[Rula Ávila Muñoz]: Hola, un aviso antes de empezar: en esta serie hay contenido sensible que incluye violencia, drogas y lenguaje sexual. Les recomendamos discreción.
La Roosevelt Avenue. La arteria del barrio de Jackson Heights, en Queens. Es una avenida casi recta y larga, de edificios bajos, no más de dos plantas.
Sobre ella se extienden las vías elevadas del metro. Con su traqueteo y su rugido de acero, los trenes de la línea 7 marcan el pulso de la vida que pasa abajo, en la calle.
La Roosevelt es un inventario de la vida inmigrante de Queens. Caminarla es como perderse en Quito, Caracas, la Ciudad de México, Tegucigalpa y Bogotá, todo al mismo tiempo.
Están las tiendas de ropa, “buena, bonita y barata”; las peluquerías y las zapaterías; están las oficinas de abogados: los de inmigracion, los de accidentes laborales y los de impuestos; y están los bancos para envíos internacionales de dinero, y las casas de empeño. Están los vendedores ambulantes: los de marihuana, los de arepas de choclo, los de encebollados y de birria.
Y están los rastros más frágiles de la vida migrante: los pequeños anuncios de papel, pegados con cinta adhesiva a los postes de luz y que el viento agita: “señora comparte cuarto”, “rento cuartos, niños OK”, “señora busca dama responsable para compartir renta de cuarto”.
Pero cuando anochece, la Roosevelt cambia. Los negocios cierran. Las familias regresan a casa. Las luces de los restaurantes se atenúan, se transforman en bares y discotecas. Los pulsos de la música compiten con los del tren.
Y la gente que pasó el día en casa, descansando, sale.
[Ale]: Pues yo me arreglé bonita, ¿no? Íbamos a ir a bailar, a divertirnos.
[Rula Ávila Muñoz]: Ella es Ale, una mujer trans mexicana. Una noche de mayo en el 2023 salió de fiesta a la Roosevelt con su amiga Jacqui.
[Jacqui]: “Ponte guapa”, le digo, “porque es sábado y vamos a salir a que te conozcan a mis amigas”.
[Rula Ávila Muñoz]: Ale era recién llegada a Nueva York y esa noche quería celebrar.
[Ale]: Nos metimos una disco, ahí estuvimos bailando. Y ahí estuvimos tomando un rato.
[Rula Ávila Muñoz]: Pasaron la noche en el True Colors, uno de los bares más famosos de la Roosevelt. Les dieron las 4 o las 5 de la madrugada. Salieron y ya comenzaba a amanecer, cuando en la esquina del bar, un hombre se les acercó. Y se fue directo a Ale.
[Jacqui]: La empieza a jalar y ya se la lleva y me dice “bebé”, dice, “el hombre quiere estar conmigo.” Le dije, “pues loba”.
[Ale]: Pues más que nada yo no estaba trabajando. Yo estaba cotorreando. O sea, yo estaba más bien en mi diversión porque realmente no iba con ese plan de trabajar.
[Rula Ávila Muñoz]: Ale y Jacqui son trabajadoras sexuales. Les cambiamos sus nombres para proteger sus identidades. Y aunque esa noche Ale no tenía ganas, ¿qué más daba estar rápido con un cliente que le estaba ofreciendo plata?
[Ale]: Se me hizo fácil aceptarla. Y ya pues terminamos ahí, ¿no? en un rincón.
[Rula Ávila Muñoz]: Se apartaron unos metros a un callejón. Y el hombre empezó a tocar a Ale. Y cuando se dio cuenta de que Ale tenía pene…
[Ale]: Se molestó. Me imagino que eso fue lo que pasó, porque de ahí empezó a insultarme, a decirme cosas, groserías.
[Rula Ávila Muñoz]: El hombre le pidió su dinero de vuelta: “My money, my money.” Es lo poco que ella entendía.
[Ale]: Me asusté. Iba a sacar lo que él me había ofrecido.
[Rula Ávila Muñoz]: Pero el hombre le jaló la bolsa. Ale corrió de vuelta a Jacqui.
[Jacqui]: Se sale corriendo. “Bebé, el hombre me quitó la bolsa”. Le dije: “no, jálasela”, le dije, “y vente para acá”.
[Rula Ávila Muñoz]: El jaloneo continuó.
[Jacqui]: Pero ya cuando yo vi al tipo que le andaba jaloneando la bolsa, vi que sacó la pistola, y le grito a la chamaca, le dije: “el hombre trae pistola”, le dije, “el hombre nos va a matar”.
[Ale]: Y en eso yo hice el intento de jalar mi bolsa y fue cuando me disparó.
[Rula Ávila Muñoz]: El disparo fue a la entrepierna de Ale. Luego el hombre disparó de nuevo. Apuntó al estómago de Ale pero falló. Esa segunda bala casi le da a Jacqui y a otra persona que estaba cerca.
[Jacqui]: El segundo tiro me pasó por aquí, por la oreja, porque lo escuché y me voló el pelo, pun.
[Rula Ávila Muñoz]: Mientras, Ale ya estaba en el suelo, sangrando.
[Ale]: Yo solamente vi como era como un sueño, o sea todo se me puso rojo. Realmente ya yo veía así como que todo borroso, ¿no?
[Rula Ávila Muñoz]: Tirada en la banqueta de la Roosevelt, los sueños de Ale comenzaban a esfumarse. Todo por buscar refugio en Nueva York.
