[Gustavo Grabia]: El testigo protegido, que era Darío Vesselizza Randi, aparece y después cuando habla se produce, digamos, toda una especie de frío de escalpelo que les va pasando, más que nada, a los abogados defensores por la espalda diciendo, “che, me parece que después de esto lo tenemos perdido”.
[Silvia Viñas]: Darío Vesselizza Randi, el barra de Boca arrepentido, fue el testigo clave en el juicio. Sus declaraciones parecen haber definido la suerte de los barras acusados por el doble homicidio y por las lesiones a los otros hinchas. Hay detalles suficientes como para condenar a varios de ellos. Pero falta que se defina qué va a pasar con el Abuelo, el jefe de la barra de Boca. Lo acusan de liderar una asociación ilícita, o sea un grupo creado para cometer delitos. Algo que había comenzado hacía ya muchos años. Lo contó el periodista Gustavo Grabia hace ya varios episodios y vale la pena repasarlo: a inicios de los años 80, la barra brava de Boca era liderada por Quique El Carnicero y lentamente el Abuelo empezó a desafiarlo.
[Gustavo Grabia]: La diferencia es que José Barritta ve que hay un negocio que Quique, además, guardaba todo el poder para el barrio de la Boca y no repartía.
[Silvia Viñas]: Quique recaudaba dinero de los jugadores, de los locales cercanos al estadio y entradas. Pero todo ese botín se lo quedaban él y su grupo más cercano. Y los barras que se quedaban afuera, no estaban contentos. Pero no había nadie que se animara a reclamar por todos. Hasta que el Abuelo comenzó a armar su plan para dar el golpe.
[Gustavo Grabia]: Él va relacionándose con las otras facciones de la barra brava de Boca, la de San Martín, la de Lomas de Zamora, la de Banfield y Temperley, la de Flores de Capital. Bueno, la de los distintos barrios que cada una tenía sus referentes y va armando un ejército durante un año y medio.
[Silvia Viñas]: Y les prometió que con él de jefe de la barra iba a haber suficiente dinero para todos. Porque entendió que Boca podía generar negocios a otra escala. El Abuelo le quitó el poder a Quique en 1981, a la fuerza. Y el futuro que imaginaba para la 12 iba a estar alimentado por el miedo.
[Gustavo Grabia]: Entonces dice, “che, bueno, acá hay concesionarios que venden comida dentro de la cancha, pero comida también afuera de la cancha. Bueno, ¿quieren trabajar tranquilos?. Van a tener que dejarle un dinero a la barra”. Con Barritta empiezan cobrando al que vendía el gorro, bandera y vincha. El estacionamiento en las calles, tarifado, que es una tarifa que pone la barra, es un nuevo negocio que genera Barritta.
[Silvia Viñas]: Todos los que querían hacer negocios alrededor y dentro del estadio tenían que entregar una parte de lo que recaudaban. El Abuelo también apretaba a los dirigentes del equipo para que le dieran entradas a la barra. Y los técnicos y jugadores le aportaban dinero. Pero, bajo su liderazgo, La 12 no se quedó en eso. Había que inventarse más negocios para sostener una estructura que crecía y crecía.
[Gustavo Grabia]: Con las primeras ganancias de la barra él adquiere taxis. La idea de la barra de Boca era hasta tener una flota de taxis para dárselos a trabajar a algunos de los barras y que se mantuvieran con esa plata.
[Silvia Viñas]: Así, la barra se convirtió en un grupo que no paraba de recaudar. Muchas personas sufrieron extorsiones, entregaron plata contra su voluntad, pero nunca se habían animado a alzar la voz hasta el juicio por el doble homicidio de los hinchas de River.
Desde Central Series y Radio Ambulante Studios, soy Silvia Viñas y esto es “Superclásico 94”.
Episodio 9: La condena
La barra de Boca ya había ganado legitimidad y poder años antes de los crímenes de Ángel Delgado y Walter Vallejos. Lo escuchamos al comienzo de la serie, pero para entender el destino de Jose Barritta en el juicio, vale la pena repasar algunos de esos detalles y contarles otros nuevos…
Recordemos que el Abuelo era tan poderoso que lideraba a las barras de todos los otros clubes argentinos en los mundiales. Como en el de México en el 86, cuando la selección argentina salió campeona. Hizo lo mismo en la Copa del Mundo de Italia, en el 90.
