[Darío Vesselizza Randi]: Yo disfrutaba de la barra, disfrutaba de los riesgos, si vos querés, porque era compartir lo que estaba viviendo, era compartir la emoción de Boca, era estar cerca de José, porque para mi la barra era José y todos los demás.
[Silvia Viñas]: Este es Darío Vesselizza Randi, alguien que se va a convertir en una pieza clave de esta historia. Ya vamos a conocer más sobre él, pero por ahora alcanza con saber que fue parte de la barra de Boca, La 12, cuando José Barrita, el Abuelo, era su líder.
[Darío Vesselizza Randi]: Siempre la previa de un clásico, más de local, era un día que la barra se juntaba en un lugar; vamos, vamos todos juntos, salimos todos juntos, nos desconcentramos todos juntos.
[Silvia Viñas]: Darío recuerda que, los días de partido, la barra tenía una rutina muy marcada. Siempre se juntaban en un lugar a más de media hora del estadio en la previa para ir en grupo hasta la cancha. Pero el 30 de abril del 94, el día del superclásico, cuando Darío va a ese punto de encuentro de siempre…
[Darío Vesselizza Randi]: Una cuadra antes vemos que casi todos los autos con los que normalmente se desplazaban ellos ya se iban.
[Silvia Viñas]: Esto le llama mucho la atención. ¿Por qué están saliendo ya, sin ellos?. Se acerca a uno de los autos que todavía no se ha ido, donde está un integrante importante de la barra, y le pregunta a dónde van.
[Darío Vesselizza Randi]: “Hay que ir para la cancha, vayan todos separados”. Eso ya era algo que rompía de lo normal. Capaz que ya tenían algún informe de algo, que podía pasar algo, que estaban buscando algo.
[Silvia Viñas]: Después de que la mayor parte de la barra (el Abuelo incluido) sale para la Bombonera, Darío se queda con otros barras sin saber cómo llegar al estadio. Hasta que aparece otro miembro de La 12 en un camión.
[Darío Vesselizza Randi]: “Eh, pará, que nos quedamos a pata”, “Bueno, suban”. Y nos fuimos todos en ese camión. La barra ya se había despegado hace rato.
[Silvia Viñas]: Darío no sabe por qué se dio ese cambio de planes, pero bueno, su principal preocupación es cómo llegar a la cancha. Todo parece estar encaminado hasta que llegan al peaje de la autopista.
[Darío Vesselizza Randi]: Bueno, en ese peaje a los únicos que estaba esperando la policía para parar era a nosotros. Habrán pasado los autos de la barra y todo: paran el camión.
[Silvia Viñas]: La policía los hace frenar al costado de la autopista. Les piden que bajen y revisan el camión, a Darío y a sus compañeros de barra con mucho detenimiento.
[Darío Vesselizza Randi]: Hasta que un pibe que está conmigo le dice a uno de los milicos: “¿Qué están buscando, muchachos? No tenemos nada, somos hinchas de Boca, están perdiendo el tiempo, nosotros no tenemos nada.
[Silvia Viñas]: Entonces, por fin, los policías les dicen que se pueden ir. Se suben todos de vuelta y retoman el camino a la Bombonera.
[Darío Vesselizza Randi]: Lo que estaban buscando, no lo encontraron. En ese camión no había un carajo. Nadie llevaba un fierro, nadie llevaba nada. No había un carajo.
[Silvia Viñas]: Otra vez, otra situación fuera de lo común. Puede haber sido un control de rutina, o que los hayan parado porque iban hinchas viajando en un camión, pero a Darío igualmente le genera una sensación rara. Y no va a ser lo último. De hecho, en retrospectiva, Darío recuerda muchos momentos de ese día como fuera de lo normal o “sospechosos”.
Lo tradicional, una vez que la barra llega a la Bombonera, es que vayan a tomar unas cervezas a un barcito cerca del estadio para después entrar todos juntos. Pero ese día, cuando Darío y los otros se bajan del camión y pasan por la cancha…
[Darío Vesselizza Randi]: ¡Ya estaban entrando! Nosotros entramos últimos. Una de las primeras veces que yo entro al estadio despegado de ellos.
[Silvia Viñas]: Lo que Darío no sabe, es que además de entrar separado del resto de la barra, en ese mismo momento está sucediendo otra cosa “fuera de lo normal”. Porque el líder de la barra, el Abuelo, no va directo a la tribuna cuando entra al estadio. Ese día del superclásico va al estacionamiento de los jugadores para encontrarse con ella.
