[Audio de archivo]: El Abuelo, el jefe de la barra brava, está acusado de extorsión y asociación ilícita. Mientras que los barras bravas, de homicidio de Walter Vallejos y Angel Delgado, asesinados en una emboscada luego de un partido entre River y Boca el 30 de abril de 1994.
[Silvia Viñas]: Es el viernes 14 de marzo de 1997. Ya pasaron casi tres años desde los crímenes en el superclásico. Todos los barras acusados salvo uno fueron detenidos y están en la cárcel, incluyendo a el Abuelo. La fiscalía buscó testimonios, hizo pericias para reconstruir lo que había pasado y entendió que había pruebas suficientes para que el caso llegara a juicio. Así que, ese viernes de marzo del 97, arranca el proceso. Pero no es en un lugar cualquiera. Es en la misma sala donde en 1985 se realizó el juicio más importante de la historia argentina: el Juicio a las Juntas, en el que se condenó a la cúpula militar de la última dictadura.
[Marcelo Parrilli]: Muy pocos juicios se realizaban en la sala de la cámara federal.
[Silvia Viñas]: Él es Marcelo Parrilli, abogado de dos de los heridos el día del superclásico y también de los familiares de los dos muertos, Ángel Delgado y Walter Vallejos.
[Marcelo Parrilli]: Y después yo no recuerdo otro juicio. Debe haber habido, pero no recuerdo otros juicios en la sala esa.
[Silvia Viñas]: Es una sala muy grande que está ubicada en la planta baja del Palacio de Tribunales de la ciudad de Buenos Aires y solo se usa para casos muy convocantes como este. No hay grabaciones del juicio, pero Parrilli escribió un libro sobre todo el proceso. Así de importante fue.
[Audio de archivo]: El tribunal oral y público que juzgará a José Barrita y a ocho hinchas de Boca está compuesto por tres mujeres.
[Silvia Viñas]: Tres mujeres juzgando a toda una barra brava. Curiosamente, la presidenta del tribunal es Isabel Poerio de Arslanian, la esposa del juez que en 1985 mandó a la cárcel al dictador Jorge Rafael Videla y al resto de los comandantes. Como el de los militares, este es otro juicio histórico. Así lo explica el periodista experto en barras, Gustavo Grabia:
[Gustavo Grabia]: Era un juicio parteaguas. Era la primera vez que toda la primera plana de una barra, en este caso, de la barra brava de Boca, la más importante del país, iba a sentarse en el banquillo de los acusados.
[Audio de archivo, Dionisia Delgado]: Y estoy muy emocionada de llegar al día de hoy, que pude sobrellevar el dolor de mi hijo para poder estar hoy acá. Confío en la justicia y se va a hacer justicia.
[Silvia Viñas]: Esa es la voz de Dionisia, la madre de Ángel Delgado, uno de los hinchas asesinados. La escuchamos hace algunos episodios. Está en la puerta de los tribunales esperando a que por fin todo empiece.
[Audio de archivo, Jorge Cárdenas]: Yo lo único que quiero es escuchar el veredicto final cuando se condene a los ocho asesinos a la pena de reclusión perpetua, que es la que va a pedir el abogado y a José Barrita a 10 años de prisión.
[Silvia Viñas]: Y él es Jorge Cárdenas, el tío de Walter Vallejos, el otro hincha de River asesinado después del superclásico. Jorge empujó mucho para que el caso llegara a juicio porque su hermana, Carmen Cárdenas, la mamá de Walter, murió un año y medio antes del juicio. Quedó muy afectada por lo que pasó con su hijo.
[Fernando Scalone]: En la primera audiencia, fue chocante. Fue chocante verlos ahí tan cerca.
[Silvia Viñas]: Fernando Scalone, el mejor amigo de Walter, también está en el tribunal. Es la primera vez que él y los familiares de los hinchas asesinados ven las caras de los acusados. Fernando recuerda cómo entran a la sala los nueve miembros detenidos de la 12, la barra brava de Boca.
