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EP. 1 Pennsylvania: del ‘cinturón de óxido’ al ‘cinturón latino’

Tráiler – Bukele: el señor de Los sueños
EP. 1 Alguien como Bukele
EP. 2 Muévete rápido, rompe cosas
EP. 3 La hora de la medicina amarga
EP. 4 El evangelio (del Bitcoin) según Bukele
EP. 5 ‘Batman’ descubre el viejo negocio de la violencia
EP. 6 La última elección
EP. 7 Después de Bukele
Tráiler: El péndulo
EP. 1 Pennsylvania: del ‘cinturón de óxido’ al ‘cinturón latino’
EP. 2 Nevada: la preocupación por la economía
EP. 3 Florida: donde América Latina vota
EP. 4 Arizona: demócratas y republicanos en la frontera
EP. 5 Carolina del Norte: el poder de las comunidades religiosas
EP. 6 Una marea roja: el regreso de Trump y el futuro de los latinos
Tráiler: La Ruta del Sol
EP. 1 La botella
EP. 2 La grabación
EP. 3 La entrevista
EP. 4 Las pruebas
EP. 5 La necropsia
EP. 6 El debate
EP. 7 El conspirador
EP. 8 El contacto
EP. 9 El fiscal
EP. 10 El rompecabezas
Tráiler: Las Reinas de Queens
EP. 1 Santa, Madre, Reina
EP. 2 Bienvenides a la Casa Martínez
EP. 3 Las reinas del escenario
EP. 4 La Santa Puta
EP. 5 Un martes cualquiera en Queens
EP. 6 Tres reinas, dos disparos
EP. 7 Batalla por la Roosevelt
EP. 8 La Escuelita

TRANSCRIPCIÓN

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EP 8 . 26/05/2026

8 | La Escuelita

[Rula Ávila Muñoz]: Hola, un aviso antes de empezar: en esta serie hay contenido sensible que incluye violencia, drogas y lenguaje sexual. Les recomendamos discreción. 

Lorena St. Cartier toma la cajetilla de cigarrillos Parliament, saca el enésimo de la jornada, lo lleva a sus labios, lo enciende y da una fumada. 

Es dominicana y tiene 59 años. Está un poco cansada de tanto caminar entre visitas al banco, al mercado y sobre todo al doctor. Tiene muchos problemas en su espalda. 

[Lorena St. Cartier]: Tengo 30 años en esta carrera, bailando. Y yo bailó en cinco pulgadas, so…

[Diego Senior]: O sea, en tacón de cinco…

[Lorena St. Cartier]: De cinco pulgadas. Yo no bailo en una pulgada. Tenis nunca…

[Rula Ávila Muñoz]: Tres décadas de baile pesan mucho en cualquiera, y más si son con  tacones. Pero Lorena no los suelta. Es más: los llevaba puestos el día que Diego, nuestro reportero, la visitó. También lucía delineador profundo, peluca rubia, labios rojos y contorno azul. Vive en el piso 14 de un edificio de vivienda de interés social en Corona, Queens.

[Diego Senior]: ¿Qué es eso, puedo verlo? Oh, wow.

[Lorena St. Cartier]: Eso fue un calendario… 

[Rula Ávila Muñoz]: En una pared cuelga un calendario de casi medio metro de ancho y alto. Tiene fotografías de varias chicas trans posando de manera seductora, incluyendo a Lorena. 

[Lorena St. Cartier]: Y a mí me tocaba agosto que es un mes caliente. Y la ropa provocadora, está caliente, estoy en rolos, como que estoy en la casa…

[Rula Ávila Muñoz]: Aparece con tacones rojos y una diminuta camiseta sin mangas, blanca, rasgada, con los senos casi expuestos.

[Diego Senior]: Buenísima, súper sexy, súper sexy.

[Rula Ávila Muñoz]: Al otro lado del cuarto, hay un mostrador donde se acumulan trofeos, coronas, fotos viejas y uno que otro juguete sexual erguido. Recuerdos de victorias épicas. Lorena tiene ese don del que gozan todas las reinas: una confianza casi infinita en sí misma. 

[Lorena St. Cartier]: Uno viene como una misión, ya uno viene como con un sello de lo que vas a hacer en la vida. A esta carrera yo le di todo. A mí me costó mucho trabajo, mucho dinero, lograr la posición que yo logré. Porque yo sé lo difícil que es abrirte camino a brazo partido aquí.

[Rula Ávila Muñoz]: Envuelta en el humo de sus cigarrillos, Lorena no esconde el orgullo de haberse ganado la admiración de las más grandes divas trans de Nueva York. Y de un público conocedor y severo. Se formó en otra época. 

[Lorena St. Cartier]: En la época donde no había internet y no había likes. So,  la gente me quiere y me respeta y me ama porque ellos no vieron un videito. Ellos lo vivieron en vivo. Ellos saben de qué se trata. 

[Rula Ávila Muñoz]: Porque Lorena no sólo ha cosechado aplausos. 

[Lorena St. Cartier]: Yo soy la mujer transgenero que tiene más coronas en la ciudad de Nueva York sin importar cualquier etnicidad: blanca, negra, latina, asiática, ninguna me ha superado a mí. 

[Rula Ávila Muñoz]: Algo difícil de corroborar, pero para Lorena es indiscutible. 

[Lorena St. Cartier]: Yo me he ganado 39 coronas. Fui la reina de todas las barras que hubieron aquí en Nueva York, latinas…

[Rula Ávila Muñoz]: Y entre todas esas barras y discotecas, hay una que destaca en los recuerdos de Lorena. 

[Lorena St. Cartier]: Había una discoteca muy famosa que se llamaba La Escuelita. 

[Rula Ávila Muñoz]: En la calle 39, cerca a la octava avenida en Manhattan. 

[Lorena St. Cartier]: ¿Pero cuál era el poder de la Escuelita? Si tú querías ser una estrella —no en Nueva York, en cualquier parte de los Estados Unidos— tú tenías que confrontar al público de la Escuelita. Si la escuela te decía que sí, tú eras perra. Pero si la Escuelita decía que no, tú no hacías carrera en esto. 

[Rula Ávila Muñoz]: Nuestra historia nos lleva hoy a la Nueva York de los años 80 y 90, tiempos muy dolorosos para la comunidad LGBTQ+. Pero también una época de oro para el arte de los shows y el transformismo. 

Y la meca de ese arte, donde las reinas coronaban a otras reinas, y las destronaban, era probablemente La Escuelita. Un lugar donde durante casi medio siglo la cultura trans latina brilló como nunca antes. Un lugar que ya desapareció y del que sólo quedan recuerdos.  

Desde Central Series y Radio Ambulante Studios, esto es Las Reinas de Queens. Soy Rula Ávila Muñoz. 

Episodio 8. La Escuelita. 

Antes de seguir escuchando a Lorena, tenemos que conocer a una vieja colega suya: una drag queen legendaria. 

