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EP. 0 Tráiler – Superclásico 94: cuando el fútbol cambió

Tráiler – Bukele: el señor de Los sueños
EP. 1 Alguien como Bukele
EP. 2 Muévete rápido, rompe cosas
EP. 3 La hora de la medicina amarga
EP. 4 El evangelio (del Bitcoin) según Bukele
EP. 5 ‘Batman’ descubre el viejo negocio de la violencia
EP. 6 La última elección
EP. 7 Después de Bukele
Tráiler: El péndulo
EP. 1 Pennsylvania: del ‘cinturón de óxido’ al ‘cinturón latino’
EP. 2 Nevada: la preocupación por la economía
EP. 3 Florida: donde América Latina vota
EP. 4 Arizona: demócratas y republicanos en la frontera
EP. 5 Carolina del Norte: el poder de las comunidades religiosas
EP. 6 Una marea roja: el regreso de Trump y el futuro de los latinos
Tráiler: La Ruta del Sol
EP. 1 La botella
EP. 2 La grabación
EP. 3 La entrevista
EP. 4 Las pruebas
EP. 5 La necropsia
EP. 6 El debate
EP. 7 El conspirador
EP. 8 El contacto
EP. 9 El fiscal
EP. 10 El rompecabezas
Tráiler: Las Reinas de Queens
EP. 1 Santa, Madre, Reina
EP. 2 Bienvenides a la Casa Martínez
EP. 3 Las reinas del escenario
EP. 4 La Santa Puta
EP. 5 Un martes cualquiera en Queens
EP. 6 Tres reinas, dos disparos
EP. 7 Batalla por la Roosevelt
EP. 8 La Escuelita
EP. 9 Del Darién al True Colors
EP. 10 Más allá de la Rúsbel
Tráiler – Superclásico 94: cuando el fútbol cambió
EP. 1 El doble crimen
EP. 2 Gerentes de la pasión
EP. 3 El dueño del paravalanchas
EP. 4 Desde chiquito te vengo a ver
EP. 5 Que se borren todos
EP. 6 Mi nombre es José Barritta
EP. 7 Se volaron como palomas
EP. 8 No saben lo que hicieron

TRANSCRIPCIÓN

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EP 8 . 29/10/2026

8 | No saben lo que hicieron

[Darío Vesselizza Randi]: Entre lo que fue mis primeras declaraciones ante el juez hasta el juicio, me podés volver a preguntar 20 veces cuánto tiempo pasó que no me acuerdo.

[Silvia Viñas]: Este es Darío Vesselizza Randi, el barra de Boca arrepentido y uno de los testigos más importantes en el juicio contra sus compañeros de la 12. En los episodios 4 y 5 escuchamos su historia. Recordemos: para Darío, la barra de Boca se volvió como una casa en su juventud. Dice que compartió más cosas con ellos, y con el Abuelo, que con su propia familia. Pero después del superclásico del 94 y lo que vio, decidió declarar ante la fiscalía. Y lo llevaron a la división de homicidios, en la comisaría central, donde se sintió intimidado por unos oficiales que le mostraron fotos para identificar a los barras.

[Darío Vesselizza Randi]: Convencido que hasta me tenía que borrar de la policía por la actitud que habían tenido en esas instancias. Están todos adentro. Todos cayeron por culpa mía. Policías conocidos por ellos me están apurando. De apurarme a lastimarme a desaparecer hay un pasito chiquitito. No quiero ver policías.

[Silvia Viñas]: No era un miedo irracional ni paranoia. El Abuelo, el jefe de la 12, se reunía con comisarios de la policía para coordinar operativos de seguridad en las canchas. Esa relación entre la barra y policías para Darío no era novedad. Así que después de dar su declaración en la fiscalía en el 94, Darío empieza a vivir como un fantasma errante. 

[Darío Vesselizza Randi]: Hoteles, hoteluchos, por acá, por allá, por todos lados. Cambiando de domicilio cada dos o tres meses. Automáticamente trataba de evitar los lugares que yo suponía que me podía cruzar con gente afín a la barra esos días.

[Silvia Viñas]: Pasan 1995, 1996. Llega marzo del 97 y comienza el juicio. 

[Audio de archivo]: No encuentran al testigo clave, Daniel Vaselizza Randi. La estrategia de la defensa fue pedir la nulidad del testimonio del arrepentido. 

[Silvia Viñas]: Como contamos en el episodio anterior, la fiscalía no ha podido encontrar a Darío para notificarle que tiene que presentarse como testigo. Pero desde la primera audiencia, la información ya está en los medios.

[Audio de archivo]: Pero el tribunal resolvió considerarlo el 26, el día en que está citado a declarar.