[Fernando Scalone]: Entraron por orden, se empezaban a saludar, se saludaban con la gente que estaban al lado nuestro también porque eran familiares de los detenidos, ¿no? Se saludaban, se besaban entre ellos, se reían, hacían chistes, nos miraban, nos relojeaban.
[Silvia Viñas]: O sea, los miran como de reojo, tratando de disimular. Entre el público están los familiares de las víctimas, pero también hay otros barras de la 12 que están libres.
[Miguel Ángel Pierri]: Me acuerdo que se instaló por primera vez el control de metales para entrar a la sala.
[Silvia Viñas]: Él es Miguel Ángel Pierri, abogado de dos de los barras durante el juicio. El ambiente está tenso.
[Miguel Ángel Pierri]: Estábamos tratando de sobrellevar un juicio que era visto por el mundo.
[Gustavo Grabia]: Fue un escándalo, el primer día fueron todos los medios, de radio, televisión, gráfica.
[Silvia Viñas]: Nadie quiere perderse la imagen de el Abuelo, el líder de la barra, entrando esposado. Lleva casi tres años detenido.
[Gustavo Grabia]: Si bien era la barra de Boca que había quedado descabezada tres años antes, en el 97 cuando comienza el juicio, José Barrita sigue siendo el emblema del fútbol.
[Marcelo Parrilli]: La sala estaba llena. La sala estaba llena, es una sala grande donde entran casi 800 personas.
[Miguel Ángel Pierri]: Como hecho era un hecho de conmoción nacional. Era la primera vez que realmente en el marco del fútbol, del deporte, pasaba un acontecimiento de estas características.
[Silvia Viñas]: Los miembros de la barra brava de Boca, la más poderosa de Argentina, están a punto de sentarse frente al tribunal para defenderse. Cueste lo que cueste. Serán días de amenazas y traiciones, con un desenlace que dependerá de la declaración de un testigo clave.
Desde Central Series y Radio Ambulante Studios, soy Silvia Viñas y esto es “Superclásico 94”.
Episodio 7: Se volaron como palomas
A finales de los años 90, Marcelo Parrilli era un abogado con mucha experiencia.
[Marcelo Parrilli]: Yo venía de trabajar en el Centro de Estudios Legales y Sociales, uno de los organismos de derechos humanos durante toda la dictadura cívico-militar genocida.
[Silvia Viñas]: En 1981, durante esa dictadura, lo detuvieron junto a varios colegas por su trabajo judicial y sus denuncias para exigir información sobre los desaparecidos.
[Marcelo Parrilli]: De manera que ya estaba acostumbrado a situaciones, digamos de mucha presión.
[Silvia Viñas]: Mariano Pagella nos sigue contando.
[Mariano Pagella]: Cuando Jorge Cárdenas, el tío de Walter Vallejos, fue a pedirle ayuda a Parrilli para demostrar que miembros de la 12 habían participado en el crimen después del superclásico, el abogado no lo dudó.
[Marcelo Parrilli]: Yo lo acepté naturalmente. Creo que nunca le dije voy a tomar el caso, comencé a trabajar.
[Mariano Pagella]: Armaban una dupla fuerte. Como dijimos antes, cuando murió la mamá de Walter, la hermana de Jorge, él tomó la causa de la muerte de su sobrino y se convirtió en la voz de la denuncia permanente.
[Marcelo Parrilli]: Jorge Cárdenas fue el gran militante social de ese reclamo, ¿no? Fue el que recorrió los medios. Dio la pelea en la superestructura. Es decir, no solamente en los medios, sino también contactando dirigentes de fútbol, dirigentes sociales, reuniendo a las familias.
[Mariano Pagella]: Dionisia, la mamá de Ángel Delgado, se unió mucho al tío de Walter.
[Dionisia Delgado]: Nos apoyamos mutuamente para ir a todos lados. Y era fantástico para eso porque no le temblaba el pulso ni la fuerza. No sé de dónde sacaba esa fuerza que tenía, que tenía que hacer justicia por su sobrino.
[Audio de archivo, Jorge Cárdenas]: José Barritta estaba sospechado por los testimonios de que estaba inculpado y que él sabía lo que iba a suceder del asesinato.