[Ángel Sheridan]: Mi personaje se llama Ángel Sheridan.

[Rula Ávila Muñoz]: Y la directora creativa de La Escuelita durante casi 15 años. 

[Ángel Sheridan]: Ahora estoy viviendo aquí en Orlando. Pero mi familia viene de Cuba. Desde que yo era muy joven, el sueño mío siempre era cantar, bailar, hacer el show…

[Rula Ávila Muñoz]: Ángel Sheridan fue y es talentosísima. Estudió teatro musical en Londres y comenzó su carrera en Florida a finales de los 80. Y hasta allá le llegaban noticias de una discoteca en Nueva York.

[Ángel Sheridan]:  Todo el mundo decía, “ay, cuando tu vayas a nueva York, tienes que ir a La Escuelita a hacer un show, muchacho. La van a encantar allá”. Que esto, que lo otro. Siempre oía: La Escuelita, La Escuelita, La Escuelita, La Escuelita, La Escuelita.

[Rula Ávila Muñoz]: Llegó a Nueva York a inicios de los 90 y muy pronto se hizo un espacio en una compañía llamada “An Evening at La Cage”, inspirada en la legendaria obra y película “La jaula de las locas”. Se hacían imitaciones de estrellas como Michael Jackson, Madonna y Cher. Así fue su debut en Broadway y así comenzó su carrera como transformista. 

Una noche, después del show, se le acercó un hombre. Se llamaba Raúl de la Paz y era cubano. Ya se conocían de Miami. Pero ahora Raúl quería que Ángel diera un show en su club: La Escuelita. 

La Escuelita estaba en el sótano de un edificio en la esquina de la Octava Avenida y la calle 39, en Manhattan. Cuando Ángel la visitó por primera vez era un gran salón de baile mal iluminado y peor ventilado, al que se entraba bajando por unas escaleras. 

[Ángel Sheridan]: No era nada en especial. Todas las mesas eran diferentes. Las sillas estaban rotas. Los bancos… Bueno, un desastre, ¿no? Los baños… El agua se le salía de los baños. Era, bueno, era un desastre. 

[Rula Ávila Muñoz]: Había goteras. Había ratas. Y había gatos paseándose entre las piernas de las drag queens y transformistas que daban sus shows, imitando a las grandes cantantes de la época. Y allí Ángel hizo una imitación de Cher. 

[Ángel Sheridan]: Yo salí al escenario y el público vino y el público… Llenó. Todo lo que era el escenario donde estaban dándome dinero, poniéndome dinero en las botas, y poniéndome dinero en la peluca, y todas estas cosas. Yo dije, “pero Dios mío, qué está pasando aquí”. Yo no pude moverme. 

[Rula Ávila Muñoz]: Ángel nunca había vivido una comunión tan íntima con el público. Y entre todas las personas que se le acercaron esa noche, ella recuerda a un hombre muy viejo y muy enfermo. Se llamaba Iván El Terrible. Se decía que era puertorriqueño y que había sido transformista. Tenía SIDA. Y era uno de los guardianes de la memoria de la comunidad.

[Ángel Sheridan]: Me abrió los ojos del ambiente de Nueva York y de la vida que era antes que yo tenía conocimiento. ¿Tú me entiendes?

[Rula Ávila Muñoz]: Iván le contó a Ángel muchas historias sobre lo duro que era ser una persona trans latina en Nueva York. Y también le habló de un lugar histórico para la comunidad LGBTQ+ de Estados Unidos.

[Ángel Sheridan]:  Él lo vivió, él vivió todos esos problemas, las peleas en Stonewall. 

[Rula Ávila Muñoz]: Stonewall. Fue un bar en el West Village de Manhattan, en los años sesenta. Lo frecuentaban hombres y mujeres gay, drag queens y personas trans, muchas de origen latino y afroamericano. 

De vez en cuando la policía hacía redadas allí. Pero la madrugada del 28 de junio del 69, cuando los agentes llegaron al local, los comensales se resistieron y los echaron a golpes, ladrillazos y botellazos. Allí estaba Iván el Terrible. En cuestión de horas estalló una protesta que duró seis días y que llenó de energía al movimiento por los derechos LGBTQ+ en Estados Unidos.  

Pero muy pronto, el papel que tuvieron en Stonewall las personas trans de color fue olvidado, convenientemente, por las mayorías gay blancas.  Y fue una persona trans latina la que se encargó de recordarle a la comunidad esta injusticia: Sylvia Rivera, neoyorquina de padre puertorriqueño y madre venezolana. Ella estuvo en Stonewall. Y en 1973, durante la marcha del orgullo en Nueva York, se subió a una tarima, agarró un micrófono y dio un discurso que se ha vuelto histórico.

[Audio de archivo, Sylvia Rivera]:  I have been beaten. I have had my nose broken. I have been down in jail. I have lost my job. I have lost my apartment for gay liberation, and you all treat me this way?  What the fuck’s wrong with y’all? Think about that…

[Rula Ávila Muñoz]: “Me han golpeado, me han roto la nariz, me han encerrado en la cárcel, perdí mi trabajo y mi departamento por la liberación gay. ¿Y ustedes me tratan así?”. Y añadió: “Sin las drag queens no habría liberación gay. Nosotras estuvimos en primera línea.” 

Como pueden ver, Sylvia merece su propia serie. Pero lo que tenemos que saber es que ella, y otra veterana trans de Stonewall —Marsha P. Johnson, afroamericana— fundaron Street Transvestite Action Revolutionaries, una organización dedicada a apoyar a gente trans sin hogar y a trabajadoras sexuales. 

Se convirtieron en madres de muchas de esas personas. Y desde entonces ambas son como santas para la comunidad, al igual que Lorena Borjas y Cecilia Gentili

El caso es que, después de Stonewall, comenzaron a abrir más y más bares y clubs para la comunidad LGBTQ+ en Nueva York. Y así llegamos a la segunda historia que Ángel escuchó de Iván el Terrible. 

[Ángel Sheridan]: ¿Por qué le llaman a esto La Escuelita? Si es el sótano de un edificio, ¿no? Y me dice, “oh, porque esto no fue el lugar original”…  

[Rula Ávila Muñoz]: Iván le dijo que, antes de que La Escuelita se estableciera definitivamente en la Octava y la 39, había tenido una vida errante por varios locales de Manhattan, huyendo de la gentrificación y la presión de las autoridades. 

Todo comenzó en los años 70. Poco después de Stonewall, un grupo de personas latinas, incluyendo al cubano Raúl de la Paz, querían abrir un club para la comunidad gay latina, un sitio, y aquí cito, “donde los hombres pudieran bailar con los hombres, y las mujeres con las mujeres». 

Y en una esquina de la calle de Broadway, en el Upper West Side de Manhattan, encontraron una vieja escuela para dentistas que tenía un letrero en inglés: “The School”, La Escuela. 

