Así que se aguantó hasta sus 17 años, y con algunos pesos ahorrados, escapó. 

[Laura Martínez]: Me voy a la frontera.  Quieres cambiar tu vida. Y tú siempre piensas que eso va a ser bonito. 

[Rula Ávila Muñoz]: Una pausa y volvemos. 

[Rula Ávila Muñoz]: Estamos de vuelta en Las reinas de Queens. 

Después de huir de la Ciudad de México, Laura vivió un par de años en Matamoros, una ciudad en la frontera con Texas. Allí trabajó como taquera para sobrevivir. 

Y también empezó su transición. Pero al inicio le costaba mucho trabajo mostrarse tal y como era. 

[Laura Martínez]: Era muy cohibida. Le tenía miedo a la gente. 

[Rula Ávila Muñoz]: Hablaba poco, escondía su voz. 

[Laura Martínez]: Todavía se me notaba el bigotillo. A mí me daba vergüenza salir a la calle sin maquillarme.  

[Rula Ávila Muñoz]: Pero a esa vergüenza se oponía un deseo que ella tenía desde niña: ser artista. Así que, en un club de Matamoros, empezó a dar shows de imitación, o sea a hacer playback de canciones.

[Laura Martínez]: Cuando eres una imitadora, ves al artista en la televisión. Yo me aprendía el movimiento de manos, de boca, el movimiento de cuerpo.

[Rula Ávila Muñoz]: Laura no sólo imitaba los movimientos de las artistas. También empezó a hacerse un cuerpo nuevo. 

[Laura Martínez]:  Y se me veía súper natural, pero no lo era. Era un cuerpo postizo. 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura se ponía forros en las caderas, las pantorrillas, los glúteos y el pecho. 

[Laura Martínez]: Era material para forrar muebles o cojines.

[Rula Ávila Muñoz]: Y encima de eso llevaba cinco pares de medias. A ese cuerpo postizo le decía “el muñeco”. 

[Laura Martínez]: Y yo anhelaba tener un cuerpo ya natural, eso era tu sueño, era tu meta, era ilusiones que tú te hacías en la cabeza. 

[Rula Ávila Muñoz]: Pero también anhelaba salir del mundo artístico de Matamoros porque le quedaba chiquito. Hasta que una colega le habló sobre el lugar ideal para crecer en serio:

[Laura Martínez]:  Entonces me dice, “vente, y aquí hay más lugares donde trabajar donde puedes hacerte más artísticamente y desenvolverte”. Entonces me voy a Guadalajara.  En el 1989 en La Malinche, que era un club muy reconocido, debuto como la señora Manoella Torres.  

[Rula Ávila Muñoz]: Manoella Torres, una cantante estadounidense de origen boricua. Laura interpretó su canción “Ahora que soy libre”. 

[Laura Martínez]: Yo lloro cuando yo hago esa canción. Yo la siento, la vivo y hago que la gente lo sienta. Entonces verdaderamente me gano el público.

[Rula Ávila Muñoz]: La carrera de Laura empezó esa noche. La contrataron en La Malinche. Se inspiró. Y comenzó a imitar a otras artistas, como Marisela y a Dulce. Pero una noche en La Malinche, cuando apenas iniciaba el show…

[Laura Martínez]: El encargado se metió corriendo muy contento y me dijo, “oye, tú te pareces mucho a Laura León”.  

[Rula Ávila Muñoz]: Laura León, una actriz y cantante mexicana famosísima. 

[Laura Martínez]:   Su música era muy pegajosa, muy bailable, y a la gente le agradaba, le encantaba. Era la que animaba siempre los shows. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y justo por eso el manager de La Malinche le pidió a Laura que la imitara e hiciera playback de sus canciones. 

[Laura Martínez]: Y cuando yo hice a Laura León, acabé con eso. Fue un éxito total. Y allí es donde yo decido llamarme Laura. 

[Rula Ávila Muñoz]: Tan grande fue el éxito de Laura, nuestra Laura, que un club en Tijuana, en Baja California, le ofreció tener su propio espectáculo por el doble del dinero. 