[Mariano Pagella]: Este es Jorge antes de entrar a la sala de audiencias en la primera jornada del juicio ese 14 de marzo de 1997.
[Audio de archivo, Jorge Cárdenas]: Y con los testigos que hay, con todas las pruebas que hay la fiscal pidió que se lo sobresea.
[Mariano Pagella]: Su reclamo es porque la fiscal Asaro decidió acusar al Abuelo por el delito de extorsión y de liderar una asociación ilícita, pero no por los asesinatos de Walter y Ángel. Ese es uno de los puntos claves en el proceso. Y va a determinar la pena que Barritta pueda recibir. Después están los otros ocho barras. Además de estar acusados por asociación ilícita, enfrentan el cargo de homicidio calificado por haber sido cometido con alevosía y de manera premeditada con dos o más personas. O sea, por asesinar a los hinchas de River en una emboscada y por haberlo planeado entre varios.
[Marcelo Parrilli]: Creo que ellos se daban cuenta que era desfavorable. Estaban en una posición complicada, ¿no?
[Mariano Pagella]: La sala de audiencias es muy grande y antigua, las paredes están revestidas de madera oscura. El estrado donde están las tres juezas también tiene sillas de madera con respaldos altos. Frente a ellas hay una mesa chica con un micrófono donde se ubican las personas que declaran. Apenas atrás hay otra mesa pero enorme, cubierta con un paño verde gastado. Ahí se sientan, uno al lado del otro, los 21 abogados de las defensas, de la fiscalía y la querella. Eso hace que cada vez que uno se quiera parar, el resto tenga que ponerse de pie para dejarlo pasar.
Detrás de esa mesa hay una baranda que separa a los abogados de los nueve detenidos. Están sentados de espaldas al público en unas butacas en hilera. A los barras los custodian agentes de un grupo de élite de la Policía Federal y del Servicio Penitenciario.
Esas butacas las ocupan Miguel “Manzanita” Santoro, Jorge “Corbacho” Villagarcía, Edgardo “El Chino” Allende, Javier “El Uruguayo” Bellusci Martinez, Freddy “Bolita Niponi” Cáceres y Darío “Gomina” Almirón, los acusados. Hay dos barras imputados que no están en el juicio: “Querida” Quintero falleció antes de que comenzara, y Francis di Maio, un ex policía, fue capturado cuando el juicio ya había empezado.
El grupo de barras enjuiciados se completa con Fabián “Marcelo de Lomas” Aravena y Juan “Dany” Silva que están procesados como partícipes de las muertes.
Y junto a ellos, se encuentra José Barrita, “El Abuelo”.
Atrás de los barras están Jorge, Dionisia y el resto de los familiares de las víctimas y de los acusados.
[Fernando Scalone]: Nosotros íbamos al juicio a acompañar, a ver y porque no podíamos dejar a la madre, a la hermana sola. Eramos dos o tres los que que acompañábamos.
[Mariano Pagella]: Fernando Scalone, el amigo de Walter Vallejos, va a las audiencias junto a Juan Carlitos, el otro amigo. A los dos los escuchamos en los primeros episodios.
[Fernando Scalone]: Nosotros nos sentábamos cuarta, quinta fila, en el medio nos sentábamos, juntitos, porque éramos los únicos, porque después eran todos familiares y amigos de ellos.
[Mariano Pagella]: O sea, de los barras. Después de la pausa, los miembros de la 12 empiezan a declarar.
[Mariano Pagella]: El primer barra al que le toca hablar en el juicio es “Corbacho” Villagarcía, pero hace uso de su derecho a no declarar. Después, “El Uruguayo” Bellusci dice que el día del crimen estaba en la cancha “solo”, que conoce “de vista” a los otros acusados, que nunca vio armas en la tribuna y que después del partido se fue a su casa. Y después le toca a “Manzanita” Santoro. Como contamos en otro episodio, Manzanita es uno de los barras más cercanos al Abuelo. En su casa se juntaban antes y después de los partidos y ahí se escondían las banderas.