[Silvia Viñas]: Es así, por las noticias, como Darío se entera de que el 26 de marzo, doce días después del inicio del juicio, es la fecha en que tiene que ir a declarar. La expectativa por su declaración es enorme. Una semana antes, el diario Olé publica una entrevista a Darío donde él dice que no sabe si presentarse, porque le tiene más miedo a la policía que a los barras. Y entonces, unos días antes de que le toque testificar…

[Darío Vesselizza Randi]: Yo me estoy retirando de mi hotel y en la recepción, en la conserjería (que es mucho lujo decirle conserjería, en un mostrador roñoso) con el libro de registros había dos policías con la dueña, con la encargada. Dos policías que ya me había cruzado en homicidios.

[Silvia Viñas]: O sea, cuando fue a la comisaría en el 94, a ver las fotos de los barras después del superclásico. Son los mismos policías. Ahora están de civil, y Darío ve que revisan el libro con el registro de los huéspedes del hotel. 

[Darío Vesselizza Randi]: Me acerco a ellos y, enfrente a ellos, a la encargada le pregunto, María se llamaba, creo: “María, ¿todo bien, todo en orden?”. “Sí, Darío”, me dice. “Listo. Cualquier problemita me avisa”, y me voy. A los cinco minutos se fueron ellos a la mierda. 

[Silvia Viñas]: Ese mismo día Darío agarra sus cosas y se va del hotel. Y así llega el viernes 26 de marzo del 97, el día en que debería ir a declarar. 

[Darío Vesselizza Randi]: El día de la audiencia, si la audiencia comenzaba a las nueve de la mañana, siete y media de la mañana me levanto yo a comprar cigarrillos…

[Silvia Viñas]: Y llama a la fiscalía donde había dado su testimonio en el 94. Desde ahí lo conectan con el tribunal. Sin bajar la guardia, él les da una dirección que no es donde se estaba quedando, para que lo pasen a buscar. Y entonces, un auto lo recoge y lo lleva hasta la comisaría central, donde le informan que personal de la división homicidios lo va a llevar al tribunal. La misma división de la policía donde lo habían intimidado tres años antes. Darío dice que no quiere ir con ellos y pide hablar con la jueza. El comisario la llama y le pasan el teléfono. 

[Darío Vesselizza Randi]: Se identifica y me dice: “Soy la doctora bla bla bla, presidenta del tribunal. En estos momentos, usted es requerido para declarar”. Le digo, “yo con estas personas no voy a ningún lado”.

[Silvia Viñas]: Darío le dice que no confía en estos oficiales y no solo eso: no quiere cruzarse con nadie de esa comisaría en el tribunal. Finalmente, la jueza le dice que le va a enviar un auto a buscarlo con personal del juzgado.

[Darío Vesselizza Randi]: Los dos milicos se quedaron parados como semáforos. Y directamente a Tribunales. Una de las integrantes del Tribunal me explica lo que va a pasar: se va a desarrollar un juicio, usted es testigo. Punto.

[Silvia Viñas]: Darío llega a Tribunales, entra a la sala y avanza hacia la mesa de los testigos, donde se sienta frente al micrófono. Después de casi tres años, a la vista de todo el tribunal, las víctimas, los barras —su segunda familia— y el Abuelo —casi un padre para él—, Darío comienza a relatar todos los detalles de lo que vivió ese 30 de abril de 1994.

Desde Central Series y Radio Ambulante Studios, soy Silvia Viñas y esto es “Superclásico 94”.

Episodio 8: No saben lo que hicieron

Como mencionamos en el episodio anterior, no hay audio de las audiencias. Pero tenemos el expediente. Así que sabemos que en el juicio le leen a Darío las declaraciones que dio en 1994, y que luego responde las preguntas que le hacen las juezas y todos los abogados durante horas. Y claro, tenemos lo que le contó a nuestros productores. Así que, con todo eso, vamos a reconstruir el relato de lo que él vivió ese 30 de abril de 1994.

Comencemos recordando las cosas “fuera de lo común” de ese día, que Darío nos contó en un episodio anterior:

[Darío Vesselizza Randi]:  Siempre la previa de un clásico, más de local, sabías que que la barra se juntaba en un lugar, vamos todos juntos, salimos todos juntos, nos desconcentramos todos juntos.

[Silvia Viñas]: La barra siempre tenía una rutina muy marcada: arrancaban temprano en la casa de Manzanita, la base de operaciones, y de ahí salían todos juntos para la cancha. Pero ese día la rutina se rompió.

[Darío Vesselizza Randi]: “Hay que ir para la cancha, pero vayan todos separados”.  Eso ya era algo que rompía de lo normal. Capaz que ya tenían algún informe de algo, que podía pasar algo, que estaban buscando algo.

[Silvia Viñas]: Entonces, Darío viajó a la cancha en un camión con otros barras que habían quedado varados. En el medio del viaje, la policía los paró en la autopista, los hizo bajar y revisaron el camión. Luego de unos minutos los dejaron continuar su viaje. Y al llegar al estadio, los barras que habían salido antes —el Abuelo incluido—, no estaban esperándolos.

[Darío Vesselizza Randi]: ¡Ya estaban entrando! Una de las primeras veces que yo entro al estadio despegado de ellos.