[Gustavo Grabia]: Era una, una barra que tenía, digamos, no sólo el fervor popular que los acompañaba. Hay que situarse en esa época, digo, una barra argentina, estando en los estadios siguiendo a la Selección con el apoyo de los jugadores. Era una barra que tenía mucho consenso social, aunque hoy pueda parecer raro.
[Silvia Viñas]: Sigue la historia Mariano Pagella.
[Mariano Pagella]: Una barra con consenso social. Examinemos la frase. Para principios de los 90, la 12 es una máquina bien engrasada. Sus tropas están alineadas, sin divisiones. Tiene relación con la policía y con sectores políticos. Los dirigentes del club la necesitan para motivar al equipo en la cancha. Y ahora, esa barra “confiable” que tiene muchos negocios, decide dar un paso más, uno que le permita aparentar que todas sus actividades son legales.
[Gustavo Grabia]: La Fundación Número 12 fue una creación, en realidad, es una creación de la barra de Boca, pero por consejo de otros, que le dicen: “che, se empieza a facturar mucho, mucho dinero, que empiezan a recibir por cuestiones ilegales. Hay que blanquearlo de alguna manera”.
[Mariano Pagella]: Pero crear una fundación es un proceso engorroso. Para saltarse la burocracia hace falta la ayuda de gente con poder y contactos. Y el Abuelo conoce a esa gente.
[Gustavo Grabia]: Eso le viene al Abuelo con recomendación política. Ellos entraron como si fuera por una ventanilla absolutamente VIP, a punto tal que desde que se presentó el proyecto hasta que le dieron la personería pasaron solamente tres meses.
[Mariano Pagella]: Y no sólo eso.
[Gustavo Grabia]: Le dan la personería el 3 de abril de 1991. ¿Por qué marco esto? Porque es el mismo día que cumple años Boca. Hay como determinados símbolos que te vas dando cuenta que tenían un tratamiento especial.
[Mariano Pagella]: Así de estrechas son por entonces las relaciones entre la barra y el Estado. Como presidente de la fundación El Jugador Número 12 aparece, por supuesto, José Barritta. La sede está en un domicilio en Villa Lugano, en la calle Araujo, que es la casa de la familia Di Zeo. Di Zeo. Recuerden ese apellido que va a ser muy importante en el final de esta historia. Al crearse, una fundación tiene que definir el objetivo económico que va a tener. Pero a la 12 se le complica explicar cuál va a ser.
[Gustavo Grabia]: El objeto que ellos ponen como objeto social era la ayuda benéfica a todo aquel que lo necesitara. Es indeterminado, es una ayuda benéfica absolutamente indeterminada.
[Mariano Pagella]: Pensemos esto. Una barra que extorsiona y agrede a hinchas rivales, con miembros que pasaron por la cárcel, de repente arma una institución para hacer beneficencia. Y el Estado le pone la firma a todo eso. Y así, la Fundación El Jugador Número 12 empieza sus actividades: una entrega de juguetes a niños abandonados, una campaña de reparto de panfletos para prevención del VIH. Pero la filantropía no se queda ahí. Los días de partido en la Bombonera, el Abuelo baja a la cancha y, frente a todo el estadio, le entrega reconocimientos a los dirigentes del club y a los jugadores que donaron dinero a la barra.
[Gustavo Grabia]: El aporte más grande lo había hecho Roberto Cabañas, que jugaba en Boca en aquel momento. Había aportes de Márcico, de Alberto José Márcico. Había aportes de Blas Giunta. De los del plantel que yo recuerdo eran los tres más importantes.
[Mariano Pagella]: Márcico, Cabañas y Giunta son jugadores importantes del equipo, y los que más vínculos tienen con la barra.
[Gustavo Grabia]: En aquel momento Boca tenía como una división, el plantel. Estaban los halcones y las palomas. Era como el grupo de Cabañas y Márcico, por un lado, y el grupo del Navarro Montoya, por ponerlo, del otro.