[Mariano Pagella]: Manzanita arranca su declaración tratando de provocar empatía. Sostiene que él era solo un hincha. Y para eso cuenta la primera vez que fue a ver a Boca: también en un superclásico contra River, pero cuando era muy chico.
[Marcelo Parrilli]: Él contó que ese día lo llevó el padre y que fue la primera vez que fue a la cancha de Boca. Que fue un día, bueno, no recuerdo el día exactamente, pero fue un día de lluvia, de eso me acuerdo.
[Mariano Pagella]: Parrilli, el abogado de las víctimas, lo recuerda porque sabe bastante de fútbol.
[Marcelo Parrilli]: Y del resultado también me acuerdo. Ese día River perdió 5 a 2.
[Mariano Pagella]: Ese partido fue en febrero de 1974 y resulta muy difícil de olvidar para los hinchas porque cuatro de esos cinco goles los hizo un jugador que debutaba con Boca. Cuatro goles en su primer clásico contra su gran rival.
[Marcelo Parrilli]: Entonces, bueno, él iba contando todo esto, un poco para demostrar que había estado ese día en la cancha.
[Mariano Pagella]: Puede ser que por su apariencia de abogado serio o por simple prejuicio, Manzanita cree que Parrilli no tiene idea de lo que está contando.
[Marcelo Parrilli]: Entonces, mientras estaba declarando, me dice a mí: “No sé si usted se habrá enterado”. Le digo: “Sí, sí, sí, sí, me enteré porque soy simpatizante de River”.
[Mariano Pagella]: Simpatizante de River.
[Marcelo Parrilli]: Y ahí corrió, ¿viste? un “uhhhhh” en toda la sala.
[Mariano Pagella]: Algunos barras en el público no parecen tomarse muy bien la revelación de Parrilli.
[Marcelo Parrilli]: Son esas cosas tan ridículas, ¿no? Porque parece que lo peor era que yo era hincha de River. Si se hubieran enterado que Muratore, el defensor de Barrita, también era de River, se hubieran sorprendido más.
[Mariano Pagella]: Manzanita sigue su relato. Habla sobre el día del crimen después del superclásico en abril del 94. Niega haber participado en el ataque a los hinchas, dice que estuvo cerca de esa zona y que vio pasar a un grupo pero que él nunca se sumó. Hasta ahí su testimonio. Un rato después, otro barra dice que tampoco estuvo en la escena del crimen. Y Bolita Niponi y Marcelo Aravena, dos de los más “pesados” de la barra, se niegan a declarar. Así termina la primera audiencia.
Luego del fin de semana continúa el juicio. Hay más declaraciones de barras. El público y los periodistas los escuchan pero esperan a que terminen porque se viene uno de los momentos más importantes: la declaración del jefe, el Abuelo.
Son las 13:33 cuando el Abuelo empieza a caminar lento hacia el estrado. Tiene puesta una camisa blanca y un pantalón oscuro. Se sienta frente a las juezas y uno de los asistentes del tribunal le acomoda el micrófono. Se lo escucha carraspear y con voz ronca dice: “Mi nombre es Barritta, con dos erres y dos te. Nací en Calabria, Italia, el 5 de enero de 1953”.
La presidenta le explica que tiene derecho a no hablar y que eso no significa reconocer los cargos que le imputan. Ella le lee los delitos de los que se lo acusa: extorsión y asociación ilícita. Y cuando termina, el Abuelo se acerca al micrófono y dice: “Por el momento no voy a declarar”.
La estrategia de no hablar es para que se imponga la presunción de inocencia. Si no hay pruebas claras en su contra no necesita defenderse por los crímenes. Y, al quedarse callado, tampoco tiene que responder preguntas de los abogados de las víctimas. Pero no resulta ser la mejor decisión.
[Marcelo Parrilli]: ¿Qué ocurre? Si vos decís que no vas a declarar, entonces se incorpora lo que vos declaraste durante la instrucción, se lee lo que vos declaraste durante la instrucción.
[Mariano Pagella]: O sea, cuando lo detuvieron. Más de dos años atrás.
[Marcelo Parrilli]: Claro, lo que vos declarás o muchas veces lo que la gente declara en una oficina, con un escribiente, no es lo mismo que declararía en una sala con ochocientas personas escuchando lo que estás diciendo.