[Ángel Sheridan]: Entonces, cuando abrieron la barra ahí no tenían el presupuesto para poner un letrero nuevo y esto y lo otro, y le dejaron así, le dejaron el nombre así: La Escuelita. Era la escuelita. Por eso se llama la escuelita. 

[Rula Ávila Muñoz]: Imagínense: el local todavía tenía en las paredes los pizarrones donde los estudiantes recibían clases de higiene bucal. Pero ahora, los nuevos comensales latinos dejaban allí toda clase de mensajes de amor. Y los clientes boricuas, que eran la mayoría por entonces, escribían los versos de una vieja canción infantil puertorriqueña: “Mi escuelita, mi escuelita, yo la quiero con amor, porque en ella, porque en ella, es que aprendo la lección”.

¿Y qué lecciones daba La Escuelita? Bueno, cuando Ángel llegó a inicios de los noventa, La Escuelita ofrecía sobre todo una lección de vida. Eran los peores años del SIDA, de mucho dolor para la comunidad. De hecho, poco después de conocer a Iván el Terrible, él murió. 

[Ángel Sheridan]: Entonces, nosotros estábamos muriendo con ese trauma. Tú llegabas a La Escuelita y La Escuelita era… Te dejaba —como te puedo decir— suspirar, ¿no? Tú podías ser quien tú eras, la diosa que tú creías que tú eras, el… Tú sabes, el nene más lindo. Todo eso era para el público latino, ¿no? Para los gays latinos en Nueva York eso era —no sé cómo decirte— un sanctuary

[Rula Ávila Muñoz]: Un santuario. 

[Ángel Sheridan]: Entonces, cuando nosotros llegábamos a La Escuelita, era una cosa que tú decías, “ay, aquí estamos. Nuestra comunidad. Estamos oyendo nuestra música. Estamos hablando nuestro idioma”, tú sabes, “estamos todos juntos”. Y ahí no era que, “ay, no me gusta esta persona. No me gustan los mexicanos, que no me gustan aquellos, que no me gustan los salvadoreños, que se fajaban con esta”. No, no, no. Allí todo el mundo era latino. Eso era el lugar de nosotros. ¿Tú me entiendes? Claro, que venían unos blanquitos, que si esto que si lo otro, que les encantaba el ambiente y eso. Pero eso era lo nuestro, y lo mejor de lo nuestro.

[Rula Ávila Muñoz]: El ambiente, el amor, el calor. Pero La Escuelita tenía muchas otras cosas que la diferenciaban de otros clubs gay de la ciudad. Ángel nos dijo que los domingos, Raúl, el dueño, organizaba una comida para la comunidad trans de la zona. 

[Ángel Sheridan]: Todo el mundo que estaba votado en la calle, tu sabes, que sus padres los habían votado, que no tenían dinero, que estaban sobreviviendo sabrá Dios cómo, tú sabes, todos ellos venían en La Escuelita y todo el mundo comía en La Escuelita ese día. 

[Larry La Fountain-Stokes]:  Mi experiencia de ir a La Escuelita fue de romperme los esquemas. 

[Rula Ávila Muñoz]: Él es Larry La Fountain-Stokes, un investigador boricua. Llegó desde San Juan a Nueva York en 1991 para estudiar su doctorado. Y se puso a explorar los bares gay de Manhattan. Pero muy pronto se dio cuenta de que La Escuelita era diferente. 

[Larry La Fountain-Stokes]: En los bares gay americanos sería impensable tener una mesa con un bizcocho, con pastel, llevar a tu familia, a tu familia, a tu mamá… Tu mamá, tu abuela, tu tía, tu madrina. O sea, no la familia queer, no la familia trans. O sea, tu familia, familia.

[Rula Ávila Muñoz]: Le fascinaba la diversidad: latinos gay, latinas lesbianas, latinos trans; latinos de distintas clases sociales; latinos de varias generaciones y colores de piel, llegados desde toda la ciudad, incluso Nueva Jersey.  

[Larry La Fountain-Stokes]: Yo creo que lo bonito era la manera en que la música, el arte, el baile, la bebida, nos unía a —el amor, el sexo— nos unía a todos, ¿verdad? 

[Rula Ávila Muñoz]: Claro, a veces había tensiones irreconciliables. A veces los grupos ni se volteaban a ver, aunque estuvieran bailando el mismo merengue pegajoso. Pero, según Larry, había un momento, a la una de la mañana, en el que definitivamente todos miraban en la misma dirección. Porque a esa hora ocurría lo que hacía tan famosa a La Escuelita: los shows de las transformistas. 

[Larry La Fountain-Stokes]:  O sea, la noche paraba por una hora, una hora y media, para enfocarse en el arte del transformismo.  Entonces, en cierto momento, tú sabes que van a empezar a tocar la música de Star Wars. Y eso quiere decir que por ahí viene el show. Y entonces ahí, ¿verdad? Ocurrían estas cosas espectaculares que yo digo que era como ir a misa, como estar en la iglesia, porque aquellas divinidades salían al escenario detrás de la cortina, y de repente se formaban estas filas de gente que quería ir a darle dinero, a darle besos, a recibir abrazos de las artistas. Tanto así que las pobres artistas, yo creo que a veces se les hacía bien difícil doblar sus canciones y bailar, porque había tanta interacción con el público. Y ellas desarrollaban todo tipo de destrezas sobre cómo controlar al público para poder lucirse, bailar, doblar sus canciones, y también interactuar de una manera tan y tan íntima con su público que eran sus adoradores.

[Rula Ávila Muñoz]: Y esos adoradores venían de todas partes. Por ejemplo, fue en La Escuelita donde el director de cine Pedro Almodóvar vio por primera vez a una drag queen interpretando la canción “Puro Teatro” de La Lupe. No sé si la han escuchado, “Teatro, lo tuyo es puro teatro”. Es muy famosa. Almodóvar la hizo aún más icónica en su película “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. Lo que quiero decirles con todo esto es que la calidad de los shows era altísima. 

[Larry La Fountain-Stokes]: Al menos en los años 90, Nueva York era el epicentro del drag. Entonces había drag muy, muy, muy, muy bueno.

[Ángel Sheridan]:  Era lo mejor de lo mejor. Lo mejor de lo mejor.  

[Rula Ávila Muñoz]: Ángel de nuevo. 

[Ángel Sheridan]: Y si tú no estabas a un nivel, ¿no? a un nivel profesional, tú no venías a La Escuela a hacer show. Ahí no venía cualquiera. 

[Rula Ávila Muñoz]: Estamos hablando de artistas que en muchos casos habían estudiado teatro, danza, canto. Algunas, como Ángel, eran drag queens. Y otras, la mayoría, eran trans. 

[Larry La Fountain-Stokes]: Daba trabajo entender cómo ella podía ser tan bella, tan preciosa. Cómo… El carisma que ella tenía, sus vestuarios, su maquillaje, su pelo, sus joyas, su ropa.

[Rula Ávila Muñoz]: Imagínense poder estar tan cerca de toda esa belleza. 