[Mariano Pagella]: Carlos Navarro Montoya es otro jugador de Boca en esa época. Y forma parte de los que no colaboran con dinero para la barra.
[Gustavo Grabia]: Cuando vos veías la lista de aportantes, los que más aportaban eran los que estaban involucrados supuestamente en esa, en esa pelea bajo el nombre de los halcones.
[Mariano Pagella]: Pero la lista de los que entregan dinero es más larga.
[Gustavo Grabia]: Después había dirigentes que habían aportado. Estaban los concesionarios de todos los puestos de Boca que habían aportado. Y había algún conductor de televisión importante también.
[Mariano Pagella]: La mayoría de ellos son los que luego reciben reconocimientos “benéficos” por parte de La 12. Pero esa luna de miel entre la barra, dirigentes y algunos jugadores no va a durar para siempre. Para empezar, en esa misma época, las drogas entran fuerte a la tribuna de la 12. Algunos de los hombres más cercanos al Abuelo, como Bolita Niponi, caen en una espiral de consumo que los vuelve poco predecibles. Y entonces…
[Gustavo Grabia]: Había como todo un andamiaje que se estaba, que estaba crujiendo, más que nada porque la violencia del fútbol pasaba a ser tapa todos los domingos de los partidos. Todos los domingos había un hecho y la gran mayoría de los hechos los generaba la barra de Boca.
[Mariano Pagella]: Y en algunas de esas peleas con otras barras comenzaban a usarse armas de fuego.
[Gustavo Grabia]: Y eso, bueno, le generaba un dolor de cabeza a la policía y al gobierno.
[Mariano Pagella]: Nadie quiere que haya violencia. Sobre todo una violencia fuera de control. Distintos sectores del poder político y dirigencial le empiezan a exigir al Abuelo que ponga orden.
[Gustavo Grabia]: El Abuelo es como que decía: “yo los voy a controlar”. Recibía la orden. El Abuelo decía: “quédense tranquilos, yo puedo”. Pero después se le escapaban de las manos. Y eso le va haciendo perder al mismo tiempo como esa espalda política que le cubría a la barra de Boca todo este tipo de negocios.
[Mariano Pagella]: El Abuelo y la 12 están perdiendo los consensos que les daban impunidad frente al poder. Se está convirtiendo en un grupo demasiado incómodo e impredecible. Hacemos una pausa y volvemos.
[Mariano Pagella]: Entonces, a comienzos de los 90, la barra del Abuelo rápidamente pasa de tener legitimidad, apoyo social y de dirigentes y políticos, a ser un imperio que se tambalea a causa de la violencia. Es entonces que la policía deja de tratar a la barra como lo hacía antes.
[Gustavo Grabia]: En cada hecho de violencia que se va a producir, y son muchos, y muy feroces, ya no pasaba lo que ocurría en los años previos en que nadie de Boca terminaba en la comisaría.
[Mariano Pagella]: Ahora, incluso los barras cercanos al Abuelo son detenidos.
[Gustavo Grabia]: Que quizá después salían, pero que iban a terminar siendo fichados.
[Mariano Pagella]: Mientras tanto, la justicia pide a la policía federal que haga un informe sobre la Fundación Número 12. Y ese informe describe en detalle los movimientos de la barra.
[Gustavo Grabia]: Extorsiones, reventa de entradas, trapito, merchandising ilegal, bueno, y todos los negocios que La 12 tenía.
[Mariano Pagella]: En otro momento el informe se hubiera edulcorado o se hubiera perdido en algún cajón, pero ahora hay una decisión política de avanzar.
[Gustavo Grabia]: Y a partir de ahí la fundación pierde la personería y ya queda desarticulada.
[Mariano Pagella]: El gobierno cierra la fundación en el 93, sólo dos años después de su creación. Y esta decisión da una pista de lo que le esperaba al Abuelo.
Así que, es junio del 93. El Abuelo intenta mantenerse firme como el líder de La 12 pero algunos de sus barras están cada vez más desbocados. Falta menos de un año para el superclásico del 30 de abril de 1994. Y de ahora hasta ese día va a pasar de todo.