[Mariano Pagella]: Así que después de que el Abuelo dice que no va a hablar, la secretaria del tribunal comienza a leer con tono pausado y en voz alta, como para que se escuche bien y claro, todo lo que Barritta le había confesado a la fiscal Asaro y al juez Quiroga dos años atrás, cuando lo detuvieron.
En esa declaración, Barrita dijo que hacía 13 años que lideraba la hinchada de Boca Juniors “adentro del estadio”. Pero que no le gustaba que le dijeran “barra brava” porque ese era un mote puesto por el periodismo. Explicó que entre sus funciones estaba la de alentar al equipo y darles a “los muchachos” consejos, cito, “para el bien, nunca para el mal”.
También dijo que el día del superclásico se había reunido en una pizzería cerca de lo de Manzanita Santoro con varios de los integrantes de La 12, para organizar dónde poner las banderas y los globos y “hacer la fiesta” en las tribunas.
Después añadió que salieron para la cancha juntos y que llegaron un par de horas antes del comienzo. Que hubo nerviosismo porque era un Boca-River y que, durante el partido, a pesar de la derrota, todo sucedió de manera habitual. Pero al terminar, algunos barras le dijeron que había que ir a pegarles a los jugadores y otros querían ir a buscar a la barra de River. Barrita declaró que él se negó y que les dio la espalda.
[Marcelo Parrilli]: “Ellos estaban conmigo”, dijo, “yo me di vuelta en un momento para mirar hacia la cancha. Y cuando volví a mirar hacia donde estaban ellos se habían volado como si fueran palomas.”
[Mariano Pagella]: Se habían ido, “como cuando en la Plaza de Mayo se vuelan todas las palomas”. Esa es la frase exacta. Una frase que va a ser recordada por mucho tiempo.
[Gustavo Grabia]: Como diciendo. “¿qué quiere que haga? Yo no pude controlar nada porque ya ni estaban, aún cuando a ellos les había dicho que no”.
[Mariano Pagella]: Gustavo Grabia, el periodista experto en barras. Esa frase, “se volaron como palomas”, se refiere a los otros acusados pero también tiene implicaciones para la situación judicial de Barritta.
[Marcelo Parrilli]: Negaba haberlo planificado, negaba haberlo organizado ese día.
[Mariano Pagella]: Las palabras del Abuelo cambian el clima del juicio. Así lo recuerda Fernando, el amigo de Walter Vallejos, uno de los hinchas asesinados:
[Fernando Scalone]: Se empieza a escuchar que empieza a encanar. Empieza a mandar en cana a este, al otro. Empieza a culpabilizar a los mismos compañeros que hasta hace unos días se besaban y se reían. En ese momento se empezó a escuchar hasta murmullos en la sala, como diciendo: “¿Qué está diciendo? ¿Qué es lo que dijo?”.
[Marcelo Parrilli]: Causó bastante malestar y eso siguió después a lo largo del juicio, porque evidentemente estaba derivando toda la responsabilidad en sus manos derechas.
[Fernando Scalone]: Los mismos familiares, escuchando la declaración del Abuelo, empezaron a exclamar: “¿Cómo dijo esto de mi hijo, cómo dijo esto de mi hermano?”
[Gustavo Grabia]: Y se empiezan a acusar entre ellos en el juicio, que eso es una película de Hollywood, como nadie podría haber pensado.
[Fernando Scalone]: Creo que en ese momento empieza a peligrar la libertad de cada uno, y ahí era un sálvese quien pueda. Cada uno se quiso salvar su culo. “Ah, ¿vos me echás la culpa a mí? Yo te hecho la culpa a vos. Yo no estuve. No, vos estuviste. Yo no fui. Vos tiraste. Yo no tiré”. Ahí se empezó a pudrir todo.
[Mariano Pagella]: «No pude pararlos», «En la instrucción, el Abuelo los había inculpado», «La estrategia del Yo no fui». Estos son algunos de los titulares de los diarios del día siguiente, cubriendo la declaración del Abuelo.