[Laura Martínez]:  Y así llego a Tijuana. Comienzo con la canción de Suavecito que ya estaba de éxito. Me tocó abrir con un vestido rojo con mitenes, que nunca se me olvida, fue mi debut. Yo me acuerdo que me puse de espaldas. Entonces me volteo… Y la gente nada más hicieron, “wow.” O sea, la gente ni siquiera me dejaba cantar o hacer ni bailar, porque se levantaba la gente a hacer cola para ponerme muchos tips. Y yo, “Dios mío”. Me llenaba el vestido así que ya no me cabía de tantos tips que me daban. 

[Rula Ávila Muñoz]: La vida de Laura cambió por completo. Tenía la admiración del público, una casa grande, suficiente dinero para empezar a invertir en su terapia de transición. Y también tenía una nueva familia. En sus shows la acompañaba una pequeña compañía de bailarinas y coristas, la mayoría trans. Les decían las fenómenos. 

[Laura Martínez]: Todos vivíamos en una misma casa y cuando nos íbamos a trabajar, iban en mi carro. La camioneta iba llena. Todas igual, y nos regresamos todas a la casa. O sea, eso era un grupo, pero también era más familia, ¿no? Porque convivíamos diario.

[Rula Ávila Muñoz]: Pero además también encontró algo invaluable que llevaba mucho tiempo buscando. Después de años de apenas tener una relación con su madre, Laura la convenció para que volara a Tijuana desde Veracruz. Y fue dentro de su estado más natural, el escenario, donde Laura pudo mostrarse ante su madre en brillo pleno, en su ser real, como nunca pudo antes. 

[Laura Martínez]: Cuando yo salí al escenario, ella se levantó, me dio un abrazo. Y esto fue muy emocionante, muy emocionante, porque el público se levantó, y sentí ese calor tan bonito. Y mi mamá me dijo, “te amo, eres mi orgullo. Y yo siempre quisiera estar de ti para protegerte, porque”, me dijo, “si un día tú te sentiste rechazada, yo siempre te quise proteger y estar contigo siempre”. 

[Rula Ávila Muñoz]: La reconciliación con su madre le trajo a Laura una serenidad inmensa. Quizás por primera vez en su vida se sentía plena. Pero entre el 2000 y el 2001 Laura recibió varios golpes que la desestabilizaron. Perdió a su madre de un infarto. Cayó en una depresión. Empezó a descuidarse. Y además tres chicas de su compañía fueron acusadas de violar a un menor de edad, algo que resultó ser falso. Pero el daño ya estaba hecho. 

[Laura Martínez]: Yo me empiezo a quedar en la calle. Yo después de tener una casa grande nos vamos a una casita modesta, fea, y nos vamos a amontonar todo mundo. Y yo no quería dejar el show. 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura tenía que complementar sus ingresos de otra forma. El miedo y la responsabilidad con su grupo, su familia, la empujaron a buscar una solución drástica. Algo que quizás nunca se habría atrevido a hacer si su madre todavía viviera.  

[Laura Martínez]: Empiezo a ejercer la prostitución porque yo ya no tengo dinero para pagarle a mis empleados, a mis chicas, a mis bailarines. 

[Rula Ávila Muñoz]: Entre semana Laura salía a trabajar en la calle y también en un hotel, y los fines de semana daba su show. Hasta que poco tiempo después, le llegó una oferta que la podía sacar de esa situación: una de sus bailarinas le dijo que una persona llamada Argelia estaba buscando imitadoras para dar shows en Nueva York. 

[Laura Martínez]: Y entonces yo le digo, “mija, pues dile que me dé la oportunidad.  Dile que me acepten namás un par de meses, lo que pueda. Tengo que juntar dinero. Aquí nunca voy a juntar dinero”.  Y habla con ella y le pone una condición: “La quiero mañana”. Okey. Era mi cumpleaños y decido irme al otro día. Hicimos una cena de despedida celebrando mi cumpleaños y el 21 de agosto del 2003 me toca viajar a Nueva York. 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura voló con una visa de turista. Cuando llegó a Nueva York, nadie la recogió en el aeropuerto. Tomó un taxi y le mostró al chofer la dirección que le había dado Argelia. 