Desde Central Series y Radio Ambulante Studios, esto es Las Reinas de Queens. Soy Rula Ávila Muñoz.
Episodio 6. Tres reinas, dos disparos.
Entonces, esta es la historia de dos balazos que entrelazaron las vidas de tres mujeres: Jacqui, Jessica y Ale.
Comencemos con Jacqui.
[Jacqui]: Soy mexicana, 100% guerrerense, de Acapulco, por cierto, costeña. Quiero ser la primer barbera transexual en todo el mundo, conocida a nivel mundial. Si es posible traspasar planetas, ese es mi sueño.
[Rula Ávila Muñoz]: Jacqui era exitosa en Acapulco. Tenía su barbería, también una frutería. Pero en el 2021 se fue a Tijuana, la frontera, para cruzar a Estados Unidos y pedir asilo.
[Jacqui]: Huía principalmente de las agresiones de los grupos delictivos que se dedican a cobrar cuotas. Narcotraficantes que por verte si tú le cortas el cabello a otro narco que sean rivales, por el simple hecho te buscan para matarte.
[Rula Ávila Muñoz]: Jacqui tenía miedo. Y justo por eso no podía esperar meses en la frontera mientras se procesaba su petición de asilo, como pasa con la mayoría de los solicitantes. Necesitaba cruzar ya. En Tijuana fue a un albergue para personas LGBTQ+ y allí le dijeron que si tenía tanta prisa, la forma más rápida para cruzar era corriendo, por donde pasan los coches. Y que el mejor momento era los domingos a medianoche, durante el cambio de turno de la guardia fronteriza.
Y así llegó el domingo. Jacqui se maquilló, se puso unos jeans y una camiseta. Y al dar la medianoche se acercó caminando a la línea. Fingió que se había bajado de un coche para comprar un burrito de último minuto antes de pasar a Estados Unidos. Así se lo dijo a uno de los guardias:
[Jacqui]: ”No, tengo mucho hambre, papi”. “Ay, no. Pues ahí los burritos”. “Ay, gracias, papito”. “Ay, no…” Pero yo mi corazón iba fufufufufu.
[Rula Ávila Muñoz]: Llegó al puesto de burritos. Estaba a unos veinte metros de la frontera. Y cuando vio que los guardias fronterizos se distraían…
[Jacqui]: Dos, tres. Me echo a correr. Ta, ta, ta.
[Rula Ávila Muñoz]: Se echa a correr al otro lado de la línea.
[Jacqui]: Y ya cuando vi que crucé la caseta esa ya dije, “pos voy a correr otro otro poquito”, dije, “por sí, todavía no estoy aquí”, ¿verdad? Y ya cuando crucé ya yo sola levanté mis manos.
[Rula Ávila Muñoz]: Levantó las manos y dejó caer lo único que llevaba consigo, una carpeta con todas las pruebas que necesitaba para pedir asilo en Estados Unidos: fotos de agresiones físicas en su contra, mensajes de extorsión, diagnósticos de psiquiatras. Unos segundos después de cruzar la alcanzaron los agentes fronterizos.
[Jacqui]: Ya me esposaron. Le dije, “no, pues, ahí está todo”, le dije, “yo vengo a pedir ayuda”. Ya no aguantaba la respiración de tanto correr. Y ya me trajeron tanque de oxígeno, una silla de ruedas…
[Rula Ávila Muñoz]: Se puso en marcha el protocolo para que Jacqui pidiera asilo. Le quitaron muestras de uñas, cabello y saliva. Le sacaron fotos y tomaron sus huellas digitales. Y le pidieron una dirección en Estados Unidos, un requisito para pedir asilo. Jacqui dio los datos de una amiga suya que vivía en el Bronx.
En ese momento todo se sentía irreal. Es que tan solo unos años antes había estado en prisión, acusada de asaltar a un cliente mientras hacía trabajo sexual. Estuvo encerrada 8 años. Y allí, en su celda, tuvo muchas veces un sueño que ahora, volando hacia Nueva York, se cumplía:
[Jacqui]: Siempre veía Nueva York en la televisión. Y un día estaba la historia de Jenny Rivera y de Jennifer López, cómo empezaron, cómo fueron, la diva de la banda, la reina del Bronx. Yo estaba con mi novio porque yo tenía mi novio ahí. Estábamos acostados y le dije, “mira, un día yo voy a estar en Nueva York también”. Y le dije, “yo voy a ser la queen of Queens”, la reina de reinas ¿no?
[Rula Ávila Muñoz]: Cuando Jacqui llegó a Nueva York, su amiga la conectó con un abogado y con una clínica llamada Betances Health Center.
Allí le dieron atención psicológica y tratamiento contra el VIH –Jacqui es seropositiva–. Y además le encontraron sitio para dormir en un refugio para personas trans. Es que Nueva York era en verdad un refugio. Allí Jacqui estaba encontrando toda la ayuda que nunca había recibido en México. Y quizás por primera vez podía pensar en su futuro sin miedo. Tenía grandes planes. Primero quería afinar sus habilidades como barbera.
[Jacqui]: Yo me considero perrísima para la tijera, para navaja ni se diga, porque desde prisión yo empecé a hacer líneas a puro pulso con la navaja y mi mano solamente porque adentro no hay máquinas, no hay nada.