[Gustavo Grabia]: Ahí se rompe el pacto de silencio, que hasta ahí había entre el resto de la barra, porque el resto de los barras era: “Nosotros no hicimos nada. No hicimos nada. No hicimos nada”.
[Fernando Scalone]: Y hasta en ellos mismos dejó de ser ese saludo fraternal de barra, como en la primera audiencia. De ahí en más, todos miradas con odio y a nosotros nos querían comer.
[Mariano Pagella]: Todo lo que ocurre ese segundo día del juicio es un bombazo. Pero las revelaciones no terminan ahí. Recordemos que el Abuelo decide no declarar, así que la secretaria del tribunal lee en voz alta lo que Barritta había confesado cuando lo detuvieron dos años atrás. Y en esa declaración el Abuelo no solo le soltó la mano a sus compañeros. Dijo muchas cosas más. Entregó detalles de cómo funcionaba la barra.
Contó que él, como el jefe de la 12, se reunía con los comisarios de la Policía para coordinar los operativos de seguridad de los partidos, que el presidente de Boca le daba 200 o 250 entradas para que otros barras entraran gratis, que otros dirigentes colaboraban con dinero para la barra, que le daban para los viajes al interior o para el viaje a un Mundial. En unos pocos párrafos reveló sus relaciones con el poder.
[Gustavo Grabia]: A mí me sorprendió la dimensión política y de cobertura que tenía la barra brava de Boca. Era una cosa, no sé, era como si estuvieras adelante del juicio a Don Corleone.
[Mariano Pagella]: Hacemos una última pausa y volvemos
[Diego Buenaño]: Nos llega la citación para declarar. No era opcional. Teníamos que ir a declarar sí o sí, como testigos, pero era obligación.
[Mariano Pagella]: A Diego Buenaño lo conocimos en el primer episodio. Es el hincha de River que casi se muere el día del superclásico. Nos contó cómo lo hirieron cuando iba en el camión mosquito al final del partido. Al principio pensó que era un piedrazo, pero resultó ser una bala que le perforó tres veces el intestino y entró y salió del hígado. Dos años después, los abogados de las familias se contactaron con su papá.
[Diego Buenaño]: Y ahí nos llama, bah, lo llama a mi viejo Parrilli, que era el que estaba juntando a todos los heridos y la familia de los muertos para tener una causa común, grupal.
[Mariano Pagella]: Entonces Diego fue al estudio de Parrilli para conversar sobre lo que podía aportar en el juicio.
[Diego Buenaño]: Primero hablé con una secretaria. Y yo le dije: “Mirá, yo no vi nada. Yo en ese momento sentía que no era un testigo muy válido, porque le digo “no vi nada. No, no te puedo contar nada de lo que pasó”. Y ahí ella me dice, no me acuerdo si fue él o ella, me dice: “No, no, olvídate. Nosotros lo que necesitamos es sentarte ahí para que se den cuenta que no eran barrabravas, nada más. Es todo lo que queremos”.
[Mariano Pagella]: La intención era que las juezas lo vieran a Diego y lo escucharan hablar un poco y que entendieran que las víctimas eran hinchas comunes.
[Diego Buenaño]: “Lo que necesitamos es comprobar que no fue un enfrentamiento entre barrabravas y que ustedes no son barrabravas”. Y dice: “Yo te siento ahí y se dan cuenta en tres minutos”. Le digo, “bueno, está bien, si es así voy”. Y nada, fue así.
[Mariano Pagella]: Así es que Diego, que por entonces tiene 24 años, llega a la tercera audiencia.
[Diego Buenaño]: Yo lo que sí me acuerdo, en ese momento, era que yo estaba sentado y estaba sentado como de costado. Y tenía a mi derecha las juezas y a mi izquierda, en la primera fila, estaba toda la barra, todos los acusados.
[Mariano Pagella]: El Abuelo, Manzanita… Los tiene apenas a unos metros.