Hubo incidentes en varios partidos de las eliminatorias sudamericanas para el mundial 94, pero el más grave ocurrió el 17 de noviembre. Estamos hablando de un partido de la selección que se jugó en el estadio de River. Era el repechaje de la selección argentina, no del torneo local de clubes. Y no sólo eso, marcaba el regreso de Maradona, que se había retirado de la selección después de perder la final de Italia 90.
Recordemos que en ese tiempo la barra de Boca lidera a las de todos los clubes cuando juega Argentina.
[Gustavo Grabia]: Se armó un lío afuera de la cancha tremendo que le generó mucho ruido al Abuelo.
[Mariano Pagella]: Diarios de la época reportan que una batalla entre barrabravas de Boca, River y Racing deja a cuatro heridos de bala, más de 400 detenidos y 12 policías internados. Argentina clasifica al Mundial pero el triunfo queda algo opacado por el enfrentamiento en las calles.
[Gustavo Grabia]: Era todo una locura. Todo ese, ese cúmulo de, de hechos fue lo que hizo que, que se dieran cuenta que al Abuelo era difícil sostenerlo, porque el Abuelo ya no podía controlar, eh, a su gente.
[Mariano Pagella]: Con todo ese clima detrás llegamos a la batalla de Desaguadero, que contamos en el episodio 3, cuando las barras de Boca e Independiente se cruzan en febrero de 1994 en Mendoza. Ahí no hay solo palazos, puñetazos y corridas. Se cuentan cientos de disparos. El resultado: quince heridos de Boca y dos de Independiente.
[Gustavo Grabia]: Fíjate que a esa altura todavía el Abuelo tenía cierta protección, porque se llevan a barras detenidos y el Abuelo no queda detenido.
[Mariano Pagella]: Bueno, sí lo detienen, pero lo liberan al día siguiente. Por alguna razón todavía le dan una chance más. Pero la iba a gastar menos de tres meses después.
[Gustavo Grabia]: Se veía venir lo que iba a pasar, que finalmente son los crímenes de, muy poquito tiempo después, de Delgado y Vallejos.
[Mariano Pagella]: Y así volvemos al juicio de 1997, que empieza por ese crimen. Como vimos en el episodio pasado, ya está clara la suerte de los barras que participaron. Pero falta que se defina qué va a pasar con el Abuelo, acusado de extorsión y de liderar una asociación ilícita. Entonces ahora van a desfilar frente a las juezas las supuestas víctimas de esas extorsiones: dirigentes, jugadores, personajes famosos. No todos van a decir lo mismo.
[Audio de archivo]
Periodista: ¿Usted ha recibido señor Alegre en su despacho a El Abuelo?
Antonio Alegre: No, mentira señora, yo lo he recibido en mi casa un día a el Abuelo.
Periodista: Ajá, ¿por qué lo ha recibido en su casa?
Alegre: Para neutralizar todo lo que sucedía en Boca Juniors durante tres años y medio, cuatro.
[Mariano Pagella]: Esta voz es la de Antonio Alegre, que en ese momento era presidente de Boca. Una periodista lo entrevistó en la calle cuando fue a declarar en el 94 por los crímenes del superclásico. Cuando Alegre asumió su cargo como presidente del club en el 85, el Abuelo ya era el líder indiscutido de la 12 y esos primeros años tuvo que gobernar negociando con él.
[Audio de archivo]
Periodista: ¿Una manera de neutralizar era entregándoles por ejemplo 250 entradas?
Alegre: No, señora, en la vida dialogando se arreglan la cosas.
Periodista: ¿Por qué entonces le entregaban las 250 entradas?
[Mariano Pagella]: Esta última pregunta que la periodista le hace es precisamente la que Alegre y el vicepresidente de Boca, Carlos Heller, van a tener que responder en el juicio. Lo que le daban a la barra y por qué se lo daban.
Alegre y Heller son empresarios. Para 1997 ya no son dirigentes del club. Dejaron su cargo en el 95. La relación que la barra tenía con cada uno de ellos era muy diferente. Alegre tenía un vínculo más… cordial. Heller, no tanto. Porque a la barra no le simpatizaba mucho su origen judío y que fuera miembro del Partido Comunista. Y las barras, en su mayoría, simpatizaban con el peronismo, el partido que gobernaba por entonces y que era más bien nacionalista.