[Ángel Sheridan]: La gente que venía no tenía dinero para pagar $100 para ir a ver un show de Broadway. No tenían dinero para ir a un concierto de Janet Jackson, para ir a un concierto de Madonna, que esto que lo otro. Ellos reunían sus kilitos, reunían los cupones y todo eso de La Escuelita pa’ venir a ver. Nosotros éramos las estrellas de ellos. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y por aquellos años, eran varias las estrellas que dominaban el escenario de La Escuelita. Sus nombres eran fabulosos: Jeannette Valentino, Christina Piaget, Lady Catiria. Cada una se encargaba de contratar a otras chicas drag y trans para sus propios shows. 

[Ángel Sheridan]: Entonces, ellas estaban como en competición para ver quién era… “El show más perro es el de Jeannette Valentino”. “El show más perro es de esta”. “El show más perro es de la otra”, ¿no? Entonces ellas, cuando se presentaban, a lo mejor no pagaban la renta ese mes, pero cuando se presentaban a La Escuelita, ellas tenían lo mejor de lo mejor. Los mejores vestidos de diseñadores, vestidos de canutillo, de pluma. Bueno, ni te puedo decir cuántas estrellas y leyendas se hicieron en ese lugar. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y entre todas esas leyendas, Ángel recuerda a una que conocimos al inicio de este episodio 

[Ángel Sheridan]:  La diva latina de todas las divas, dios mío, es Lorena St. Cartier, que todavía está por ahí bellísima, tumbando el mundo todavía haciendo show. 

[Rula Ávila Muñoz]: Lorena St. Cartier. Después de la pausa, volvemos con ella y su voz profunda, curtida en cigarrillos, ron y noches interminables. 

[Rula Ávila Muñoz]: Estamos de vuelta en Las Reinas de Queens. 

Lorena St. Cartier tiene la capacidad de prender un cigarrillo, besarlo con sus labios rojos, fumarlo, y al mismo tiempo contar las historias de tres personas, cuatro sucesos y dos lugares —todo, antes de que la primera ceniza caiga en el cenicero. 

[Lorena St. Cartier]:  Yo soy un artista, yo para crear tengo que fumar. 

[Rula Ávila Muñoz]: Cuando ella llegó a Nueva York en 1987 desde República Dominicana, se identificaba como un joven gay. Tenía 20 años, era de familia cristiana y conservadora. Y amaba el teatro. En su país estudió coreografía, danza, dirección. Y con ese pedigrí buscó lo mismo que tantos otros cuando llegan a la ciudad: fama y trabajo. En ese orden. 

[Lorena St. Cartier]: Llegué y trabajé en todos los teatros latinos que hay en Nueva York. Todos. 

[Rula Ávila Muñoz]: El Teatro IATI, el Repertorio Español… Créanme, buenos lugares.  

[Lorena St. Cartier]: Yo era el bailarín principal del Teatro Rodante Puertorriqueño. Por eso mucha gente me asocia con Puerto Rico. ¿Ves cómo va cayendo la cosa?

[Rula Ávila Muñoz]: Y ya se lo imaginarán. Muy pronto, Lorena descubrió los bares latinos y los shows drag. 

[Lorena St. Cartier]:  Y llegaba a la discoteca, me sentaba en una esquina de la barra. Yo iba a ver esa transformación teatralmente, que me parecía única. 

[Rula Ávila Muñoz]: Porque las divas no sólo imitaban a Iris Chacón o La Lupe, al mismo tiempo eran algo más, como de otra dimensión. 

[Lorena St. Cartier]: Lo que te quiero, es decir que era tan impresionante para mí. Yo nunca en mi vida había visto esto. Yo era de una familia cristiana, y ya solamente el hecho de que yo bailara me hacía estar en pecado. 

[Rula Ávila Muñoz]: Lorena ni se imaginaba como una transformista, mucho menos como una persona trans. Así que se quedó en la escena, digamos, tradicional, del teatro y la danza. Comenzó a dar clases. Pero el mundo de las transformistas no la soltó. Un día se le acercó una chica trans cubana pidiéndole ayuda para un evento. Y luego su propia prima, que comenzaba su transición, también le pidió ayuda.  

[Lorena St. Cartier]:  Y le dije, “si lo vas a hacer, tú tienes que ser la número uno, porque tú eres mi prima y no puedes ser menos”. So, empece a montar las producciones a ella. 

[Rula Ávila Muñoz]: La primera de esas producciones fue nada más y nada menos que en La Escuelita. Le pidieron una oportunidad a Raúl, el dueño, y él les dio un espacio el domingo, o sea el día más debilucho de la semana-  

[Lorena St. Cartier]: Monté un espectáculo nunca visto en la ciudad en Nueva York, con 25 bailarines en una discoteca gay, trabajando con transexuales. En el número salían bailarines bailando, jazz, bogueando, bailando flamenco. Y en una parte de la canción, salíamos todos. Algunos bailando hiphop too

[Rula Ávila Muñoz]: El dueño de La Escuelita quedó impresionado.  

[Lorena St. Cartier]:  Y fue como una revolución, porque se empezaron a acercar todas las transexuales. 

[Rula Ávila Muñoz]: Lorena encontró, digamos, un nicho de mercado. Se dio cuenta de que ganaba muchísimo más como coreógrafa de shows que como profesora de danza. Admite que esa fue su principal motivación para adentrarse en el mundo de las transformistas. Y muy pronto amplió su repertorio. Porque en La Escuelita también se celebraban muchos concursos de belleza que necesitaban coreógrafas talentosas. 

[Lorena St. Cartier]:  Empecé a ver los concursos que se hacían ese año, que eran completamente para niñas con senos. Era Miss Latina Continental y Miss Manhattan Continental.

[Rula Ávila Muñoz]: Miss Continental es hasta hoy el concurso de belleza para personas trans más importante de Estados Unidos. Se hace en Chicago, pero en esos años las rondas preliminares de Nueva York se celebraban en La Escuelita. 

[Lorena St. Cartier]:  La gente tenía que estar pegada a la pared, petatiado, no te podías mover de tan lleno que estaba. 

[Rula Ávila Muñoz]: Lorena recuerda una coreografía que le hizo a su prima para un concurso en el que competían contra una de las grandes divas de La Escuelita: Christina Piaget. Y ante tal contrincante, Lorena buscó inspiración en lo más caliente del momento, la película “Batman Returns”, que se acababa de estrenar en 1992, dirigida por Tim Burton y con Michelle Pfeiffer como Gatúbela. 

[Lorena St. Cartier]:  Muy sensual con el… “I don’t wanna be alone…” Bella, bella. Pero entonces salió mi prima con todos los bailarines. Yo la subía hasta arriba en un lift, y aquel sitio se empezó a derrumbar. Luego, cuando salió Batman y ella le agarraba… Cuando lo tiró al piso y se le tiró encima, y le daba golpes de pelvis a Batman, ya la música no se oía. Pero cuando salió el Pingüino con todos sus secuaces al final de la canción, el sitio se derrumbó.  El caso es que al fin y al cabo ganó quien tenía que ganar: Christina.  