[Diego Buenaño]: Y yo me acuerdo que lo único que pensaba era: “No los tengo que mirar. No los tengo que mirar”. Los miraba y decía: “Uh, los miré. No tengo que mirar de vuelta”. Los miraba de vuelta, y “uh no tengo que mirar”. Era todo lo que pensaba, que no los quería mirar. Y yo creo que más por miedo que por otra cosa.
[Mariano Pagella]: Las juezas le preguntan a Diego cosas básicas: si puede describir el hecho, si puede reconocer a alguno de los que están ahí. Diego contesta que no, y eso es todo.
[Diego Buenaño]: Yo estaba en: “Me quiero ir, yo me quiero a mi casa. Ya está. Terminó. Para mí terminó”.
[Mariano Pagella]: Y termina para él. Pero Diego no es la única víctima. Hablan nueve heridos más ese día y en las siguientes audiencias se suman otros hinchas que estuvieron en la esquina de Huergo y Brasil, donde se produjeron los disparos. La mayoría de ellos se habían colgado del camión para salir de la zona de la Bombonera. El relato más impactante es el de Juan Ramón Fernández, que contó ante la audiencia cómo acompañó a uno de sus amigos, gravemente herido.
En una de las aceleradas, Juan Ramón casi se cayó del camión. Se raspó una pierna pero lo ayudaron a subir. Cuando ya estaba arriba vio que adelante un hombre con la camiseta de Boca se arrodillaba y disparaba un arma.
En ese momento se dio cuenta de que uno de sus amigos estaba todo ensangrentado con un orificio de bala en el pecho. Lo agarró, los dos se tiraron del camión, rodaron por el piso y terminaron desparramados contra un paredón.
A esa altura, las ropas de los dos estaban todas manchadas de sangre. Cuando estaban tirados y todavía sin poder reaccionar, dos barras armados se le acercaron, los miraron y uno le dijo al otro: “Dejalos, que estos dos ya son boleta”. Es decir, que no les dispararon porque los dieron por muertos.
Los relatos de las víctimas se escuchan en distintas audiencias. Muestran el miedo y el horror de los ataques. A medida que eso va saliendo a la luz, la situación de los barras se complica aún más. Hay muchas pruebas y testimonios en su contra pero todavía falta el más contundente.
[Audio de archivo]: No encuentran al testigo clave. La estrategia de la defensa fue pedir la nulidad del testimonio del arrepentido. Pero el tribunal resolvió considerarlo el 26, el día que está citado a declarar
[Mariano Pagella]: Están hablando de Darío Vesselizza Randi, el barra arrepentido, que ya escuchamos en el episodio 4.
Darío es una especie de fantasma. En su declaración ante el juez Quiroga tres años antes, había dado detalles de cómo habían ocurrido las cosas en la escena del crimen que perjudicaban a los acusados. Pero ahora, cuando se acerca su turno de declarar en el juicio, no lo encuentran.
[Audio de archivo]: Hay que esperar que declaren los imputados y ver cómo se va desarrollando el juicio y pedir la nulidad de la declaración de este muchacho Vesselizza Randi, que no se lo puede localizar porque es la columna vertebral de todo el juicio. Y ese hombre más que testigo se va a ir de acá como imputado procesado por falso testimonio. Y si esa persona no está yo creo que este debate tiene que terminar ahora.
[Mariano Pagella]: Los abogados de los barras hablan así sobre Darío en los medios. Es probable que busquen intimidarlo para que no se presente o, para que en caso de que vaya, esté más nervioso y se contradiga. Faltan pocos días para su declaración y Darío no aparece. La policía lo va a buscar hasta la casa de la abuela. Pero ella tampoco tiene idea de dónde está y dice que ya no tiene relación con él. Después mandan un oficio judicial a una empresa en la que supuestamente trabaja pero no lo conoce nadie. Van también a los dos domicilios que aparecían en el registro electoral y nada. Le piden información a la agencia previsional, a la de migraciones y hasta encuentran la casa de la madre en el interior de la provincia de Buenos Aires y tampoco surge ninguna pista.
Todos lo están buscando hasta que un día, cuando falta menos de una semana para la fecha en la que se tiene que presentar, Darío aparece en la portada del diario deportivo Olé, donde trabaja Gustavo Grabia.