La tarde del 11 de abril de 1997, Alegre y Heller llegan a los tribunales para dar sus testimonios. Después de algunas audiencias con menos público, ese día la sala vuelve a estar casi llena. El vice, Heller, declara primero. Dice que él y Alegre tuvieron tensiones con la 12 desde el mismo momento en que ganaron las elecciones de 1986 para dirigir el club. Incluso que la noche del escrutinio la barra les tiró piedras.
[Gustavo Grabia]: Es más, Heller cuenta que una hija de él termina herida en esa agresión.
[Mariano Pagella]: Un piedrazo le cortó la ceja izquierda. Fue un aviso de cómo iban a ser las cosas. Es que la barra no quería a Alegre y a Heller como dirigentes. El candidato que prefería la 12 era Alberto Armando, que había sido presidente en la época de Quique el Carnicero. Después, Heller le contó a las juezas cómo la 12 los presionaba constantemente para que les “donaran” entradas al estadio.
[Gustavo Grabia]: Y hasta hace un relato de un hecho de violencia cuando ellos deciden no darle más o no darle una determinada cantidad, porque Boca estaba muy mal económicamente, y cómo los agreden.
[Mariano Pagella]: Ese ataque fue en la entrada del estadio. Ahí, un grupo de barras rodeó a Heller para intimidarlo, tocando bombos, y uno de ellos se le acercó y le dió un golpe en la cara. Cuando él buscó ayuda nadie lo ayudó. Los policías que estaban en la zona habían desaparecido.
En el juicio, Heller pasa a contar cómo la barra le rompió el automóvil varias veces y cómo la tensión por el tema de las entradas escaló tanto hasta que en 1990 la comisión directiva del club se rindió y decidió darle a los barras lo que éstos tanto le exigían.
Heller declara que el que propuso esta capitulación fue Alegre, el presidente de Boca, y que él se negó pero que lo acompañó en la decisión. Al final de su declaración, deja claro que no daban las entradas por “buena voluntad”.
[Gustavo Grabia]: Esa declaración el tribunal la valora muchísimo después, porque la valora como la extorsión y como parte del mecanismo de la asociación ilícita.
[Mariano Pagella]: Ahora hay que ver qué dice Alegre de todo esto. Alegre comienza su declaración con esta frase: “Yo no tengo enemigos, solo amigos. Fui presidente desde 1986. Antes iba a la popular al lado de la barra, así que los conozco bien. Son hinchas distintos a los comunes, son más fuertes que otros y alientan más al equipo y animan a la hinchada”.
[Gustavo Grabia]: Él deja en claro que es casi un gesto de buena voluntad para los muchachos, y ese grupo merece un tratamiento especial por fuera de los otros socios y que por eso se le daban las entradas y se facilitaban los micros para que fueran de visitante.
[Mariano Pagella]: Algo bastante distinto a lo que había dicho Heller.
[Gustavo Grabia]: Alegre hace una declaración para mí autoincriminatoria, porque reconoce que le dan entradas a la barra, pero no, pero en ningún momento él dice que esto se hace a cambio de, o para no sentir temor, o a cambio de amenazas.
[Mariano Pagella]: Cuando el fiscal le pregunta sobre la decisión de darle entradas a la barra, Alegre cuenta que había invitado a el Abuelo a su casa y que en una larga conversación decidió darle entre 200 y 250 entradas para los barras que no tuvieran cómo pagar.
Por el estrado también pasa el que era presidente de Boca en 1997: Mauricio Macri. Puede ser que les suene conocido: fue presidente de Argentina entre el 2015 y el 2019. Pero antes hizo una exitosa carrera como dirigente. En el 97, cuando las juezas le preguntan si conoce a los integrantes de la 12, Macri dice: “Tomamos contacto con varios grupos pero no con alguno llamado la 12 o no sé qué”. Una declaración al menos extraña. Que diga que no le daba entradas es una cosa, que no sepa quiénes son es otra.