[Rula Ávila Muñoz]: Christina Piaget, una de las divas junto a Jeannette Valentino y Lady Catiria. Según Lorena, para hacerte un espacio entre ellas, no había talento que valiera. Sin tetas nunca te iban a dar una corona. 

[Lorena St. Cartier]:  Porque las que dominaban la escena eran las transexuales y ellas no permitían que nadie entrara en ese círculo. Era un círculo así de cerrado. Tú puedes ser barishnikov de Rusia y tú no vas a entrar aquí.

[Rula Ávila Muñoz]: Pero Lorena seguía siendo un chico gay, bajito, flacucho. Travestirse nunca se le pasó por la cabeza. 

[Lorena St. Cartier]:  Para mí, eso era salir a hacer el ridículo, porque yo era un coreógrafo y como coreógrafo era conocido y como bailar era conocido, pero en este medio, donde hay que ponerse pela sin pintarse y… Yo me sentía que yo era el patito feo, que yo era un payasito del circo. 

[Rula Ávila Muñoz]: Un payasito rodeado de mujeres con unos cuerpazos. Pero claro, con lo competitiva que era Lorena, la barrera que las divas le ponían era solamente una provocación. 

[Lorena St. Cartier]:  El caso es que, bueno, que ya empecé como a a coger confianza. Uno le coge el gustito, yo le cogí el gustito.  

[Rula Ávila Muñoz]: La primera noche que se vistió fue para un show de año nuevo en La Escuelita. Raúl, el dueño, necesitaba a una animadora de última hora y le pidió a Lorena que le hiciera el favor. Ella se tragó todas sus culpas cristianas y se presentó en la calle 39 con un vestido negro, de seda, elegante. Hizo una canción del musical “A Chorus Line”: 

[Lorena St. Cartier]:  “Let me dance for you…” Lo más inverosímil es que yo entregué la vida. Y se me acercó para mí una de las mejores entertainers que había en ese tiempo en la ciudad Nueva York, se llama Ginger Valdés. Y fue la única persona que me puso un dólar de propina.

[Rula Ávila Muñoz]: Y mientras le daba ese dólar se le acercó al oído y le dijo: 

[Lorena St. Cartier]:  “Eres demasiado para ellos. No pueden contigo. Pero aquí adentro, lo que te queda es ni un dólar”. 

[Rula Ávila Muñoz]: Ni un dólar. O sea, le dio a entender que no era suficiente y que no pertenecía. 

[Lorena St. Cartier]: ¿ Qué hace un nenito vestido de mujer con una peluca risa, que se le ve horroroso, haciendo el show de año nuevo con unas mujeres que salen con unos senos y unos vestidos de canutillo? Ellos no veían talento.  A ellos no les importaba el talento. Ellos iban a ver un show de dragas y tú tenías que darle dragas. 

[Rula Ávila Muñoz]: Fue humillante pero Lorena no se dejó intimidar. Siguió bailando, siguió vistiéndose. Y como aliado tenía a alguien poderoso: Raúl, el mismísimo dueño de La Escuelita. Él murió hace muchos años, pero según Lorena, él cambió el rumbo de su vida. Es que, en uno de los preliminares del Miss Continental en La Escuelita, Raúl logró romper el cerco que las divas trans habían construido a su alrededor, el que te impedía ganar una corona si tu cuerpo no cumplía con los estereotipos de belleza tan estrictos. 

[Lorena St. Cartier]:  El dueño dijo, “si no le dan una de las coronas a la chiquita…”

[Rula Ávila Muñoz]: O sea, Lorena. 

[Lorena St. Cartier]:  ”Las voy a botar”.  Si me preguntas cuál fue la razón, yo no la sé. Yo no la sé. Pero, yo me gano una de las coronas por primera vez,  y eso me puso en el mapa. Me puso en el mapa en Queens, me puso en el mapa en Manhattan. La reina. La Lorena St. Cartier. La Lorena St. Cartier, La Lorena St. Cartier. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y precisamente cuando Lorena comenzaba a hacerse su nombre como reina, mostrando su talento en carne propia en vez de coreografiar a otras chicas, una noticia corrió por toda la ciudad: La Escuelita, de un día para otro, había cerrado. 

Ya volvemos. 

[Rula Ávila Muñoz]: Bueno, La Escuelita cerró en el verano de 1995. Fue algo repentino. Se dice que la última noche que estuvo abierta, las divas se reunieron en el escenario y cantaron “America the Beautiful con la bandera estadounidense desplegada boca abajo, un potente acto de protesta. 

Según Ángel Sheridan, la drag queen, la razón del cierre fue sencilla: el propietario del edificio donde estaba La Escuelita quería hacer un salón de fiestas en el sótano donde estaba el club. Y por eso no renovó el contrato de alquiler con Raúl. 

Y así, de la noche a la mañana la comunidad LGBTQ+ latina de Nueva York se quedó sin uno de sus principales espacios para socializar y hacer cultura. Se acabaron los shows, los concursos, las reuniones familiares, las cenas de los domingos.

[Ángel Sheridan]:  Imagínate que de buena primera, sin tú ni pensarlo ni nada, eso te lo quiten. ¿A dónde vamos ahora? ¿A dónde estamos ahora? ¿Quién somos? 

[Rula Ávila Muñoz]: Y aquí entra a la historia un israelí llamado Savyon Zabar, mejor conocido como Big Ben, un empresario de la fiesta neoyorquina que construyó su nombre administrando clubes en búsqueda del próximo éxito nocturno. 

Ángel lo había conocido mientras actuaba en el show de Broadway “An Evening at La Cage.”  También le había mostrado La Escuelita antes de que cerrara. Y a Big Ben le había fascinado. Tanto así que cuando La Escuelita cerró, él se le acercó a Ángel con una propuesta. 

[Ángel Sheridan]: “Mira, yo quiero abrir un lugar como La Escuelita”. Yo digo, “Sí ¡OK!”

[Rula Ávila Muñoz]: Y empezaron a buscar locales por toda la ciudad. 

[Ángel Sheridan]: Muchos lugares. Fuimos a muchos, muchos lugares. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y Ángel se emocionaba con todos. 

[Ángel Sheridan]: “Está buenísimo”, que si esto, que, “mira aquí se pone el escenario, aquí el camarín”. Dice, “sí, pero aquí no hay acceso”. Digo, ¿cómo que no hay acceso?”