En el trayecto hacia Manhattan, la ciudad que veía por la ventanilla no la sorprendió. Ni las grandes carreteras ni los puentes sobre el río. Ni siquiera los rascacielo s. Nueva York era solamente un medio para un fin. El plan de Laura era actuar unos dos, tres meses, ganar muchos dólares y después regresarse a México a montar su show.  

Con esa mentalidad entró al departamento de Argelia. 

[Laura Martínez]:  Y era un lugar muy bonito, alfombrado. Muchas cosas, antigüedades. Y conozco por primera vez a Argelia. Gorda, con unas tetas enormes, grandísimas, y me hace pasar a la sala. Y lo primero que me dice: “desnúdate”. Y yo me quedo… “Sí, desnúdate”. Y me hace quitarme toda la ropa.

[Rula Ávila Muñoz]: Extraño, incómodo, sí. Pero no lo suficiente para desanimarla. Por entonces, Laura ya se sentía mucho más cómoda con su cuerpo. Así que se quitó la ropa, Argelia la miró y le dijo: 

[Laura Martínez]: “Oh, tienes un lindo cuerpo. Perfecto. Vístete”. Y dice, “te vamos a llevar. Vas a empezar a trabajar desde ahorita”. “¿Ahorita?”, le dije. “¿Qué vestuario me voy a llevar?”. “¡No! Agarra dos mudas nada más. Te vamos a llevar al  departamento 530 de la 47 Street, apartamento 4b, en el West Side”.  

[Rula Ávila Muñoz]: En el West Side, al otro lado de Manhattan. Los ayudantes de Argelia la llevaron a ese apartamento. También era elegante. Todo era rojo: los muebles, las cortinas, las alfombras. Allí había otras mujeres y chicas trans, unas 20. 

[Laura Martínez]:  Y me dijeron, “quítate la ropa porque te van a vender”. “¿Me van a vender?”. “Sí, te van a vender”. Y entonces me doy cuenta que no era show. Me sentí pequeña. Yo quería salir corriendo. Y me quedé sin habla. Pero mi mente iba preguntándose: ¿qué estoy haciendo aquí? ¿Qué está pasando? 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura se convirtió en víctima de una red de trata de personas. Le quitaron su pasaporte y su visa. Y empezaron a explotarla sexualmente de inmediato, con horarios agotadores. Siempre en el departamento. Allí, ella y sus compañeras veían a los clientes. 

Argelia sí le pagaba pero el dinero no servía de mucho. No la dejaban salir más que a la bodega mexicana que estaba junto al edificio. Pedir ayuda tampoco era una opción. Sus secuestradores la vigilaban siempre. Y además le metieron miedo: le dijeron que la policía podía meterla a la cárcel. 

[Laura Martínez]: Eso era traumante, ¿no? Porque dije, “bueno, estamos presas aquí, encerradas”. 

[Rula Ávila Muñoz]: Laura estuvo así varios meses, siempre pensando en cómo escapar. Lo primero que hizo fue sobornar con mil dólares a uno de sus secuestradores para que le consiguiera su pasaporte y su visa. Luego, ya con sus documentos, esperó. 

Laura recuerda que la oportunidad de escapar le llegó una tarde de julio de 2004, 11 meses después de llegar a Nueva York. Sus secuestradores llegaron corriendo al apartamento y les dijeron: 

[Laura Martínez]: “Agarren sus bolsitas y vámonos. Ya”.  

[Rula Ávila Muñoz]: Alguien los había denunciado con la policía. 

[Laura Martínez]: O sea, todo fue rapidísimo. Había un miedo, un temor, una angustia. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y un caos. Y Laura lo aprovechó.