[Silvia Viñas]: Sigue la historia Mariano Pagella.

[Mariano Pagella]: A pesar de todas estas cosas “fuera de lo normal”, Darío entró al estadio como siempre. Cuando comenzó el partido a las tres y media de la tarde, la barra ya estaba ubicada en su lugar en la tribuna.

[Darío Vesselizza Randi]: Hasta el primer tiempo el partido relativamente transcurría normal. Yo atrás de José.

[Mariano Pagella]: Recordemos que Darío era uno de los encargados de sostener a José Barritta, el Abuelo, cuando se subía al paraavalanchas principal de la Bombonera para dirigir a la hinchada. Cuando el árbitro marcó el final del primer tiempo, el partido estaba 0-0. Durante el entretiempo era normal que los vendedores de comida y bebida del estadio le llevaran cosas a la barra sin que estos tuvieran que pedirlo.

[Darío Vesselizza Randi]: El de Coca-Cola te traía cuatro bandejas de Coca-Cola, el que vendía hamburguesas te traía cuatro cajas llenas de sándwiches de hamburguesas. Se repartía, se hablaba…

[Mariano Pagella]: Hasta ese momento todo seguía normal. Pero entonces, en el segundo tiempo…

[Audio de archivo]: River sigue buscando el segundo con Toresani. Palo, gooool, Crespo gol, Crespo gol, Crespo goooool…

[Mariano Pagella]: River pasó a ganar dos a cero. Y en la tribuna de Boca, los ánimos empezaron a cambiar.

[Darío Vesselizza Randi]: Se empezó de a poquitito a escuchar: “vamos a buscarlos. Vamos a buscarlos. Hay que ir a buscarlos”.

[Mariano Pagella]: Darío declaró que un grupo de la barra de Boca quería ir a la tribuna de River, en el medio del partido, con cuchillos o “púas” a enfrentarse a los líderes de la barra contraria. El Abuelo logró calmarlos diciéndoles que, “a la salida algo se va a hacer”. 

[Audio de archivo]: Señoras y señores, el superclásico del fútbol argentino fue para River Plate.

[Mariano Pagella]: Al terminar el partido, varios barras se acercaron inmediatamente al Abuelo.

[Darío Vesselizza Randi]: Ahora, había dos grupos: el de Niponi, la voz más cantante era la de él, querían ir adonde finalmente se desencadenaron los sucesos.  

[Mariano Pagella]: “Niponi” era uno de los barras más violentos de la 12, y era cercano al Abuelo. Su nombre es Freddy Cáceres Romero, pero era conocido en la barra como “Bolita Niponi” porque tenía un tatuaje con esa palabra, “Niponi”. Nadie sabe qué significa. En su declaración, Darió lo describió como, cito, “un mercenario, un ejecutor de las órdenes más aberrantes”, que “se jacta de encontrarse dispuesto a todo”. Así que, Niponi y su grupo querían ir a la intersección de Huergo y Brasil.

[Darío Vesselizza Randi]: Supuestamente, y es lo que se esperaba, el único camino que iba a tener la gente de River era salir por Huergo para donde fuese.

[Mariano Pagella]: Es que esa intersección es uno de los principales puntos de salida del barrio de la Boca, así que tiene sentido ir a esperarlos ahí. Pero también había otro plan, encabezado por Francis de Maio, un ex policía, líder de uno de los grupos de barras que apoyó al Abuelo cuando tomó el poder en 1981. 

[Darío Vesselizza Randi]: Y Francis, con un grupo quería ir a Caminito. Sabías que los visitantes morían en ese sector de Caminito. Ahí dejaban los autos, dejaban los micros y todo.

[Mariano Pagella]: Caminito es una de las partes más históricas de La Boca, donde están las clásicas casas de colores, y donde está la salida visitante, por donde se van los hinchas de River. Francis propuso ir a buscarlos ahí. Pero el Abuelo les dijo a todos que no, porque…

[Darío Vesselizza Randi]: Ese día había policía por todos lados. Policía por todos lados.  Debe haber sido, de los superclásicos de local que yo conozco, el día que vi más movimiento de policía. 

[Mariano Pagella]: “No sean tontos”, dijo el Abuelo. “Es mucha la policía y es como ir al muere”. O sea, era una jugada muy arriesgada. Pero Niponi y también Manzanita, el segundo al mando del Abuelo, no le hicieron caso.

[Darío Vesselizza Randi]: Vos ves que se empiezan, mismo en la tribuna, a desprender grupos dentro de la barra. Y sale un grupo de aproximadamente 20 chicos. Yo no era normal que me mueva con ellos, pero me fui para ver qué, qué pasaba, qué hacían.

[Mariano Pagella]: Dentro de ese grupo estaban Niponi, Manzanita, Francis y otros barras que conocimos en episodios anteriores, como Gomina y Corbacho. Darío declaró que el grupo salió de la cancha y fue hacia un terreno que estaba cerca de la Bombonera, donde la barra solía estacionar sus autos.