[Rula Ávila Muñoz]: Acceso al metro, al tren, al autobús. Un lugar como el de La Escuelita, en el corazón de Manhattan, cerca de las estaciones de Port Authority y Grand Central. Un lugar al que se pudiera llegar sin gastar mucho dinero. Pasaron los meses…

[Ángel Sheridan]: Bueno, como a las 3 de mañana un día, yo estoy durmiendo y el teléfono me llama. Y yo digo, “ay, ¿quién me está llamando a las 3 de mañana?” No le presto atención y sigo durmiendo, y me sigue llamando, sigue llamando. Recojo el teléfono y, “hello, hello”, y es él. “Lo que me he enterado yo ahora: la vieja Escuelita, lo que es… Lo quieren rentar otra vez”. “¿Cómo?” “Mañana a las 9 de la mañana tenemos que estar allá a primera hora”. Bueno, yo me levanto, vamos pa’ allá, que esto que lo otro. Y fectivamente. 

[Rula Ávila Muñoz]: El dueño del edificio quería alquilarles el sótano de nuevo. Pero no sólo eso. Había renovado todo el espacio: los baños, la cocina. Cerraron el trato. Y Big Ben y Ángel se preguntaron, ¿cómo vamos a llamar el club? 

[Ángel Sheridan]:  Entonces me dijo, “¿Cómo se dice new en español”. Y yo dije, “new es nueva. La Nueva Escuelita”. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y así comenzaron a comprar páginas en los periódicos y revistas gay de la ciudad, el Village Voice, el Hotspots. 

[Ángel Sheridan]:  Y lo primero que se decía era, «a New York tradition comes back». Una tradición neoyorquina vuelve.  Entonces toda la gente esperando, toda la gente esperando. La próxima semana pusimos: “La Nueva Escuelita en da da da da da da da, abre tal y tal y tal día”, que esto que lo otro. Pa’ qué fue aquello. La línea daba la vuelta de la cuadra y hasta la otra cuadra. Y no, no cabía más gente. 

[Audio de archivo, HomoVisiones, Heriberto González]:  Hola, amigos, mi nombre es Heriberto y este es otro programa más de HomoVisiones. Si no saben dónde nos encontramos, síganme. 

[Rula Ávila Muñoz]: El que habla se llama Heriberto González, un periodista boricua que estuvo en la noche de apertura de La Nueva Escuelita en 1996. El lugar tenía un escenario más grande, camerinos privados, aire acondicionado, luces profesionales. Esa noche, Heriberto entrevistó a los comensales para HomoVisiones, un programa de televisión comunitaria enfocado en la escena gay latina de Nueva York.  

[Audio de archivo, HomoVisiones, Juan]:  Mira, mi nombre es Juan. Pero definitivamente tengo que decirte que esto es algo sensacional, algo que nos hacía falta a nosotros, los latinos: un lugar gay de elegancia, de caché, algo para admirar. Esto es algo increíble. Yo me siento perdido. No sé dónde estoy. No reconozco absolutamente nada.

[Audio de archivo, HomoVisiones, Heriberto González]: Oye, caballero, ¿y cómo lo comparas con el sitio viejo?

[Audio de archivo, HomoVisiones, Juan]: Ha sido un cambio del día a la noche, de la noche al día. Es algo bello para nosotros. Nos los merecemos. Nosotros nos los merecemos, por eso lo tenemos.

[Audio de archivo, HomoVisiones, Heriberto González]: ¿Has visto viejas amistades de la vieja Escuelita ahora en la nueva?

[Audio de archivo, HomoVisiones, Amalia]: Sí, muchas. Quedamos muchas todavía, porque habemos muchas que somos más fuertes que las cuatro letras.

[Rula Ávila Muñoz]: O sea, el SIDA. 

[Audio de archivo, HomoVisiones, Heriberto González]: Oye, ya como que tú estás borrachita.

[Audio de archivo, HomoVisiones, Amalia]: No, rica.  Yo soy mitad boricua y mitad cubana, así que te puedo hacer de todo.

[Audio de archivo, HomoVisiones, Heriberto González]: ¿Qué te parece la nueva Escuelita?

[Audio de archivo, HomoVisiones, Betty]: Bueno, yo tuve la experiencia de poder trabajar en la vieja colita, y estoy completamente sorprendida porque este lugar es fabuloso. Es completamente moderno. Todo es fantástico, vaya. Creo que debemos agradecerle a la comunidad gay por tener un nuevo sitio donde vamos a poder concentrarnos y a volver a hacer La Escuelita como era antes: alegría y simpatía entre todos nosotros los latinos. 

[Rula Ávila Muñoz]: Era claro que La Nueva Escuelita se veía diferente. Y también muchos de sus clientes más nuevos, atraídos por la movida publicitaria de Big Ben y Ángel. 

[Ángel Sheridan]: Bueno, lo que pasó fue que se fue corriendo la palabra y de buena primera no era un lugar latino solamente. Empezaron los morenos, el crowd hip-hop; empezaron los blancos a venir; empezaron la gente seria a venir. Entonces ya no, ni podíamos decir que era un gay bar, porque ahí había de todo, de todo, de todo el mundo. 

[Rula Ávila Muñoz]: Ángel nos contó que con el tiempo empezaron a llegar hasta judíos ultraortodoxos, que se quitaban sus ropas en la entrada, las ponían en una mochila y entraban a bailar.  

[Ángel Sheridan]: Y yo decía, “caballero, nunca pensaba que esto iba a ser una cosa tan internacional”. 

[Rula Ávila Muñoz]: La salsa, la cumbia y el merengue comenzaron a convivir con el hip-hop y la música en inglés. Acá el investigador Larry La Fountain-Stokes de nuevo: 

[Larry La Fountain-Stokes]: Dejó de ser un espacio exclusivamente o principalmente latino para volverse más un espacio afroamericano, afrolatino y latino. Se movió un poco hacia el inglés y menos hacia el español. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y luego comenzaron a llegar los famosos: Marc Anthony, Cristina Aguilera, Madonna, Sarah Jessica Parker. Y bueno, para los que conocieron la vieja Escuelita, era claro que en ese camino del club hacia la fama, algo se estaba perdiendo. 

[Larry La Fountain-Stokes]: No sé si la nostalgia es peligrosa. Yo, o sea, me alegro de que estuviera más bonito, pero me hubiera gustado que La Nueva Escuelita pues se hubiera mantenido más fiel en cuanto a la hispanidad, a la latinidad, al español…

[Rula Ávila Muñoz]: Entonces sí, La Nueva Escuelita estaba cambiando, en apariencia y en clientes. Pero como directora creativa, Ángel se aseguró de que permaneciera algo de su esencia. Comenzando por la comunidad de las dragas, transformistas y chicas trans, tanto las que actuaban como las que eran clientes frecuentes buscando un lugar familiar donde sentirse seguras. Y Ángel asumió el papel de tía. 

[Ángel Sheridan]: La tía mayor de todos ellos. Entonces venían, me decía “mira, yo quiero hacer esto”, que esto que lo otro. Entonces yo les decía, “mira, ve a este lugar, ve a este médico, vamos a hacer las cosas bien”. Yo en el camerino mío —yo tenía un camerino privado— yo tenía un refrigerador. En un punto, tenía como 15 botellitas de hormonas con la jeringuilla, con todo eso.