[Rula Ávila Muñoz]: Soñaba con triunfar en los concursos de barbería que se hacen en Estados Unidos. Y además quería callar bocas.
[Jacqui]: Como que matar estereotipos: una, la edad, que habemos gente madura con buena experiencia y con calidad, y con pasión. Y la otra: es una transexual, que no la vas a preparar una esquina ni una página de prostitución; la vas a ver en páginas pero de barberos, la vas a ver en páginas de sociedad.
[Rula Ávila Muñoz]: Pero todos estos sueños costaban, sobre todo en una ciudad tan cara como Nueva York. Y aunque Jacqui sí tenía acceso a muchos servicios para personas trans, no hablaba inglés. Y muy pronto descubrió que la transfobia también existía en esa ciudad.
[Jacqui]: Entonces, vas a pedir trabajo y desde que te ven, aunque diga el letrero, “solicitamos”: “ay no, ya no tenemos”. O, “llama a ese número”.
[Rula Ávila Muñoz]: Al poco tiempo de llegar al refugio trans, Jacqui apenas tenía $5 dólares para sobrevivir. Y le dijo a una amiga que había hecho allí:
[Jacqui]: Dicen que hay un lugar que se llama la Roosevelt.
[Rula Ávila Muñoz]: La Roosevelt Avenue.
[Jacqui]: Vamos a ver. Y me dijo, “pues vamos”. Y nos fuimos con esos $5 a pararnos. Y ahí empezamos. Esa noche ganamos para comer. Al otro día estuvimos yendo, y así estuvimos yendo a trabajar.
[Rula Ávila Muñoz]: A hacer trabajo sexual. Y aunque Jacqui lo hacía desde que tenía 14 años en México, volver a la calle y aguantar a todo tipo de clientes…
[Jacqui]: ¿Tu crees que te dan ganas de eso? ¿Tú crees que yo disfruto eso?
[Rula Ávila Muñoz]: Nunca es fácil.
[Jacqui]: Nosotras, nosotras, nosotras las transexuales. Principalmente me voy a me voy a dirigir a nosotras. Nosotras carecemos de cariño. Carecemos de empatía y carecemos de confianza de la gente hacia nosotras. Por eso es que nosotras lo primero que buscamos es la prostitución.
[Rula Ávila Muñoz]: Jacqui sabía que el trabajo sexual era ilegal en Nueva York. Pero no le importó.
[Jacqui]: También era legal mi hambre. Tengo que ganar dinero para saciar mi hambre.
[Rula Ávila Muñoz]: Con esa hambre, Jacqui se paró durante las siguientes semanas en la Roosevelt. Bien vestida, maquillada, con una sonrisa fingida en su rostro.
[Jacqui]: Porque ya nos cansamos de demostrar a la gente nuestra cara de de tristeza, porque ya nos cansamos de demostrar a la gente esa, esa, esa… Ese cansancio. La prostitución no es como lo pintan. La prostitución es el vivo infierno que uno vive. ¿Cuántas amigas mías no han quedado muertas en medio de una calle, en un hotel; descuartizadas, ahorcadas? ¿Cuántas no les ha pasado dentro de un carro? ¿Cuántas están en prisión? Es tu palabra contra el sistema, que también está en contra de ti. El sistema judicial, el sistema de la policía. Todo eso está en contra de una porque eres prostituta.
[Rula Ávila Muñoz]: Los meses pasaron. Y Jacqui logró estabilizar su vida en Nueva York. Es que con cada cliente, Jacqui podía ganar entre $150 y $200 dólares. Se mudó a un departamento. Luego encontró trabajo en una barbería.
Y un día le hablaron desde el refugio donde estuvo en Tijuana. Le preguntaron si podía prestar su dirección en Nueva York para otras solicitantes de asilo trans, con VIH. Y Jacqui dijo que sí. Sentía la obligación de ayudar.
Las chicas empezaron a llegar desde Tijuana. Algunas de ellas se quedaban con Jacqui. Y la empezaron a llamar “madre”.
[Jacqui]: Porque les di techo, les di comida, les di dónde dormir. Les di todo eso.
[Rula Ávila Muñoz]: Y entre ellas estaba Ale, una amiga de Jacqui. Años atrás, coincidieron como trabajadoras sexuales en la Ciudad de México.
Para celebrar su llegada a Nueva York salieron una noche a la Roosevelt. Y allí le dispararon a Ale. En medio del caos que siguió —Ale en el suelo, sangrando, los curiosos que se acercaban, los gritos— Jacqui comenzó a grabar con su celular.
[Persona]: Nada más nos tiraron balazos.
[Rula Ávila Muñoz]: En el video aparece un policía que intenta entender lo que ha pasado.
[Persona]: Fue un rozón, a ella sí le dieron…
[Rula Ávila Muñoz]: Y luego Jacqui pide una ambulancia.
[Jacqui]: Ey, ambulancia…
[Policía]: It’s on the way…
[Jacqui]: Yo me volví loca. Pues vivía en mi casa, imagínate. Me vuelvo loca y empiezo a gritarle a todas: por favor, que me ayudaran a hablarle a una ambulancia, a la policía. En lo que ya un chico me ayudó a revivirla, porque pues yo vi que Ale ya se estaba sangrando mucho.
[Policía]: Can you back up?
[Jacqui]: No, she’s my friend, she stays in my home.
[Policía]: Ok, the ambulance is right here.