[Darío Vesselizza Randi]: Había varios autos estacionados, pero nos dirigimos todos hacia el coche de Corbacho…

[Mariano Pagella]: …que era un Ford Falcon, un auto grande. Corbacho abrió el maletero, corrió una caja…

[Darío Vesselizza Randi]: Y estaban todos los fierros uno al lado del otro. 

[Mariano Pagella]: Casi una decena de armas, según Darío.

[Darío Vesselizza Randi]:  Llamaba particularmente la atención que a espaldas al auto, a unos 10 metros aproximadamente, había un puesto enorme de la policía federal.

[Mariano Pagella]: Salían y entraban policías todo el tiempo. Recién terminaba el partido y los hinchas estaban dejando el estadio. Eran cerca de las 6 de la tarde en abril, así que todavía era de día. Sin embargo, ningún policía reparó en lo que estaba sucediendo en ese momento en el auto de Corbacho. Y si alguno llegó a ver algo, no dijo nada. 

[Darío Vesselizza Randi]: Se van acercando los que por costumbres tenían, eh, agarrar cierto fierro. Por ejemplo, sabías que había una pistola 9mm que era de Querida. Corbachito agarra un 38. Corbachito es el nombre del hermanito más chico de Corbacho.

[Mariano Pagella]: Darío calcula que en esa época Corbachito tenía 10, 11 años. Era un nene. 

[Darío Vesselizza Randi]: Entonces, como si nada, cada uno se termina de cargar, si yo te tengo que decir algo, ocho fierros para mí eran. Cierra con llave, se guarda la llave. Y ahí… Ahí se quedó un grupito y se empieza a armar otro como para irse desplazando.

[Mariano Pagella]: Un grupo de barras, furiosos por la derrota de su equipo, salen armados a las calles de La Boca en busca de hinchas de River. 

Vamos a una pausa y volvemos.

[Mariano Pagella]: Ok, antes de seguir con el relato de Darío, repasemos lo que sabemos hasta ahora: unos minutos después del final del superclásico, un grupo de alrededor de 20 barras de la 12 decidió ir a atacar a los hinchas de River, por más que el Abuelo, su líder, les dijera que no. Había dos planes: uno, impulsado por Niponi, uno de los barras más violentos, era ir hacia la intersección de Huergo y Brasil, porque es la salida principal del barrio de la Boca y seguro muchos hinchas de River iban a pasar por ahí. El otro plan, de Francis, el ex policía, era ir a la zona de Caminito, donde está la salida visitante.

[Darío Vesselizza Randi]: Capaz que Francis en esa idea primaria de ir para Caminito era ir directamente para donde estaban las cosas.

[Mariano Pagella]: “Las cosas” son las banderas de la gente de River, el botín de guerra más preciado para una barra. Finalmente, este plan es el elegido por la mayoría. Darió decide ir con ellos.

[Darío Vesselizza Randi]: Y con unos 20, con Francis, Corbacho, Gomina y varios más, nos vamos caminando por arriba de las vías, sabiendo que desembocaban justito en Caminito.

[Mariano Pagella]: Las vías eran de un viejo ferrocarril que ya no circulaba. En pocos minutos llegaron a la avenida principal de Caminito.

[Darío Vesselizza Randi]: Lo primero que nos pasa es un pelotón de motos de la policía, que ya estaba con la costumbre de ir de a dos, que era un policía manejando y otro con una escopeta atrás. Pero nos pasan a dos metros, tres metros. Pasan, miran y siguen.

[Mariano Pagella]: El grupo de barras siguió avanzando. Estaban por llegar a la salida de la hinchada de River, y entonces…

[Darío Vesselizza Randi]: De atrás mío escucho: “pa, pa, pa, pa, pa”, disparando hacia la gente de River.  Fue un desparramo de gente para todos lados.

[Mariano Pagella]: Darío declaró que el primero que disparó fue Francis, que dió unos tiros al aire al grito de, “¡dale Boca!”. Inmediatamente otro barra, que Darío no conocía, disparó directo hacia los hinchas de River.

[Juan Carlos Cáceres]: Se escuchan tiros, que yo en su momento pensé que eran los cohetes, esos famosos tres tiros. Y no, resulta que había habido un par de tiros de verdad, y la gente se desparramó.

[Mariano Pagella]: Así lo recordaban los hinchas de River en el primer episodio.


[Diego Buenaño]:   Y escuchamos, lo que supusimos que eran disparos. Eran como explosiones.

[Mariano Pagella]: A Darío también lo sorprendieron los disparos y se tiró al piso. Nos dijo que no se lo esperaba, recordemos que el plan era infiltrarse entre los hinchas y robarles las banderas, no empezar a disparar a mansalva. No podía creer que no hubieran matado a nadie. Después de unos segundos se levantó y reaccionó.  

[Darío Vesselizza Randi]: Cuando pasa todo esto allá directamente que disparan y todo, mi primera reacción fue darme vuelta y volverme para atrás por el mismo lugar que había venido.