[Laura Martínez]:  Lo primero que dije, mis papeles, mis cosas, mi dinero, porque yo tenía dinero. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y mientras todas las chicas bajaban corriendo y salían a la calle…  

[Laura Martínez]: “Y apúrense, y apúrense”. Yo me metí rápidamente corriendo… 

[Rula Ávila Muñoz]: Se metió en la bodega mexicana. Y allí le pidió ayuda al encargado, que también era mexicano. 

[Laura Martínez]:  Y le digo al señor, “por favor”, le dije, “yo estoy secuestrada”, le dije yo. Y él me ayuda, y me dice, “por acá”. Y me mete por un patio, por un jardín donde se tira la basura, atrás de los building. Y me mete y dice, “no hagas ruido”. 

[Rula Ávila Muñoz]: Una pausa y volvemos.

[Rula Ávila Muñoz]: Estamos de vuelta en Las Reinas de Queens. 

Laura se escondió durante horas. Por la noche el bodeguero mexicano vino y le dijo que todo estaba en calma. Los secuestradores se habían ido y tampoco había llegado la policía. Tras 11 meses de sufrimiento, Laura estaba libre. 

[Laura Martínez]: Y para ayudar a mi familia decido quedarme. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y se puso a buscar eso por lo que realmente había venido a Nueva York. 

[Laura Martínez]: ¿Dónde puedo conseguir show? Entonces el mexicano dice, “bete pa’ Queens, ahí está la comunidad mexicana”.

[Rula Ávila Muñoz]: Laura tomó el metro a Queens. Llegó a la Roosevelt Avenue. 

[Laura Martínez]:  Empecé a caminar, a mirar a ver que había de comida, que había vendimia, tiendas y que todo el mundo hablaba español, y me sentí como en mi casa.  Y allí empecé a preguntar dónde había show travesti, ¿entiendes?  Y empiezo a tocar puertas. No fue fácil. Fueron meses de pedir que me hicieran una audición.

[Rula Ávila Muñoz]: Lo hizo en el Music Box, en el Lucho’s, en el Atlantis. Fue en esos clubs donde le dieron su primera oportunidad para imitar a Laura León. Fue allí donde comenzó a ser la mentora de tantas chicas, como escuchamos al inicio de este episodio. Y también fue allí donde se cruzó por primera vez con Lorena Borjas, la madre de todas las madres. 

[Laura Martínez]: Yo la vi por primera vez ahí paradita con su bolsita que traía condones para repartir.  Me dijo, “fíjate que me encanta su show, qué admirable, se parece mucho a Laura”. Y empieza a decirme, “te necesito. Tú tienes esa voz. Tú tienes ese carisma. La gente te sigue. Yo no puedo hablar. A mí me da vergüenza. A mí me da miedo el micrófono. Quiero que me ayudes”. 

[Rula Ávila Muñoz]: Lorena le pidió a Laura que durante sus shows invitara al público a tomar condones y hacerse pruebas de VIH. Y ella aceptó. 

[Laura Martínez]: Nuestras primeras pruebas de VIH en un club fueron en Atlantis en mi camerino, con puras cortinas negras. Primero hicimos uno, un modulito, que fueron dos y después tres. 

[Rula Ávila Muñoz]: Allí, inmersa en la vida nocturna de Queens, entre el arte y la solidaridad, Laura notó por fin lo evidente: había encontrado a su familia. 

Más de veinte años después de haber llegado a Nueva York, Laura ha moldeado hoy una familia según su propia experiencia. Y ha recibido a tantas hijas en su hogar que con los años las ha visto hacer su propia vida. 

Y todas llevan con orgullo el apellido Martinez. 

[Romina Martínez]: Romina Martínez, 27 años. 

[Quintanil Martínez]: Quintanil Martínez, 21 años.

[Carolina Martinez]: Carolina Martinez, 24 años.

[Cari Martinez]: Cari Martinez, 31 años. 