[Jacqui]: Yo entré en shock, en shock, en shock. Porque venimos huyendo de allá y llegar aquí a lo mismo…
[Rula Ávila Muñoz]: En un instante revivió tantas cosas que le pasaron en México: cuando la secuestraron en Acapulco, cuando le apuntaron con una ametralladora.
[Jacqui]: Ya llegaron por ti. Tranquila bebé.
[Rula Ávila Muñoz]: La ambulancia llegó y subieron a Ale.
[Jacqui]: Ella se fue al hospital, yo me quise subir a la patrulla. No me dejaron, me corrieron. Dije, “¿a dónde se la van a llevar?” “No sé, no sé, no sé, no sé…”
[Rula Ávila Muñoz]: Entonces Jacqui hizo lo único que estaba en sus manos: comenzó a pedir ayuda en redes sociales y llamó a todas las organizaciones trans que había descubierto desde su llegada a Nueva York.
Y así, sin saber qué había pasado con Ale, se fue a su casa.
[Jacqui]: Me sentía yo culpable de todo.
[Rula Ávila Muñoz]: No dejaba de pensar: una, qué le diría a la familia de Ale.
[Jacqui]: Dos, ¿por qué me la llevé? Porque la balacearon. Tres, ¿por qué no me la pude llevar a otro lado?
[Rula Ávila Muñoz]: Intentó dormir.
[Jacqui]: Cuando desperté yo de mi trauma, eran como las ocho de la mañana, nueve de la mañana, y me llama Jessica.
[Rula Ávila Muñoz]: Y ella, Jessica, había encontrado a Ale.
Una pausa y volvemos.
[Rula Ávila Muñoz]: Estamos de vuelta en las Reinas de Queens.
Ok, dos balazos en la Roosevelt Avenue y tres mujeres trans unidas por ese momento. Ya conocimos a la primera, Jacqui. Ahora toca ella:
[Jessica Guamán]: Bueno, mi nombre es Jessica Guamán, soy de Ecuador.
[Rula Ávila Muñoz]: Jessica pertenece a una comunidad indígena ubicada al sur de Ecuador: los cañari.
[Jessica Guamán]: Que son muy católicos. Obviamente ahí nunca me iban a aceptar.
[Rula Ávila Muñoz]: Llegó a Nueva York en 1995, a los 14 años. Y al poco tiempo ya estaba yendo a los bares de la Roosevelt.
[Jessica Guamán]: Cuando yo entré a la discoteca, yo sentí, dije, “oh, son muchas personas. Son muchos chicos gay besándose entre ellos. Lesbianas. Muchas chicas trans muy bonitas”. Yo las veía, decía. “ah, yo quiero hacer igual que ella”.
[Rula Ávila Muñoz]: Fue entonces que comenzó su transición.
[Jessica Guamán]: Fue una experiencia bonita, puedo decirlo porque realmente uno dice, “oh, my god, me estoy poniendo hormonas, me están saliendo mis pezones. Está cambiando mi piel. Se siente diferente. Mi cabello me crece más rápido”. Entonces todos los cambios que uno va viendo todos los días: soy más femenina.
[Rula Ávila Muñoz]: El proceso lo hizo lentamente para evitar las críticas de su familia y también por precaución. No quería llamar mucho la atención en el trabajo. Hasta que decidió ponerse sus implantes de mama. Era alrededor del año 2002. Jessica era mesera en un restaurante en Central Park. Sabía que era buena en su trabajo, así que cuando llegó la hora de ponerse los implantes no pensó que le pondrían algún pero.
[Jessica Guamán]: Yo pensé que me iban a que me iban a aceptar, ¿verdad? Porque no me quitaba nada, o no me estorbaban los senos, o tampoco yo pienso que cambiaba que yo trabajara como una mujer trans ahí, ¿verdad? Porque al igual iba a trabajar, porque siempre lo he hecho, ¿verdad?
[Rula Ávila Muñoz]: Y sí, el dueño del lugar le dijo que era una buena mesera…
[Jessica Guamán]: Pero que yo no podía trabajar así. Obviamente, era transfóbico. Entonces, bueno, me dijo que yo estaba despedida. Entonces, obviamente, como no sabía mis derechos, nada de eso, pues obviamente yo dije, “está bien”. Seis meses no trabajé. Ya tenía mis implantes de senos. Entonces una amiga me dice, “¿sabes qué? Vamos a buscar trabajo”. Apliqué a muchos lugares, como tenía experiencia trabajando en la cocina y todo eso. Entonces, nunca me dieron, obviamente, porque ya era una mujer trans. Nadie quería aceptarme. Siempre supuestamente me iban a llamar y nunca me llamaron.
[Rula Ávila Muñoz]: Y esa discriminación y la falta de plata la empujaron al trabajo sexual.
[Jessica Guamán]: Era inexperta. A veces, por ejemplo, no sabía cómo tenía que hacer el trabajo. Y pues al final del día sentirte como sucia, o sentirte como que si tuviste que hacer cosas que no te gustaban hacer obligadamente o por necesidad, pues sí, realmente es difícil.
[Rula Ávila Muñoz]: Empezó a caminar por la Roosevelt Avenue, como otras trabajadoras sexuales trans latinas. Jessica recuerda que por entonces, alrededor del 2007, conocía a unas 20 o 30.