[Mariano Pagella]: Algunos barras se quedaron ahí, peleándose a los golpes con los hinchas de River. Pero otros (incluyendo a Francis, que hizo los primeros disparos) hicieron lo mismo que Darío, y luego de unos minutos, todos convergieron nuevamente en el estacionamiento, el punto de partida. Ahí se había quedado un grupo de barras al que ya se habían sumado algunos más.

[Darío Vesselizza Randi]: Y bueno, ahí ya están los principales. Ahí ya estaba Manzanita, estaba Francis, estaba Marcelo de Lomas, estaba Corbacho con el hermanito, estaba Niponi. Entonces, ahí Niponi: “bueno, vamo’ a buscarlos. Vamo’ a Huergo”.

[Mariano Pagella]: Su plan original. Así que, mientras en Caminito estaba llegando la policía para intentar controlar la situación, este grupo salió para el lado contrario: a la intersección de Huergo y Brasil. 

[Darío Vesselizza Randi]: Al menos en el grupo que iba adelante, ya iban todos los fierros. Sabía que todos los que estaban adelante ya estaban todos enfierrados.

[Mariano Pagella]: Todos tenían armas, dice Darío: Gomina, Marcelo de Lomas, Corbacho, y hasta Corbachito, su hermanito de unos 11 años.

[Darío Vesselizza Randi]: Iba caminando al lado mío, iba el hermanito. El hermanito saca un fierro, saca un 38, y saca unas balas del bolsillo, que alguien le estaba pidiendo balas al nene. Y Corbachito dice, “no, no te las puedo dar porque son de mi hermano, ahora se las tengo que pasar”. Corbacho venía caminando atrás. 

[Mariano Pagella]: Toda esta situación puede parecer irreal. ¿Por qué seguir a un grupo de gente armada? Pero tratemos de mirarlo en contexto: la barra siempre iba armada y en ese momento Darío estaba siguiendo a los barras más importantes de la 12 después del Abuelo. Era una situación que, en el contexto de la barra, era fácil de normalizar. En total caminan unas 10 cuadras, cortando camino por las calles internas. Darío recuerda que en ese momento eran como 40 barras.

[Darío Vesselizza Randi]: El más atento a todo era Niponi. Porque Niponi le decía a Manzanita, le decía: “che, hay que mirar bien la cara con los que están con nosotros, eh, porque estos pibes no están nunca con nosotros. Está bueno que estén con nosotros estos pibes. Vamo’, vamo’, vamo’”. Dándose fe, ¿viste? Todo ese tipo de cosas.

[Mariano Pagella]: Sobre la calle Brasil había unas canchas de tenis que ocupaban casi toda la cuadra. Y llegando a la intersección con Huergo, en la esquina, había un galpón. En el medio pasaba una vía de tren y ahí, cubiertos por el galpón, el grupo de barras se quedó a esperar a los hinchas de River. 

[Darío Vesselizza Randi]: Una emboscada: yo sé que vos me vas a venir de frente por una calle, y esa calle tiene una sola salida, te voy a esperar en un término donde vos no me veas a mí y yo te puedo atacar a vos. Donde vos obligadamente tenés que venir de frente, yo te voy a esperar de frente a un costado. 

[Mariano Pagella]: Así es como se ubicaron. Estaban escondidos de tal manera que ellos iban a ver a los hinchas de River primero cuando empezaran a llegar. Pasaron unos diez minutos y todavía no llegaban. Entonces Niponi les dijo a dos de los chicos, uno de ellos Corbachito, que se adelantaran hasta Huergo y avisaran cuando viniera la gente de River. Estos movimientos a Darío ya lo ponen en alerta.

[Darío Vesselizza Randi]: Yo de ese grupo ya me había empezado a quedar rezagado unos 20, 30 metros, a la expectativa de que “se arme” y después ver que se hacía. Y se escucha a uno de los nenes decir: “ahí vienen, ahí vienen”.

[Mariano Pagella]: En ese momento, varios barras salieron de su escondite y fueron rápidamente hacia la intersección de Huergo y Brasil. Los primeros que se adelantaron fueron Manzanita —que no tenía arma—, Corbacho, Francis y Niponi. Esa avanzada le hizo señas al resto para que se agacharan o fueran despacio, porque ya se estaban acercando los camiones mosquito, llenos de hinchas de River.

[Darío Vesselizza Randi]: Yo, la primera vez que escucho disparar, lo escucho al costado mío.  Yo giro la cabeza y veo a los nenes: Corbachito y uno más. Corbachito con el revólver.

[Mariano Pagella]: Ahí se desató la balacera. Niponi comenzó a disparar su arma (un revólver calibre 38) al grito de: “¡van a morir todos, van a morir todos!”. 

[Darío Vesselizza Randi]: Y después se escuchan, ya era: “pa, pa, pa, pa, pa, pa, pa”. Empezaron a sonar todos los demás disparos.

[Mariano Pagella]: El primero de los camiones pasó rápido. Pero el segundo recibió de lleno los disparos.