Después viene el turno de jugadores y técnicos de Boca. Se da la curiosidad de que Carlos Bilardo y César Menotti, dos técnicos campeones del mundo con la Selección y que siempre tuvieron un enfrentamiento irreconciliable, coinciden en su declaración en el juicio. Para los dos, Barritta es, cito, “una persona pacífica, un hincha de fútbol más”. Bilardo, incluso, dice que es “amigo” de Barritta, que cenaba seguido con él.
[Gustavo Grabia]: Todos los que son jugadores, ex jugadores, todos hablaban como: «ah, bueno, los aportes eran voluntarios a la barra». Reconocían el aporte, reconocían las colectas. Pero ellos siempre dijeron que no, que —por lo menos en el juicio— que eso no, no provenía de una actitud extorsiva de los barras, sino que era a voluntad entre todos los jugadores.
[Mariano Pagella]: Al ex ídolo de Boca y de la hinchada, Alberto Márcico, también lo citan. Él es uno de los “halcones” que mencionó Gustavo Grabia antes; o sea, del grupo de jugadores más cercanos a la barra. Márcico declara que colabora con la barra “de buena onda”. Otros jugadores pasan frente a las juezas y dicen algo bastante similar.
[Gustavo Grabia]: Yo entiendo a los jugadores, porque en definitiva son los que están todos los días ahí, ¿no? Por más que vos lo tuvieras en el juicio, eh, después los que estaban afuera eran amigos de estos. Qué sé yo, tenés que entrenar y verle la cara. No sé, uno pediría que los jugadores declaren de otra manera, pero teniendo en cuenta la red de complicidades que tienen los barras, era difícil que eso fuera a suceder.
[Mariano Pagella]: Pero las declaraciones más condenatorias son de los que tienen menos poder para enfrentar a los barras, los que más costos pueden pagar.
[Gustavo Grabia]: Son importantes los testimonios de los concesionarios de los puestos, que yo nunca pensé que iban a decir que eran extorsionados para entregarle a la barra.
[Mariano Pagella]: Son los que tienen los puestos de venta de comida en el estadio. Están todo el día en el club y pueden sufrir represalias. Pero igual se animan.
[Gustavo Grabia]: Dijeron, claramente, el que tenía los puestitos que había antes en la cancha de comida y bebida, esos puestos de chapa, ellos dijeron que no, no daban a voluntad, que daban porque tenían que dar, porque si no les rompían todo el quiosco. Dijeron: «a nosotros nos extorsionan, a nosotros nos rompen todo si no les damos». Y eso me parece que fue algo, digamos, se ponderó mucho más eso que creer que el jugador lo había hecho bajo su propia voluntad.
[Mariano Pagella]: O sea, según Grabia, las juezas le dieron más peso a los testimonios de los vendedores de los puestos que a las declaraciones de los jugadores y los técnicos.
[Gustavo Grabia]: Y hoy los jugadores cuando son apretados, son apretados y después no declaran que han sido apretados. Salvo cuando se van del club, mucho tiempo después, pero a la justicia nunca le dicen eso.
[Mariano Pagella]: Hacemos una última pausa y, a la vuelta, el destino de los barras y el Abuelo.
[Mariano Pagella]: Después de dos meses de audiencias, por fin llegamos al viernes 16 de mayo de 1997, el día que se escuchará la sentencia. Una vez más la sala está repleta. Familiares de las víctimas y de los barras, varios barrabravas de Boca, decenas de periodistas y personas del público se acomodan en los largos bancos de madera. Es el momento más difícil. Ya está todo dicho, no se puede modificar nada. La decisión de las juezas no dejará conformes a todos.
[Marcelo Parrilli]: Yo creo que muchos de ellos no pensaban que iban a ser condenados.
[Mariano Pagella]: Él es Marcelo Parrilli, el abogado de Ángel Delgado, Walter Vallejos y dos heridos. Y agrega algo que sirve para entender qué esperaban los barras ese día.
[Marcelo Parrilli]: Por más que ellas se sepan culpables, las personas acusadas en un proceso penal normalmente lo niegan. Después de ese proceso se va acentuando y al final, hasta casi como que terminan convencidas que no hicieron nada o que lo que hicieron es mucho menor. O que lo que hicieron, que además es mucho menor, no se lo pudieron probar.