[Jessica Guamán]: Habíamos muy pocas ecuatorianas. Realmente éramos como cuatro. La mayor parte de la población trans eran de México, de Honduras y de El Salvador.
[Rula Ávila Muñoz]: Muchas de ellas también habían chocado con la transfobia al llegar a la ciudad, y eso las había orillado a las calles de Jackson Heights. Pero esas calles ya estaban ocupadas por mujeres que habían llegado mucho antes: las puertorriqueñas.
[Jessica Guamán]: Muchas de las puertorriqueñas siempre nos decían que nosotras no teníamos documentos. O sea, antes, por ejemplo, ellas eran las que nos trataban mal.
[Rula Ávila Muñoz]: Se burlaban de sus aspectos. Jessica dice que ellas sí tenían papeles. Puerto Rico es una colonia de Estados Unidos, así que llamaban a migración para que deportaran a las recién llegadas.
[Jessica Guamán]: Nosotros éramos las indocumentadas. Nosotros éramos las que no teníamos que estar ahí. Entonces siempre había un ataque. Siempre había peleas entre nosotras.
[Rula Ávila Muñoz]: Pero estas luchas territoriales no eran nada comparadas con el acoso de la policía.
[Jessica Guamán]: La policía nunca nos dejaba en paz. Siempre ellos, al momento que tú eras arrestada, ellos ya sabían tu nombre legal. Siempre ellos nos prendían con linternas, con reflectores. “¿Sabes qué? Alberto, Luis Juan, vete a la casa”. O nos ridiculizaban en la calle.
[Rula Ávila Muñoz]: Es que la historia entre la comunidad de trabajadoras sexuales trans latinas y el NYPD, el departamento de policía de Nueva York, está llena de episodios de abusos. Desde llamar a las mujeres por sus deadnames —o sea, sus nombres de nacimiento—, hasta detenerlas, golpearlas y abusar sexualmente de ellas.
En un ambiente tan hostil, Jessica y sus compañeras se cuidaban de distintas formas. Primero, ninguna iba a hacerle competencia desleal a las demás.
[Jessica Guamán]: Teníamos una regla de todas tener la misma tarifa. Entonces, por ejemplo, nadie podía cobrar menos.
[Rula Ávila Muñoz]: Y respecto a la policía, bueno, la primera regla era caminar. Por entonces existía una ley en Nueva York dirigida específicamente a las trabajadoras sexuales que les impedía quedarse paradas.
[Jessica Guamán]: Porque si nos quedábamos paradas en una esquina, obviamente sabíamos que nos iban a molestar. Entonces, siempre yo creo que todas, todas sabíamos que teníamos que estar recorriendo.
[Rula Ávila Muñoz]: Recorriendo la calle con los ojos bien abiertos por si veían alguna patrulla. Y para comunicarse entre ellas…
[Jessica Guamán]: [Silbido]
[Rula Ávila Muñoz]: Solían chiflarse.
[Jessica Guamán]: Por ejemplo, ya sabíamos que si chiflaban tres veces era que había un problema. Y si había solamente uno, teníamos que irnos. Entonces, obviamente todas replicaban lo mismo, ¿verdad? Entonces ya todas íbamos. Entonces, “no, está la policía. Vámonos”.
[Rula Ávila Muñoz]: Cuando se les acercaba un cliente tampoco podían bajar la guardia porque siempre podía tratarse de un policía encubierto. Así que miraban bien a la persona: su ropa, su mirada, sus palabras. Y una de las primeras cosas que hacían era intentar tocar a esos clientes. Por la simple razón de que un policía no podía dejarse tocar mientras estuviera en servicio.
Otra regla: si las arrestaban, lo mejor era no resistirse, porque en una corte eso podía usarse en su contra.
Jessica trabajó así durante casi cinco años. Al inicio en la calle, y con el paso del tiempo desde casa. Se anunciaba en periódicos y en sitios de internet: “sexy chica trans, nueva en el barrio”. Era más cómodo y seguro que salir a la calle.
Y así, una noche del 2010 un cliente la llamó. Quería verla.
[Jessica Guamán]: Entonces, yo ya estaba esperando. Pasó, entró. No se dejó tocar. Y después en la radio dijo, “es en el tercer piso”. Al momento yo pensé que era un ladrón, ¿no? Entonces, bueno, ya cuando entraron siete policías dije, “¡ay!”.
[Rula Ávila Muñoz]: Todo pasó en segundos. Uno de ellos la tiró al suelo.
[Jessica Guamán]: Me pisó contra el piso en la cabeza cuatro veces. Entonces, obviamente, mi labio estaba reventado.
[Rula Ávila Muñoz]: La esposaron de pies y manos y se la llevaron a la cárcel, a la sección de hombres.
[Jessica Guamán]: Pues, imagínense. Yo tenía mis implantes, mi cabello largo. Y una fila de camas, en un cuarto grande…
[Rula Ávila Muñoz]: Estuvo cuatro días incomunicada, pensando que en cualquier momento la iban a deportar. Mientras, su familia no la encontraba. La buscaban con su nombre, Jessica, pero en la cárcel la tenían registrada con su deadname. Hasta que la encontraron. Y su pareja consiguió pagar su fianza, unos $700 dólares.
[Jessica Guamán]: Entonces ya después empezó el juicio. Entonces, con unas acusaciones terribles en contra mía. Obviamente que yo los había agredido, que yo les había roto el teléfono, que yo me había resistido al arresto.