[Rula Ávila Muñoz]: Todas también han vivido de primera mano uno de los shows de Laura. Y bueno, para que lo entiendan un poco mejor, una noche de 2024, Diego, nuestro productor y reportero, acompañó a Laura a uno de sus shows. Laura lo recogió en su camioneta Toyota.

En el coche había algunos de los materiales con los que Laura hace su magia: un espejo enorme, un solitario zapato rosado, una corona de plástico en el asiento trasero y un par de medias veladas, ya usadas. 

[Diego Senior]: Laura querida, ¿dónde vas a performar esta noche, donde es tu show esta noche? 

[Laura Martínez]: Esta noche voy para El Trio Bar. Ahí estoy trabajando los lunes. Estoy celebrando 20 años de mis Lunes Picantes. Y los shows son a las dos de la mañana en Queens. Los lugares cierran a las cuatro de la mañana. Se puso ese horario porque anteriormente estaban poniendo a la una de la mañana. ¿Pero qué pasa? Los lugares en Manhattan cierran a las 12 de la noche, entonces mucha gente de la comunidad LGBTQ trabaja de meseros, de bartender en Manhattan, en los restaurantes. Entonces, esa gente trabajadora viene a Queens, a los clubs, a divertirse. 

[Rula Ávila Muñoz]: Suelen ser migrantes que ofrecen arrugados billetes de dólar, probablemente las propinas que ganaron en el día.

[Laura Martínez]: Por eso mucha gente piensa que es tarde, pero apenas llegan la gente que viene de Manhattan, que sale de trabajar y son los que, eh…

[Diego Senior]: Te está llamando, Brenda. Brenda is calling, contéstale

[Laura Martínez]: ¡Hola! 

[Brenda]: Hola, hermana preciosa. Perdón la pregunta y la molestia. ¿La Patrona es el viernes y My Second House es el sábado o los dos son el mismo día?

[Laura Martínez]: No, no, no, no, no. El viernes, ahí te dije que es en La Patrona es el viernes y el sábado es…

[Rula Ávila Muñoz]: Brenda es una amiga de Laura, se conocen desde hace unos veinte años. Ella también tiene sus shows y es una de las pocas que no hace playback, o sea realmente canta. Diego aprovechó para pedirle una muestra de su talento. Le preguntó a Brenda si conocía la canción “Hacer el amor con otro”, de Alejandra Guzmán. 

[Brenda]: “Amanecer con él a mi costado no es igual que estar contigo…”

[Diego Senior]: ¡Oh, bravo!

[Brenda]: “No es que esté mal, ni hablar. Pero le falta madurar, es casi un niño…” 

[Diego Senior]: Wow. ¡Bravo! ¡Igualitica!

[Laura Martínez en El Trío]: Nos vamos a poner bien contentas y contentos, ¿verdad?. Así que bienvenidos, disfruten de su noche, pásenla bonito. ¡A divertirse! 

[Rula Ávila Muñoz]: El Trío está en un segundo piso de un restaurante mexicano al lado de un olvidado taller de coches, cerca de la Roosevelt Avenue, en Queens. El bar es oscuro, con olores húmedos, una barra pegajosa de tanto tequila y cerveza derramados, tiene espejos y luces, con sillas precarias y cojines rotos. 

Laura ya se sabe de memoria cómo ejecutar cada uno de sus shows, desde imitar a Laura León hasta ser la host, la que da la bienvenida al público y lo entretiene entre números de otras animadoras. Es que Laura es eso: una anfitriona. Con un toque picante.

[Laura Martínez]: Yo meto la picardía mexicana, doble sentido… Hay que tener la gracia para que la persona no se ofenda. Entonces, decirle gorda a una gorda, pero que no se haga sentir mal, como decirle, “ay, mija, ¿a quién te comiste?” O sea. Y la gente se ríe. Entonces cositas así. O a un flaquito por ahí le digo, “y tú mijo, no has comido, ¿verdad? Te van a comer. Ven, yo te voy a alimentar. Ven, que yo tengo a mis niñas”.