[Rula Ávila Muñoz]: Todo mientras trabajaba sin descanso para que la calidad de los shows no cayera. 

[Ángel Sheridan]: Lo que puso La Escuelita nueva en el mapa, vamos a decir, eran las producciones, el dinero que se gastaba en escenografía, el dinero que se gastaba en decorar el lugar. 

[Rula Ávila Muñoz]: Contrató a las divas de la vieja Escuelita: Jeannette Alexander, Jeannette Valentino y Lady Catiria. Y comenzaron a hacer una especie de cabaret, con un montón de números diferentes. Pero también abrió las puertas a otras artistas. Entre ellas… 

[Ángel Sheridan]: Lorena. La energía, la ropa, lo que hacía, cómo se presentaba. Increíble. 

[Rula Ávila Muñoz]: Lorena St. Cartier. 

[Lorena St. Cartier]: La gente pagaban $25 los sábados para ir a verme a mi, porque cuando salían todas y la gente decía, “¡Lorena!” Y cuando salía Lorena, era completamente diferente. 

[Ángel Sheridan]:  Ella era The Latin Diva, le decíamos,  porque ella estaba trabajando en Queens, en todos los lugares latinos, ¿no?  Entonces ya ella tenía sus fanáticos y todos ellos, que toda esa gente vinieron, empezaron a venir a La Escuelita, tu sabes, a verla a ella. 

[Rula Ávila Muñoz]: Claro, es que cuando La Escuelita cerró, Lorena no perdió su tiempo. Siguió trabajando en varios clubs latinos de Queens que también formaron parte de esa época de oro: El Llamarada, El Lucho’s, el Krash. Y siguió cosechando coronas y coronas y más coronas.  

[Lorena St. Cartier]: Ya la gente decían: “si ella compite, yo no compito”. O, “vamos a verla ganar”.

[Rula Ávila Muñoz]: Incluso en el 98 fue la primera Miss Escuelita. Sin senos, algo que siempre le gusta recordar. 

[Lorena St. Cartier]: Todos los concursos que me gané, me gané 30 y pico de concursos, sin tetas. 

[Rula Ávila Muñoz]: Se había ganado su lugar, sin importar su aspecto. Quizás uno de sus mayores legados es una coreografía que ella creó y que ha hecho historia. 

[Lorena St. Cartier]: Es “Perfidia” de Linda Ronstadt  con un baile de mambo al final de la película de “Mambo Kings”.

[Rula Ávila Muñoz]: Es un número de baile que inicia con un bolero muy elegante y melancólico, “Perfidia”. Pero que luego, de repente, salta a un mambo rapidísimo y muy sensual. 

[Lorena St. Cartier]: Y he visto a todas las transexuales hacer mi número. Algunas le cambian la coreografía un poquito. Otras tratan de acercarse lo más posible a la coreografía original. Al fin y al cabo es un honor, porque aunque no estén los derechos reservados y nada de eso, porque eso no se usa con nosotros, es mi número. Todo el mundo lo sabe. Y es como una estampa. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y esa estampa llegó a la cúspide de los concursos de belleza trans en Estados Unidos de la mano de Lady Catiria. Porque ella usó el número de Lorena cuando ganó el concurso Miss Continental en 1995. Fue un honor enorme. Porque, esto no lo habíamos dicho antes, pero entre todas las divas de La Escuelita, la vieja y la nueva, Lady Catiria fue la reina. Una puertorriqueña que comenzó su carrera como imitadora en los bares gay latinos de Jackson Heights, como nuestras reinas. Y al igual que ellas, Lady Catiria era única.  

[Ángel Sheridan]:  Lady Catiria. Bueno, Lady… ¿Qué te puedo decir de Lady Catiria? Yo la miraba y nunca puedo decir, “ah, no, no me gustó ese número”, o “no me gustó lo que hizo”, porque ella tenía una cosa que le salía de adentro.

[Lorena St. Cartier]: Ella tenía un carisma… Un ángel que era único. Ella hacía un número, se llamaba “Hot Shot”: “I need a hot shot. Hot, hot, hot, hot shot”.  Y el sitio se derrumbaba completamente. Muy sexual. Se chupaba un seno en medio del número. Era sólo ella.

[Larry La Fountain-Stokes]:  Mi favorita, pues de toda la vida, siempre ha sido Lady Catria, que nunca hablaba. Ella nunca hablaba. Entonces ella bailaba, ella doblaba, ella besaba, ella abrazaba. Pero en todos los años que yo fui a la escuelita yo nunca le oí su voz. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y bueno, para que la escuchen, esta es Lady Catiria hablando con HomoVisiones esa noche de apertura de la Nueva Escuelita.

[Audio de archivo, HomoVisiones, Lady Catiria]: Queremos que todos, por favor, todos los que les guste el show, lo que es show business, nos conozcan o no, vengan que les va a gustar y van a tener un lugar nuevo para donde estar, para donde gozar; lo mismo gay, bisexual, straight, los que quieran, porque yo los adoro a todos. 

[Rula Ávila Muñoz]: Ahora, al momento de pronunciar estas palabras Lady Catiria ya tenía SIDA, y era una portavoz de la comunidad con VIH. Pero lentamente su estrella se fue apagando. Hasta que por 1999…

[Ángel Sheridan]: Yo me acuerdo, con mucho peso en el corazón, que la última vez que hizo show en La Escuelita ella salió a hacer un número, y en en una parte del número ella se acostaba en el escenario y hacía, tu sabes, una pila de cosas, que esto que lo otro. La gente le tiraban dinero, que esto que lo otro. Entonces, ella se paraba y, tú sabes, salía del escenario. Bueno ella acabó el número en el escenario y no se estaba parando. Y el público que esto que lo otro. Y yo le dije al DJ, “cierra la cortina, cierra la cortina”. Y era porque no se podía parar. Ya no tenía fuerza para pararse. Y esa fue la última noche que ella hizo show en La Escuelita, desafortunadamente. Pero ella estuvo casi hasta lo último. Eso era lo que le daba a ella vida.

[Rula Ávila Muñoz]: Lady Catiria murió en 1999 a los 40 años por complicaciones derivadas del SIDA. Y La Escuelita se quedó sin su reina de reinas.

[Lorena St. Cartier]: No había quien la sustituyera porque ella era insustituible.

[Rula Ávila Muñoz]: Pero alguien debía reemplazarla. Y según Lorena, sólo había una persona lo suficientemente talentosa para hacerlo. 

[Lorena St. Cartier]: La gente dice que yo soy su sucesora, que solamente ella y yo hemos sido como las entertainers de Nueva York. Opiniones variadas. Mucha gente dice que yo fui la que hice la carrera más grande.  

[Rula Ávila Muñoz]: Y la verdad es que Lorena tenía todo el talento y el palmarés para ser la sucesora de Lady Catiria. En el 2002 se convirtió en Miss Universo Latina USA, otro concurso para mujeres trans muy importante. Y Ángel la invitó a formar parte de las divas de La Escuelita. Con contrato y todo. 