[Rula Ávila Muñoz]: Algo que, recordemos, Jessica y las chicas sabían que no debían hacer. El juicio duró seis meses. Con la ayuda de una organización llamada Make The Road, que da apoyo legal a migrantes, Jessica logró que la absolvieran de casi todos los cargos, incluyendo el de prostitución. Sólo la sentenciaron por “alteración del orden público”, y tuvo que hacer 72 horas de trabajo comunitario.
Pero ella, a su vez, decidió demandar a la ciudad de Nueva York y a los policías que la arrestaron.
[Jessica Guamán]: Yo los demandé por la violencia que yo recibí. Entonces después empezaron a mediar, que si yo quería dinero. Le dije que no, “yo no quiero dinero”, le dije, “porque nada, nada compensa”, digo, “el sufrimiento que yo viví”.
[Rula Ávila Muñoz]: Hubo un segundo juicio. En la corte estaban Jessica y todos los policías que la detuvieron aquella noche, incluyendo el que la tiró al piso y la golpeó. El juez comenzó a revisar los argumentos del NYPD de que Jessica los había agredido.
[Jessica Guamán]: “Ok, te agredió. ¿Te lastimaron? Tráeme el record médico. ¿Dónde está?” “Ay. Es que no fui al hospital”. “Ok. Retírate de la sala”.
[Rula Ávila Muñoz]: Uno a uno los fue cuestionando. Era claro que no había evidencia contra Jessica.
[Jessica Guamán]: Y ya, así quede absuelta de todo.
[Rula Ávila Muñoz]: Pero tras pasar por dos largos juicios, Jessica estaba agotada.
[Jessica Guamán]: Ahí es cuando cambia mi vida, cuando empiezo yo a ver la realidad, lo que vivimos nosotras, las mujeres trans; lo difícil que era para todas las trabajadoras sexuales vivir la persecución de la policía.
[Rula Ávila Muñoz]: Jessica dejó el trabajo sexual y volcó su vida hacia la comunidad. Alrededor del 2009 comenzó a trabajar como voluntaria para Make The Road, la organización que la apoyó durante los juicios. Luego, en el 2012 empezó a trabajar en Betances Health Center, el centro de salud que apoya a personas trans con VIH. Y en el 2018 Jessica fundó Hope TGNC Latinx, una organización que ayuda a personas trans latinas recién llegadas a Nueva York.
[Jessica Guamán]: Hemos traído… Hemos ayudado a muchas hermanas que han estado en Texas, en Arizona, en situación de calle.
[Rula Ávila Muñoz]: Y las ha conectado con diversos servicios y apoyado para que cambien sus nombres legales y continúen sus procesos de transición.
Todo esto ha llevado a que muchas de esas personas la llamen madre y que a su alrededor se haya formado una familia. Jessica tiene un chat en Whatsapp con más de 350 personas trans en Nueva York. Y fue en ese chat donde una madrugada de 2023 comenzó a circular una noticia: habían baleado a una chica trans en la Roosevelt. Ale.
[Jessica Guamán]: Fue muy difícil, porque muchas chicas vieron, todas me llamaban: ”¿qué pasó Jessica?”
[Rula Ávila Muñoz]: Las especulaciones sobre por qué le dispararon a Ale corrían.
[Jessica Guamán]: Que si por peleonera, o porque qué estaría haciendo.
[Rula Ávila Muñoz]: Jessica empezó a llamar a los hospitales que están cerca de la Roosevelt. Pero no tenía el nombre legal de Ale. Decidió que lo mejor sería ir a cada uno y preguntar si allí estaba una chica trans con heridas de bala. Primero fue al hospital Elmhurst, el más cercano a su casa y a un par de cuadras de donde fue el ataque a Ale. Entró a la sala de emergencias y dijo que era trabajadora del Betances Health Center.
[Jessica Guamán]: Dije, “yo soy de Betances, hay una paciente nuestra que fue balaceada esta madrugada y necesito información”. Entonces ellos empezaron a checar y dijo que sí había una persona balaceada, me dijo, “¿cual era su nombre?”. Yo no sabía cuál era su nombre ni su apellido. Después cuando me hicieron pasar pues ya vi que era una chica trans.
[Rula Ávila Muñoz]: Era Ale. Estaba recostada, consciente, con mucho dolor en su rostro. Pero al ver a Jessica sonrió.
Después de la pausa, su historia.
[Rula Ávila Muñoz]: Hola de nuevo. Creo que ya es momento de conocer bien a Ale. Nos contó su historia a fragmentos dispersos, durante unas cuantas entrevistas a lo largo de varios meses.
[Ale]: Yo soy una chica que viene de Guerrero. Ya de Tijuana pues me ayudaron para cruzar hacia acá…
[Rula Ávila Muñoz]: La primera vez que la conocimos fue en el Betances Health Center, la clínica comunitaria donde trabaja Jessica. Ella la ayudó a conseguir un seguro médico para pagar los gastos de la sala de urgencias. Y en Betances recibió todo el apoyo médico y psicológico en los días posteriores al ataque.
Habían pasado unas cuantas semanas. Ale se veía débil todavía. Nos dijo casi de inmediato que ya en México había sido trabajadora sexual.
[Ale]: Porque no nos dan otro tipo de trabajos, no nos dejan ser libres.