[Diego Buenaño]:  Y ahí empezamos a ver como que la gente se agachaba, no sé qué. Y empecé a escuchar el golpe de lo que yo pensé que eran piedras en los metales del camión. Escuchaba, pin, pin, pin, pin, pin, pero muchos.

[Juan Carlos Cáceres]:  Yo me me hago una bolita y se escuchan balazos, pim, boom, boom, boom, boom, boom, boom.

[Mariano Pagella]: Los barras disparaban al grito de “aguante Boca” y “dale Boca”. Cuando el segundo camión pasó por arriba de las vías del tren, hizo una pequeña frenada.

[Darío Vesselizza Randi]: Yo cerré los ojos. Escuché una frenada de atrás del camión y vi caer a alguien.

[Mariano Pagella]: No lo sabemos con certeza, pero es posible que esa persona que Darío vio caer haya sido Walter Vallejos, una de las víctimas. Cuando el camión frenó, algunos barras aprovecharon para acercarse más. Darío cuenta que “Querida” se posicionó en la parte de atrás del camión al grito de “vamos a seguir dándoles que se quedaron”, mientras disparaba 10 o 12 balazos.

[Darío Vesselizza Randi]:  En plena balaceada, alguien dijo “vamo’, vamo’”. Fue una secuencia de segundos.

[Mariano Pagella]: Querida es el que gritó, cito, “¡vamos, vamos que ya está, que va a venir la policía!”, según declaró Darío. Entonces los barras que estaban con las armas se replegaron y escaparon por el mismo lugar por el que habían llegado, el camino entre las canchas de tenis y el galpón de la esquina de Huergo y Brasil. 

[Darío Vesselizza Randi]: Y en particular de los que yo veía venir, de los últimos rezagados en replegarse, era  Niponi. Lo que hace es sacarse un buzo canguro que tenía puesto, haciendo como, como una bolsita con el buzo y vos veías que cada uno que se iba arrimando a él iba dejando los fierros:  Miguel, Querida, Marcelo, Corbachito, Corbacho, todos.

[Mariano Pagella]: En ese momento llegaron a unas canchitas de fútbol que están a la vuelta de Huergo y Brasil, administradas por el capitán Varani, otro miembro de la barra de Boca, a quién ya conocimos en otro episodio. Estaba cerrando el carrito de comida y bebida del lugar, una especie de food truck, cuando cayeron los barras.

[Darío Vesselizza Randi]: Yo me quedo unos 50 metros atrás y veo que arriba del carro ese sube Niponi, Miguel, Querida y un par de pibes más, suben ahí con ese bolso que ya estaba hecho un bagayito….

[Mariano Pagella]: O sea, con el buzo que tenía envueltos los “fierros”.

[Darío Vesselizza Randi]: Y al toque bajan sin eso.  

[Mariano Pagella]: Las armas quedaron al resguardo del capitán Varani quien las lanzaría luego al Riachuelo, el río que bordea la zona sur de Buenos Aires. Desde la intersección de Huergo y Brasil ya se empezaban a escuchar las primeras sirenas. Darío y los barras sin las armas, decidieron volver al estadio, pero separados, para no llamar la atención.

[Darío Vesselizza Randi]:  Cinco para un lado, dos para el otro, tres para el otro. Yo, una particularidad mía: que cuando se daba un quilombo, no me gustaba salir corriendo, prefería salir caminando y mirando bien para todos lados. 

[Mariano Pagella]: Darío cuenta que en el camino volvió a cruzarse con muchísimos policías, la misma cantidad que antes. Unos 20, 25 minutos después de la balacera, todos volvieron a reencontrarse en la Bombonera. Y ahí había unos tres o cuatro autos. 

[Darío Vesselizza Randi]: Que son los mismos tres o cuatro autos que habían estado al principio, antes del encuentro, en la casa de Manzanita para venirse al estadio.

[Mariano Pagella]: En uno de ellos, un Fiat Spazio blanco, estaba José Barrita, el Abuelo. 

[Darío Vesselizza Randi]:  Y bueno, y José que saca la cabeza por la ventanilla del Spazio: “Vayanse todos a la mierda. No saben lo que hicieron. No los quiero ver a ninguno”.

[Mariano Pagella]: Darío no sabe si ese enojo del Abuelo era porque habían ido a pelearse con los de River, porque habían disparado, o porque ya sabía que había muertos. Los autos arrancaron y se fueron. 

[Darío Vesselizza Randi]: Auto para un lado, auto para el otro, a la mierda todo el mundo. 

[Mariano Pagella]: Darío se tomó un colectivo y se fue para su casa. El día después recibió la visita misteriosa que ya les contamos, la del hombre que le dijo que el Abuelo mandaba a que “se borren todos”. Y así siguieron los nervios, las noches sin dormir, las dudas, y finalmente la resolución de ir a la fiscalía a declarar. Decisión que, tres años después, lo llevó a la silla donde está sentado ahora, delante de un micrófono, frente a las juezas. Y donde acaba de relatar todo lo que pasó después de ese superclásico del año 94.