[Laura Martínez en El Trío]: ¿Hey, primo, está buena o no está buena la prima? Está rica, está sabrosa. Ya chingue su madre. Pariente ni se siente. 

[Rula Ávila Muñoz]: Esa noche la celebración fue impecable. Pero como dijimos al iniciar este episodio, la de Laura no es la única familia entre las Reinas de Queens. Una noche, tiempo después, Diego estuvo en otra fiesta.

[Diego Senior]: Qué pena, ¿quién es ella? 

[Hija Rosemberg]: Kylie Rosemberg. 

[Diego Senior]: ¿Y ella es…? 

[Rula Ávila Muñoz]: Una fiesta donde otras hijas apoyan a otras madres.

[Hija Rosemberg]: Hace activismo con nosotras en el Colectivo. Ella nos acompaña en las actividades y todo. Es muy famosa en él ámbito de los famosos, en los show, en los bares y todo eso. Y pues es la matriarca de un grupo, una familia. Tú sabes que dentro de la comunidad nosotras hacemos lo que se llama familias escogidas. Porque nuestras…

[Diego Senior]: Como la casa…

[Hija Rosemberg]: Porque nuestras familias a veces nos rechazan entonces buscamos nuestro propio grupo. Y pues ella es la mamá de… Bueno, vendría siendo mi mamá del ambiente y la mamá de Zuleyka Rosemberg. 

[Diego Senior]: De su casa, Rosemberg.

[Hija Rosemberg]: Sí, o sea ella nos ha apoyado. En un momento yo tuve una necesidad y ella me tendió la mano y me ayudó…  

[Rula Ávila Muñoz]: Y es que la Casa Rosemberg y la Casa Martinez hacen parte de una larga lista de apellidos y familias: St. Cartier, Duval, Lafontaine, Chacalosas… Cada apellido, cada familia, es un reino, con sus propias leyes y tradiciones. Y sus batallas. 

[Laura Martínez]: Eso ha sido siempre, y es y será siempre, la competencia. Yo te puedo decir: Kylie Rosmberg y yo hoy decimos que somos hermanas. Pero si nuestros hijos van a competir, ahí nos olvidamos de ser amigas o hermanas. Que gane la mejor. Si yo te estoy hablando de una St. Cartier o si yo te estoy hablando de una Martinez Cabrera, o con Smith o con otras familias, si tu no vas con la mentalidad de ganar no vas a hacer nada bien. 

[Rula Ávila Muñoz]: Porque en este mundo dividido entre los shows y la calle, destacar es un deseo incontenible. Y cada paso, siempre para adelante, es una reafirmación del derecho a existir frente al rechazo.

Vamos entrando a un universo feroz y brillante. Allí habitan las Reinas de Queens. 

Las Reinas de Queens es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios, y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio. 

Esta serie fue producida por Diego Senior y Pablo Argüelles con producción adicional y reportería de Nikol Pizarro, Joana Toro y Andrés Sanin.

Los editores fuimos Daniel Alarcón, Silvia Viñas y yo. 

La verificación de datos es de Bruno Scelza y Nikol Pizarro.  

María Linares hizo el diseño y la mezcla de sonido, así como la música original. 

La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. 

El desarrollo de producto de Las Reinas de Queens estuvo a cargo de Natalia Ramírez. La producción digital la hicieron Ana María Betancourt y Óscar Luna. 

La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.

Las Reinas de Queens es una idea original de Diego Senior, Joana Toro y Andrés Sanin.

Los productores ejecutivos son Diego Senior; y desde Radio Ambulante Studios, Carolina Guerrero, nuestra CEO. 

En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gomez. 

Parte del financiamiento de este proyecto fue proporcionado por el Greater Good Science Center de la Universidad de California en Berkeley, como parte de su iniciativa “Difundiendo el amor a través de los medios”, con el apoyo de la John Templeton Foundation. 

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Soy Rula Ávila Muñoz. Gracias por escuchar.

Este podcast es propiedad de Radio Ambulante Studios. Cualquier copia, distribución o adaptación está expresamente prohibida sin previa autorización.

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