[Mariano Pagella]: Por esa mezcla de negación, dudas y ansiedades por la sentencia, se produce una escena que Parrilli no se va a olvidar. Solo faltan unos minutos para que las juezas entren a la sala y uno de los acusados se le acerca.
[Marcelo Parrilli]: Pasillo de por medio de donde se sentaban los los imputados se sentaba Cáceres Romero.
[Mariano Pagella]: Freddy Cáceres Romero es Bolita Niponi, uno de los miembros más violentos de la 12. Acusado de dispararle a los hinchas que iban en el camión.
[Marcelo Parrilli]: En un momento me me llama. Yo primero no quería hablar con él. Aparte, estaba el abogado defensor. Me dice cómo veía yo el juicio. Y le digo: “no, mire, eso yo no le puedo decir, este, cómo lo veo. Usted tiene su abogado defensor que ya le debe haber explicado todo, lo debe haber instruido”.
[Mariano Pagella]: Bolita Niponi le responde que su abogado le aseguró que esa tarde saldrá libre a su casa. Y le vuelve a pedir a Parrilli que por favor le diga si él piensa lo mismo.
[Marcelo Parrilli]: Le digo, yo lo veo distinto.
[Mariano Pagella]: La conversación se termina ahí. Ninguno dice una palabra más. Tampoco hay mucho tiempo. Las juezas entran a la sala y todos deben ponerse de pie. Después de unos segundos, los murmullos se disipan.
La jueza Poerio de Arslanian comienza su lectura. Explica algunos detalles formales, y dice que no acepta el pedido de los abogados de los barras acusados para declarar nulo el testimonio de Darío Vesselizza Randi, el barra arrepentido. Esa noticia es la antesala de lo que va a venir.
Como si con su tono monocorde quisiera quitarle importancia, la jueza llega al momento más esperado. Y lee los primeros nombres: “Corbacho” Villagarcía, “Manzanita” Santoro, Marcelo Aravena, Bolita Niponi y “Gomina” Almirón son condenados por homicidio, por intento de homicidio y por asociación ilícita, a 20 años de prisión.
[Fernando Scalone]: A medida que iban individualizando cada uno eran gritos de: “no puede ser. ¿Cómo le van a hacer esto? Él no fue”. Gritos de los propios familiares de ellos.
[Mariano Pagella]: Fernando Scalone, el amigo de Walter Vallejos, se emociona aún hoy al recordar ese momento.
A otro barra, Danny Silva, le dan 15 años porque lo condenan por homicidio pero lo absuelven por asociación ilícita. Con el “Uruguayo” Bellusci Martínez y el “Chino” Allende pasa al revés: los absuelven de los asesinatos pero los condenan por asociación ilícita. Reciben 5 años de prisión.
Ahora falta el Abuelo. Barritta espera en el mismo asiento en el que estuvo todo el juicio. Primero la jueza lo absuelve por el delito de extorsión contra los vendedores del estadio. Los familiares del Abuelo se alegran.
Se vuelve a hacer silencio y la jueza continúa. Dice que el tribunal resuelve “condenar” a Barritta por el delito de asociación ilícita, en carácter de jefe u organizador y por extorsionar a los dirigentes de Boca. Pero el golpe más fuerte llega un instante después cuando se escucha la pena: al Abuelo le dan 13 años de prisión. Mucho más de lo que esperaba. Es la confirmación de que le soltaron la mano. Esta vez nadie lo va a poder salvar.
[Gustavo Grabia]: Yo creo que José Barritta se sorprende porque no era lo que esperaban. Los abogados siempre prometen cosas que después no se cumplen. Como tenía una promesa de que le iban a dar entre seis y siete años, y él ya había pasado un tiempo en prisión, con lo cual, como mucho le iban a quedar unos meses para poder salir.
[Mariano Pagella]: Pero no fue así.
[Gustavo Grabia]: La cara de Barritta fue muy elocuente de su decepción. Porque además era una decepción de alguien que había traicionado a sus compañeros supuestamente para quedar libre y le tiraron 13 años.