[Darío Vesselizza Randi]: No me preguntes cuánto duró esa audiencia que yo tuve ahí en tribunales.  Pero incluyó de todo. Incluyó declaración, volver a meter la llaga en la herida, volver a revolver y a revolver.

[Mariano Pagella]: En total, incluyendo las preguntas de la querella, la defensa y el tribunal, su declaración dura más de cinco horas. Pero no termina ahí. 

[Darío Vesselizza Randi]:  Uno de los abogados pide que se haga un careo.

[Mariano Pagella]: Un careo es una especie de “enfrentamiento” entre dos o más declaraciones, para discutir sus contradicciones. Y el que quiere “carear” a Darío —tener un mano a mano— es Freddy Cáceres Romero, alias Bolita Niponi. Uno de los barras más salvajes, que el mismo Darío describió como, cito, “un ejecutor de las órdenes más aberrantes”.

Una última pausa y volvemos.

[Mariano Pagella]: Antes de seguir, creo que vale la pena contar cómo fue detenido Bolita Niponi, cómo llegó a estar en el banquillo de los acusados en el juicio. Es para hacernos una mejor idea del tipo de persona a la cual se enfrentaba Darío en ese careo que mencionamos antes de la pausa. 

La historia es ésta: cuando la fiscalía emitió las órdenes de detención después de la declaración de Darío en el 94, Niponi era uno de los barras que se había fugado.

[Gustavo Grabia]:  La policía no sabía nada de Bolita Niponi. Parecía que se lo había tragado la tierra. 

[Mariano Pagella]: Este es Gustavo Grabia, el periodista experto en barras que hemos escuchado en otros episodios. Niponi tenía fama de ser un barra salvaje y violento, pero tenía un punto débil: también era un ladrón.  

[Gustavo Grabia]:  Lo que pasa es que Bolita Niponi había hecho un robo con un compinche de él de Lomas de Zamora.

[Mariano Pagella]: O sea, un cómplice de su barrio. Cuando hicieron este robo, su compañero escondió el botín, pero después lo agarró la policía. Y Niponi nunca se enteró de dónde estaba ese dinero robado. Pero ahora, estando prófugo, lo necesitaba para sostenerse. Así que unos meses después del superclásico, decidió ir a visitar a su compañero a la cárcel.

[Gustavo Grabia]: Para que le dijera en dónde estaba escondido el botín, la mitad que le correspondía a él. Y ahí en el penal quedó la huella de Bolita Niponi, alguien lo reconoció y empezaron a seguirlo.

[Mariano Pagella]: Y así se dieron cuenta de que se escondía en el barrio Villa Albertina, en Lomas de Zamora. Era un barrio de emergencia, de casas precarias y callecitas internas, pero no sabían cuál era el lugar exacto. Entonces, la policía diseñó un plan para agarrarlo.

[Gustavo Grabia]: Villa Albertina por entonces carecía de gas natural, solamente se podía cocinar a garrafa. Y entonces la policía para saber quién era o en cuál de las manzanas de la villa vivía Bolita Niponi hicieron una estrategia bastante inteligente: se vistieron de operarios de la empresa de gas del momento, que se llamaba Metrogas, y fueron casa por casa a decirles que firmaran para poder ponerles gas natural.

[Mariano Pagella]: Los vecinos, confiados y sorprendidos de que se hiciera esa obra, firmaron la autorización cargando sus datos en las planillas que les presentaban para firmar.

[Gustavo Grabia]: Y así fueron tocando cada casa hasta que en una de las casas firmó una persona con el nombre de Jorge Freddy Cáceres Romero, directamente, que era Bolita Niponi. Al otro día consiguieron la orden de arresto, tenían exactamente la dirección de él, lo fueron a buscar. El gas natural, obviamente, jamás llegó a esa villa.

[Mariano Pagella]: Como resultado de esa operación es que, casi tres años después de su captura, Bolita Niponi está siendo juzgado junto a los otros barras por el doble crimen.

La defensa de Niponi es que él nunca estuvo en la intersección de Huergo y Brasil, que después del partido pasó por Caminito y de ahí se fue a su casa. La declaración de Darío dice todo lo contrario. No solo lo ubica en el lugar, sino que también lo marca como uno de los principales instigadores. O sea, es uno de los más perjudicados por su versión de los hechos. Por eso los abogados de Niponi piden realizar el careo, esta especie de enfrentamiento entre testimonios. 

[Darío Vesselizza Randi]:  El fiscal se oponía.

[Mariano Pagella]: Volvemos con Darío, que en ese momento sabe que alguno de los acusados quiere hacer un “careo”, pero todavía no sabe quién. 

[Darío Vesselizza Randi]: Y el abogado le insistía a la presidenta del tribunal. La presidenta del tribunal me mira a mí, me empieza a hablar a mí y me pregunta: “¿usted está dispuesto a hacer un careo con la persona que lo está solicitando?”. “Sí, no tengo ningún problema.” Y fue Niponi.