[Gustavo Grabia]: Y en el medio de todo eso, bueno, nosotros habíamos conseguido la primicia de saber quién era el testigo protegido de la fiscalía, que era Darío Vesselizza Randi, que nosotros lo logramos ubicar.
[Mariano Pagella]: En ese reportaje aparece una foto de Darío tapándose la cara con las dos manos, apoyando los codos en la mesa de un bar. Tiene una remera negra y un buzo rojo encima de los hombros. Darío cuenta algunas cosas de lo que le había dicho al juez Quiroga en su declaración. Dice que no sabe si irá a los tribunales y explica que le tiene más miedo a los policías que a los barras. Por eso Gustavo tampoco sabía si Randi iba a presentarse a la audiencia.
[Gustavo Grabia]: Y claro, la expectativa estaba en ver primero si iba a ir a declarar. Porque nunca sabés hasta dónde un testigo protegido no se te da vuelta el día anterior o las horas anteriores dice “yo no declaro nada, me agarró miedo”, o “ustedes me prometió tal cosa y no me cumplieron”. Hay un montón de circunstancias que uno no maneja y no sabe qué va a pasar.
[Mariano Pagella]: Así llegamos a la mañana del 26 de marzo de 1997, casi dos semanas desde que empezó el juicio. Dentro del tribunal comienzan las discusiones sobre qué hacer con el testimonio que había dado Darío en la instrucción. Si él no aparece y su declaración no se incorpora, los barras podrían tener una sentencia más benévola. Entonces los abogados de los barras quieren que las juezas declaren inválido su testimonio.
[Marcelo Parrilli]: Lo impugnaron y pidieron la nulidad de su declaración diciendo que era un agente policial infiltrado, un servicio, etcétera, todo lo cual no hubiera anulado el testimonio.
[Mariano Pagella]: Las juezas llaman a un receso para resolver ese planteo. Pero cerca del mediodía, cuando se reanuda la audiencia, una noticia hace que el debate ya no tenga importancia: la secretaria avisa que Darío apareció.
[Marcelo Parrilli]: En 47 años que tengo de ejercicio de la abogacía, todos los testigos críticos a favor o en contra en un juicio, siempre aparecieron. Siempre. Aun cuando hiciera años que no se sabía ni dónde estaban ni dónde vivían, el día del juicio aparecían.
[Mariano Pagella]: Después del anuncio, un hombre bajo, de ojos celestes, bien vestido y con un corte de pelo prolijo entra mirando hacia el frente y camina hacia las juezas.
[Gustavo Grabia]: Y lo primero que sentimos cuando lo anuncian y entra caminando, fue: “Okey, no nos vendieron pescado podrido”.
[Mariano Pagella]: Darío pasa por al lado de las familias de los acusados y de las víctimas. Después pasa por al lado de los barras y finalmente llega a la mesa donde está el micrófono. Ahí, frente a todo el mundo se le escucha por primera vez la voz.
[Darío Vesseliza Randi]: Mi nombre es Darío Randi y a mí me tocó ser testigo del asesinato de Delgado y Vallejos a posteriori de un clásico de Boca River.
[Mariano Pagella]: El relato de Darío, en primera persona, con todos los detalles de lo que pasó ese 30 de abril, en el próximo episodio de Superclásico 94.
[Silvia Viñas]: Superclásico 94 es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios, y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio.
Esta serie fue producida por Mariano Pagella, Alejandro Marinelli y Sergio Renna.
Los editores fuimos Pablo Argüelles, Daniel Alarcón y yo.
La verificación de datos es de Ana Prieto.
Mariano hizo el diseño de sonido, con música original de Nicolas Pagella, quien también compuso el tema musical de la serie. Martín Cruz estuvo a cargo de la mezcla de sonido y masterización.
La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. La producción digital la hizo Andrés Centeno con Óscar Luna.
La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.
Carolina Guerrero es la CEO de Radio Ambulante Studios.
En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gomez.
Radio Ambulante Studios produce y mezcla sus podcasts en el programa Hindenburg PRO.
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Soy Silvia Viñas. Gracias por escuchar.