[Lorena St. Cartier]: Esa era mi casa. Yo me iba a los ensayos de las dos hasta las cuatro de la tarde. Me iba a mi casa a bañarme, a cambiarme, a afeitarme, y a irme para allá a las 9 de la noche. Y salía de ahí a las 4 de la mañana. Y eso los jueves, viernes, sábado. 

[Rula Ávila Muñoz]: Así estuvo varios años, yendo a Manhattan desde su departamento en Queens. Pero alrededor del 2008, el ambiente en La Escuelita empezó a amargarse.

Las razones no son claras. Pero tanto Ángel como Lorena concuerdan que Big Ben, el empresario israelí, fue el responsable. Según Ángel, Big Ben le quitó los contratos a las divas para ahorrar dinero por la crisis económica de esos años. Y según Lorena, él no quiso pagarle la suma que le correspondía por actuar en una fiesta de año nuevo. Así que ella renunció. 

Big Ben murió en 2017 así que no podemos corroborar esto. Ángel se quedó en La Escuelita, pero ahora ya no tenía el control creativo. Y así, Big Ben empezó a contratar para los shows a gente trans muy bella pero sin talento.

[Ángel Sheridan]: Todas eran bonitas. Pero tú vas a ver cuatro personas en tanga y en eso haciendo una balada. Eso no es un show. 

[Lorena St. Cartier]: Ahí empezó la decadencia. Tienes un show de niñas de senos, sin talento. Muy bellas, sin talento. Y la gente dijo, “esto no era lo que nosotros veíamos antes, jamás”. 

[Ángel Sheridan]: Entonces empezó a contratar una que viene por $50; esta que viene de gratis porque quiere hacer un número de la escuelita. Entonces ya tú sabes que la calidad fue bajando, bajando, bajando, bajando. 

[Rula Ávila Muñoz]: Esa fue la gota que derramó el vaso. Ángel se despidió de La Escuelita en el 2012. 

Ese mismo año, la State Liquor Authority, la agencia encargada de dar licencias de venta de alcohol en el estado de Nueva York, le quitó su permiso a La Escuelita a causa de dos trifulcas menores en el local. 

Big Ben presentó una denuncia. Argumentó que las autoridades querían sacar a la Escuelita del barrio porque sus clientes, en su mayoría gente de color, asustaban a los turistas blancos que empezaban a llegar a los nuevos hoteles de la zona. Dijo, y cito: “Las minorías ya no son bienvenidas porque no cuadran con los planes de gentrificación de la ciudad”. Un juez le dio la razón a Big Ben. Pero la agencia de licores no dejó de presionar. Hasta que en el 2016, La Escuelita cerró definitivamente.

Hoy, la vida nocturna de la comunidad trans latina de Nueva York sobrevive en los bares de Queens, en Jackson Heights, en la Roosevelt. Los que hemos visitado tantas veces en esta serie. 

Lorena continuó sus shows allí, y también su transición. Por fin se puso sus tetas. Hoy es también una reina madre. Tiene su familia, la familia St. Cartier. Se ha encargado de formar a nuevas generaciones, incluyendo a su hija Jennifer. Ella participa en concursos de belleza alrededor del país. 

Pero Lorena se confesó un poquito con nosotros. Nos dijo que hoy, el arte del transformismo en la ciudad de Nueva York no pasa por su mejor momento. Primero, porque no hay suficiente oferta… 

[Lorena St. Cartier]: O sea, si tú me preguntas a mí dónde puede haber un buen show, yo no sé qué recomendarte. 

[Rula Ávila Muñoz]: Segundo, porque en los bares donde sí hay shows, algunos dueños pagan poco.  

[Lorena St. Cartier]: Yo soy un artista, mi trabajo cuesta un dinero. Y a mí no me hace falta estar en un escenario, pero si voy a estar en un escenario, va a ser con dignidad, va a ser con respeto. Y a mí me van a tener que pagar el pago que yo me merezco. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y tercero, porque, según ella, la calidad del arte se está descuidando.

[Lorena St. Cartier]:  Si yo no voy a ver un show de altura, yo no lo quiero ver. 

[Rula Ávila Muñoz]: Se están perdiendo la sutileza y la precisión del lipsync, la fonomímica.

[Lorena St. Cartier]: Lo que me parece un poquito no bueno es que pongan una niña que ni siquiera se sepa el lip-synching de la canción. Ese es nuestro trabajo. 

[Rula Ávila Muñoz]: Y también la calidad y creatividad de los vestidos. 

[Lorena St. Cartier]: Es la realidad. Y es triste que haya decaído a ese lugar, porque esto es un show donde la fantasía, lo creativo, las plumas, el brillo, es lo que lo ha caracterizado toda la vida.   

[Rula Ávila Muñoz]: Toda la vida. Lorena ha dedicado justo eso, toda su vida, a este arte. Quizás por eso suena tan pesimista de cara a las nuevas generaciones. 

Claro que duele cuando pasa el tiempo y se pierden tantos nombres, tantos lugares, que hicieron a la comunidad lo que fue. Es normal que con todo ese pasado a tus espaldas el futuro sólo suene a decadencia. Por eso es necesario ver más a detalle qué es hoy del arte del transformismo. 

En el próximo episodio volvemos a la Roosevelt Avenue para vivir, de principio a fin, uno de estos concursos de belleza trans, donde una nueva generación de reinas buscará colocar la primera piedra a un nuevo legado.  

Las Reinas de Queens es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios, y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio. 

Esta serie fue producida por Diego Senior y Pablo Argüelles con producción adicional y reportería de Nikol Pizarro, Joana Toro y Andrés Sanin. 

Los editores fuimos Daniel Alarcón, Silvia Viñas y yo. 

La verificación de datos es de Bruno Scelza y Nikol Pizarro.  

María Linares hizo el diseño y la mezcla de sonido, así como la música original. 

El material de archivo de HomoVisiones fue cedido por Gonzalo Aburto y Cándido Negrón. 

La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. 

El desarrollo de producto de Las Reinas de Queens estuvo a cargo de Natalia Ramírez. La producción digital la hicieron Ana María Betancourt y Óscar Luna. Lina Rincón estuvo a cargo de la traducción al inglés.

La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.

Las Reinas de Queens es una idea original de Diego Senior, Joana Toro y Andrés Sanin.

Los productores ejecutivos son Diego Senior; y desde Radio Ambulante Studios, Carolina Guerrero, nuestra CEO. 

En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gomez. 

Parte del financiamiento de este proyecto fue proporcionado por el Greater Good Science Center de la Universidad de California en Berkeley, como parte de su iniciativa “Difundiendo el amor a través de los medios”, con el apoyo de la John Templeton Foundation. 

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Soy Rula Ávila Muñoz. Gracias por escuchar.