[Mariano Pagella]: Darío se queda sentado en el mismo lugar donde había estado declarando por horas. En una tarima que está frente a él colocan una silla con apoyabrazos. Ahí se sienta Niponi. Quedan frente a frente. Niponi es bajo de estatura y los pies no le llegan al piso. Se lo ve furioso.

[Darío Vesselizza Randi]:  Empezó lo típico de un careo, atacar con los botines de punta: “¿Y vos quíen sos? ¿De dónde me conocés? Yo no te conozco”. “Que mala memoria”, yo le decía delante del tribunal, “que mala memoria que tenés vos. Yo estaba al lado de José”.

[Mariano Pagella]: Darío era, recordemos, uno de los encargados de sostener a José Barritta, el Abuelo, cuando se subía al paravalanchas principal. La estrategia de Niponi es desacreditar el testimonio de Darío, diciendo que está mintiendo y que ni siquiera es parte de la barra. Por su parte, Darío permanece tranquilo, mirando y escuchando a Niponi. 

[Darío Vesselizza Randi]: “Todas estas mentiras que estás diciendo, ¿quién te manda? Yo quiero saber quién te manda”, me preguntaba él. “A mi me manda mi conciencia. ¿Y a vos quién te mandó a matar gente inocente? Porque vos y yo sabemos que mataron a gente inocente”. “Pero yo no fui”. “Pero vos sabés quiénes fueron, vos estabas ahí al lado”. 

[Mariano Pagella]: Para reforzar el planteo de Niponi los abogados defensores piden que los otros barras acusados digan si reconocen a Darío como parte de la barra. De a uno, cada barra dice que no lo conoce. Todos se mantienen firmes en esa respuesta hasta que llegan al último: José Barritta. 

El Abuelo dice que sí lo conoce. 

Después de todas estas idas y vueltas, el fiscal se pone de pie y dice:

[Darío Vesselizza Randi]: “En mi vida, en toda mi carrera de la justicia, jamás yo vi maltratar más a un testigo como esto”. 

[Mariano Pagella]: Entonces, el fiscal pide que se termine con el careo y se deje de exponer al testigo de esa manera. Darío se baja del estrado y lo hacen esperar afuera de la sala mientras pasan otros testigos a declarar. La audiencia termina a las 18:20.

[Darío Vesselizza Randi]: Me acuerdo que, patente, termina. Me dicen a mi que me puedo retirar. A la vez a la par mía, atrás mío, se retira una de las juezas y me dice, “¿qué quiere hacer? ¿Quiere custodia? Le ofrezco custodia”. “Señora jueza”, le digo, “ya terminó todo. Ya terminó todo señora jueza, basta. Mañana empieza mi vida”.

[Mariano Pagella]: “Fue, habló y los mandó al frente”, dice la edición del diario Olé del día siguiente, en letras naranjas enormes que ocupan toda la portada. 

[Gustavo Grabia]:  Cuando habla, confirma todo lo que a nosotros nos había dicho en la nota y muchas otras cosas más que dice ahí en el estrado y se produce, digamos, toda una especie de frío de escalpelo que le va pasando más que nada a los abogados defensores por la espalda, diciendo: “che, me parece que después de esto, lo tenemos perdido”.

[Mariano Pagella]: El testimonio de Darío es fundamental para el cargo de homicidio que enfrentan los barras, pero esa es una de las dos acusaciones que se están debatiendo.

[Gustavo Grabia]: Extorsiones, reventa de entradas, trapito, merchandising ilegal, bueno, y todos los negocios que la 12 tenía.

[Mariano Pagella]: Todavía falta lo más difícil: demostrar los negocios ilegales de la barra. Y el principal apuntado en eso es el Abuelo.

[Audio de archivo]: 

-Antonio Alegre: Yo lo he recibido en mi casa un día al Abuelo.

-Periodista: ¿Para qué? 

-Alegre: Para neutralizar todo lo que sucedía en Boca Juniors durante tres años y medio, cuatro.

[Mariano Pagella]: El final del juicio y el destino de los barras en el próximo episodio de Superclásico 94.

[Silvia Viñas]: Superclásico 94 es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios, y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio. 

Esta serie fue producida por Mariano Pagella, Alejandro Marinelli y Sergio Renna.

Los editores fuimos Pablo Argüelles, Daniel Alarcón y yo. 

La verificación de datos es de Ana Prieto.  

Mariano hizo el diseño de sonido, con música original de Nicolas Pagella, quien también compuso el tema musical de la serie. Martín Cruz estuvo a cargo de la mezcla de sonido y masterización. 

La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. La producción digital la hizo Andrés Centeno con Óscar Luna.

La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.

Carolina Guerrero es la CEO de Radio Ambulante Studios. 

En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gomez. 

Radio Ambulante Studios produce y mezcla sus podcasts en el programa Hindenburg PRO.

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Soy Silvia Viñas. Gracias por escuchar.