[Rula Ávila Muñoz]: Pero desde el inicio dejó claras dos cosas. Primero:
[Ale]: La verdad, realmente la prostitución, para mí, es algo que no es vergonzoso, sino sin embargo me llena de… Somos mujeres fuertes, que porque o sea no cualquiera enfrenta a ese mundo.
[Rula Ávila Muñoz]: Y segundo:
[Ale]: Me gusta mucho la pintura. He pintado desde pequeña.
[Rula Ávila Muñoz]: Ale llegó a Estados Unidos pidiendo asilo. Primero fue a Atlanta, en el estado de Georgia, porque allí vivía una sobrina suya, también trans.
[Ale]: Pero ahí realmente en Atlanta no hay oportunidades para nosotras. Todas las chicas que yo conocí ahí me dijeron que ahí son muy transfobicas las leyes.
[Rula Ávila Muñoz]: Por si fuera poco, a los cinco meses de que Ale llegó a Atlanta, una noticia sacudió a la comunidad trans de la ciudad: dos trabajadoras sexuales habían sido asesinadas. Por entonces, un abogado le dijo que era mejor pedir asilo en Nueva York, una ciudad santuario. Y así lo hizo.
Llegó a Nueva York, se quedó con Jacqui… Y a los pocos días sufrió el ataque en la Roosevelt Avenue. Fue la peor de las bienvenidas.
Pero incluso así, la primera vez que la vimos no parecía querer irse.
[Ale]: La verdad es maravilloso. No sé, estar aquí. Es como otra vida, otro mundo. Y pues con todo esto que me han dado, el apoyo que me han dado, la verdad sí, me he sentido muy querida.
[Rula Ávila Muñoz]: Vimos a Ale por segunda vez un mes después del ataque. Nos habló más sobre su vida en Guerrero. Es de una familia indígena. Tenía 10 hermanos. Y aunque eran pobres, Ale recuerda que era feliz.
[Ale]: Yo pintaba en la tierra porque pues en ese momento no había para una libreta ni nada de eso.
[Rula Ávila Muñoz]: Pintaba el mar, barcos, pájaros… A veces, su madre le pegaba y le decía que se comportara como un hombre. Pero Ale nunca escondió quién era.
[Ale]: Nunca me oculté en un caparazón. Para esa parte yo siempre fui valiente, porque a pesar de que me golpeaban y todo eso, me valía, yo seguía siendo yo. Hasta que un día ya no aguanté.
[Rula Ávila Muñoz]: Huyó de su pueblo a los 13 años. Llegó a Chilpancingo, la capital de Guerrero, donde limpió baños en una cantina, y luego se fue a la Ciudad de México. Allí conoció a Jacqui, haciendo trabajo sexual. A veces volvía a su pueblo pero nunca aguantaba mucho allí. Y esa vida errante la trajo hasta Nueva York.
[Ale]: Es mucha transición, la verdad. Ahorita es muy difícil, pasar de un lugar a otro y no tener ahorita como que estar… Estoy como desubicada ahorita, no sé. Pues ojalá, no sé, como que ya pegue mi vida en un lugar ¿no? O sea, ya se peguen mis zapatos y ya deje de ir caminando, porque realmente yo también ya estoy cansada.
[Rula Ávila Muñoz]: La tercera vez que la vimos fue a los tres meses del ataque. A veces, la invadía el miedo de que el hombre que la atacó la encontrara de nuevo y la matara. Con la ayuda de Jessica estaba recibiendo tratamiento psicológico.
[Ale]: Realmente sí que lo necesito bastante porque sí he estado como que un poquito malita de mi cabeza. No sé. He estado un poquito triste. A veces lloro. A veces tengo ganas de gritar. Y realmente sí, a veces ahorita… O sea, me daba miedo como que salir mucho a la calle, hasta en el día, no sé, como que me quiero enclaustrar aquí, encerrada. Realmente sí he pensado de regresarme ya a mi país, ¿no? También. Y a la vez, no. Pero así estoy ahorita, como en un dilema. Ya lo que tenga que pasar va a pasar. Digo, ya pues realmente ya no me preocupa tanto, de que si me voy, me quedo. No sé. Realmente ya no me interesa.
[Rula Ávila Muñoz]: Pero, a pesar de todo, sabía que en Nueva York había encontrado una comunidad que le había dado apoyo legal, médico, psicológico…
[Ale]: Pues en mi país no hay esa clase de ayuda. O sea, y todo eso. Y aquí, pues, hay varios grupos donde uno se puede ir a reunir, a platicar sus cosas, que te puedes tú encontrar como hasta hermandad.
[Rula Ávila Muñoz]: Nuestra última entrevista fue cinco meses después del ataque.
[Ale]: Ya está llegando el invierno, hay mucho frío. Hay que sacar los mejores abrigos, sino comprarlos, porque ya ves que…
[Rula Ávila Muñoz]: Ale se había mudado al Bronx y sonaba mucho mejor. Se soltó más con nosotros. Había retomado el trabajo sexual en la calle.
[Ale]: Durante el día tengo que descansar. Tengo que descansar mucho antes de salir, prepararme mentalmente, pero ser fuerte también; quitarme como que muchas cosas de la cabeza. A veces me hecho pues un tequilita ¿no? Para agarrar valor y salirme, ¿no? A darle.