[Fernando Scalone]: Cuando terminaron de dictar la sentencia de todos y se apoyó el martillo, nosotros nos abrazamos, me acuerdo. Llorábamos, llorábamos.
[Mariano Pagella]: Era el momento que los familiares, los amigos de las víctimas y los sobrevivientes habían esperado por tanto tiempo.
[Fernando Scalone]: Estábamos llorando mientras en la sala abundaban los gritos, los llantos, pero de la gente que sabía que iba a pasar la mayoría de su vida en cana.
[Gustavo Grabia]: El día de los alegatos, a ver, todos sabíamos que iban a ser condenados. Pero una cosa es saberlo y otra cosa es presenciarlo, ver las reacciones de quienes van a ser condenados a penas altísimas. Yo recuerdo que se quebraron más los familiares de alguno de los que fueron condenados que los propios condenados. Había algunos que siempre miraron desafiantes todo el tiempo.
[Fernando Scalone]: Nos tuvieron que sacar porque nos querían agredir, y tendiendo toda una sala en contra de nosotros, tres, cuatro éramos. Nos metieron en un cuartito, porque salíamos y nos escupían, nos insultaban. Y nos metieron en un cuartito con el tío de él, a mí, la hermana. Nada, ahí nos nos abrazamos y pensábamos que se había hecho justicia.
[Mariano Pagella]: Esa misma noche los siete condenados vuelven a la cárcel. Pero ahora para cumplir con sus penas. Al Abuelo lo trasladan al penal de Devoto, a 15 kilómetros de los tribunales. La estrategia que lo había llevado a la cima de la 12 fue la que lo condenó. El dinero que le había servido para ganarle la barra a Quique el Carnicero después se convirtió en una necesidad sin límites, su talón de Aquiles.
Su reinado había terminado.
Esa misma noche también juega Boca en La Bombonera contra Banfield. En el centro de la tribuna lo que queda de la barra deja un espacio vacío en protesta por la sentencia. Cantan en contra del gobierno nacional, de River y piden la libertad de todos los integrantes de La 12 presos.
El resultado del juicio no solo deja al Abuelo tras las rejas. También quedan presos todos los integrantes del círculo más íntimo, sus lugartenientes. La 12 queda sin alguien que la dirija desde ese paravalanchas principal de la tribuna.
[Gustavo Grabia]: Una tribuna como la de Boca no puede quedar a la vera a la vera de Dios porque lo que se va a producir es una guerra para ver quién se queda con ese con ese botín.
[Mariano Pagella]: Como cada vez que el poder se pone en juego en una barra, no se va a resolver de manera pacífica. Vamos a conocer al nuevo líder de la 12 y qué aprendió de la caída del Abuelo.
[Gustavo Grabia]: Si había alguien que se iba de la línea que él trazaba, no reaccionaba y volvía a cometer algún error, se le soltaba la mano, cosa que el Abuelo no había hecho nunca.
[Mariano Pagella]: La escalada de violencia por el control de la 12, su evolución y su impacto aún hoy en el fútbol argentino y el destino final de José Barritta.
[Marcela Mora y Araujo]: Cuando él sale de la de la cárcel, me invitaron a un asado para recibirlo.
[Mariano Pagella]: Todo esto en el último episodio de Superclásico 94.
[Silvia Viñas]: Superclásico 94 es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios, y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio.
Esta serie fue producida por Mariano Pagella, Alejandro Marinelli y Sergio Renna.
Los editores fuimos Pablo Argüelles, Daniel Alarcón y yo.
La verificación de datos es de Ana Prieto.
Mariano hizo el diseño de sonido, con música original de Nicolas Pagella, quien también compuso el tema musical de la serie. Martín Cruz estuvo a cargo de la mezcla de sonido y masterización.
La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. La producción digital la hizo Andrés Centeno con Óscar Luna.
La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.
Carolina Guerrero es la CEO de Radio Ambulante Studios.
En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gomez.
Radio Ambulante Studios produce y mezcla sus podcasts en el programa Hindenburg PRO.
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Soy Silvia Viñas. Gracias por escuchar.