[Rula Ávila Muñoz]: Pero, además del trabajo en la calle, Ale también estaba retomando su verdadera pasión: la pintura. Nos dijo que Jessica la invitó a hacer un cuadro para una exposición colectiva, en conmemoración de la comunidad trans que ha muerto por complicaciones del VIH.
Nos mostró el cuadro. Era pequeño. En una playa llena de palmeras aparecía una figura, sin boca. Nos dijo que representaba su vida antes, en Acapulco. Y a su hermano, quien murió por VIH.
Al final de la entrevista le preguntamos cómo imaginaba entonces su futuro. Y le dijo a Diego, nuestro reportero:
[Ale]: Pues, te voy a decir con muchos hijos. Con muchos hijos, casada con un leñador. Pero no, no. A ver, ya, otra vez… Bueno, mi futuro yo lo imagino… Pues ser una gran artista, tener muchas exhibiciones de pintura, tener un trabajo aparte. Si se puede, estar en una relación amorosa. Tener un hogar fijo, no andar caminando para ahí y para acá. Y tener salud más que nada también.
[Diego]: Querida Jessica, estamos aquí con la música de fondo hoy en un día muy importante. ¿Qué día es hoy que estamos haciendo hoy? ¿Qué está pasando?
[Jessica]: Bueno, hoy, 1 de diciembre, es día internacional contra la lucha del VIH/SIDA y aparte también…
[Rula Ávila Muñoz]: En diciembre de 2023, Diego estuvo en la exposición colectiva que mencionamos antes. Allí se encontró con Jessica, que llevaba un vestido azul claro con brillantes. Y le preguntó sobre el cuadro de Ale.
[Diego]: Tú has estado desde el día cero. ¿Qué has visto tú? ¿Qué te ha contado? ¿Y es todo un proceso ver su cuadro exhibido hoy en frente de todo el mundo?
[Jessica]: Claro que sí. La verdad que es algo tan grande, ¿verdad? Porque ya que como emigramos, empezamos de cero. Y la verdad me siento muy contenta de que sea parte de nosotras, y ahora en la actualidad pues también esté exhibiendo su cuadro aquí en este programa de nosotras.
[Rula Ávila Muñoz]: Luego, Diego se encontró con Ale, y por fin se veía radiante.
[Ale]: Todo el mundo tiene arte. Todo el mundo sabe hacer arte. Es solamente que lo saques de tu corazón y que los ojos… Nada más los ojos, con los ojos puedas verlo y con tus manos pintarlo, y nada más.
[Diego]: Llevas un tiempo viviendo en Nueva York. Ha sido una experiencia extraña: altibajos, cambios. ¿Cómo ha sido, y ahora mirando tu arte aquí expuesta?
[Ale]: Bueno, pues vivir en Nueva York para mí ha sido, la verdad, de estar arriba, estar abajo. Para mi es como una película lo que me ha pasado todo. Me siento como una chica protagonista de mi propia película, porque la verdad la he vivido muy rápido en este tiempo que he llegado acá. Me han pasado cosas buenas. Me han pasado cosas muy buenas. También cosas malas. Pero pues aquí estamos vivas, y eso es lo que importa.
[Rula Ávila Muñoz]: El ataque que Ale sufrió en la Roosevelt fue un caso extremo de los peligros a los que se enfrentan las trabajadoras sexuales trans en Queens: asaltos, golpes, agresiones y luchas territoriales. Esto es lo que con más frecuencia les puede llegar a pasar durante sus jornadas laborales. Todo, mientras otros debaten el futuro de ese trabajo desde escritorios, hogares y podios.
En el próximo episodio…
[Monserrate]: Nadie debe pensar que el único trabajo que pueden hacer es trabajo sexual.
[Manifestantes]: ¡No somos infiltradas. Somos las trans y estamos emputadas!
[Liaam]: Pero el problema no son las trabajadoras sexuales. El problema es la desigualdad que existe en una ciudad donde te dice que, “sí, estamos para proteger a todos y todes los neoyorquinos o neoyorquinas”. Pero, ¿y? ¿Las trabajadoras sexuales no somos parte de ese plan? ¿O simplemente somos el problema el cual ustedes tratan de erradicar? ¿O se les olvida que también somos sujetas de derecho?
[Rula Ávila Muñoz]: Las Reinas de Queens es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio.
Esta serie fue producida por Diego Senior y Pablo Argüelles con producción adicional y reportería de Nikol Pizarro, Joana Toro y Andrés Sanín.
Los editores fuimos Daniel Alarcón, Silvia Viñas y yo.
La verificación de datos es de Bruno Scelza y Nikol Pizarro.
María Linares hizo el diseño y la mezcla de sonido, así como la música original.
La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo.
El desarrollo de producto de Las Reinas de Queens estuvo a cargo de Natalia Ramírez. La producción digital la hicieron Ana María Betancourt y Óscar Luna.
La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.
Las Reinas de Queens es una idea original de Diego Senior, Joana Toro y Andrés Sanín.
Los productores ejecutivos son Diego Senior; y desde Radio Ambulante Studios, Carolina Guerrero, nuestra CEO.
En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gomez.
Parte del financiamiento de este proyecto fue proporcionado por el Greater Good Science Center de la Universidad de California en Berkeley, como parte de su iniciativa “Difundiendo el amor a través de los medios”, con el apoyo de la John Templeton Foundation.
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Soy Rula Ávila Muñoz. Gracias por escuchar.