[Marcela Mora y Araujo]: Soy Marcela Mora y Araujo. Soy periodista de temas relacionados con el fútbol hace más de 30 años. Y el 30 de abril de 1994 estuve toda la tarde en la Bombonera con José Barritta, el Abuelo, antes, durante y después del partido que se jugó contra River.
[Silvia Viñas]: En el episodio anterior les contamos sobre el ascenso del Abuelo como el líder de La 12. En este vamos a conocer a dos personas que estuvieron muy cerca de él: un hincha de Boca que logró llegar hasta el círculo más íntimo de la barra, y una periodista que vivió el superclásico desde la tribuna con La 12. Las experiencias de ambos serán clave para empezar a entender qué pasó ese día.
Desde Central Series y Radio Ambulante Studios, soy Silvia Viñas y esto es “Superclásico 94”.
Episodio 4: Desde chiquito te vengo a ver.
Un día de diciembre de 2025, a las diez y media de la mañana, Sergio Renna, uno de los productores de esta serie, había planeado un primer encuentro con Darío. Cuarenta minutos antes, él le mandó este audio:
[Darío Vesselizza Randi]: [Whatsapp] Dos cositas, Sergio. Eh, ¿venís solo? Y dos, perdoname que te lo diga de esta manera, pero si yo veo algo que no me gusta, por desconfianza, sigo de largo.
[Silvia Viñas]: Mariano Pagella nos sigue contando.
[Mariano Pagella]: El objetivo era tener una primera charla tranquila, tomando un café, sin grabadora, para romper el hielo. Darío nos autorizó a usar estas y otras notas de voz que muestran que al principio no tenía muchas ganas de contar su historia.
[Darío Vesselizza Randi]: [Whatsapp] Eh, lo más probable es que cambiemos de lugar del que te dije yo ayer. Cuando vos me confirmes que estás por acá, yo te digo dónde, ¿sí?
[Mariano Pagella]: Ese primer encuentro salió bien y Darío aceptó coordinar una entrevista, esta vez grabada. Sólo nos pidió que fuera en un lugar público, elegido por él. No quería ir a un estudio ni a ningún lugar privado. Finalmente la entrevista se hizo en un restaurante que está en una avenida muy transitada. Usamos el piso superior, porque había menos gente, y en una mesa en una esquina empezamos a hablar.
[Darío Vesselizza Randi]: Desde los siete años prácticamente que me llevó a la cancha un tío mío. Y fue algo que fue un click tremendo. La magia, la cancha, estar ahí, en la vieja Bombonera…
[Mariano Pagella]: Darío, por supuesto, es hincha de Boca y, como muchos otros que escuchamos en esta serie, se volvió fanático desde chiquito. Lo único que le importaba era ir a ver a su equipo.
[Darío Vesselizza Randi]: Ya a partir de los nueve años era capaz de escaparme de mi casa para ir a ver los partidos en la cancha de Boca.
[Mariano Pagella]: Para inicios de los 80, la cancha se convirtió en un lugar de pertenencia, en un refugio para no estar en su casa, donde pasaban algunas cosas que no le hacían bien.
[Darío Vesselizza Randi]: Desde los 11, 12 años, había dejado de tener contacto directo con mi padre real.
[Mariano Pagella]: Porque el padre se fue a vivir a Europa. Y todo empeoró cuando su mamá se puso en pareja con un ex policía. Darío nos dijo que esta relación no fue la mejor para su mamá. Y nos contó que incluso él vivió situaciones de violencia con esta persona. Hay una que recuerda muy bien, donde contradijo al novio de su mamá en una cosa sin importancia.
[Darío Vesselizza Randi]: Por contestarle me pone una pistola cargada en la cabeza y me dice: “pendejo, no me jodas porque te mato”.
[Mariano Pagella]: Por todo esto, le sobraban razones para querer irse siempre que podía a la Bombonera. Y cada vez que entraba a la cancha de Boca, había algo que le atraía por encima de todo.
[Darío Vesselizza Randi]: La hinchada, el grito que sale de la hinchada. Muchas veces me sorprendía más que ver el partido, era ver el color de la hinchada.
[Mariano Pagella]: Con el paso de los años, el fanatismo de Darío siguió creciendo. Trataba de ir a todos los partidos de Boca que podía. Tengamos en cuenta que en esa época las entradas se compraban en el estadio, y era tanta la gente que quería ir, que para conseguirlas había que llegar muy temprano. Era normal que se formaran filas de varias cuadras. Y siempre que iba, notaba algo.
[Darío Vesselizza Randi]: Veías otro grupo de gente que cruzaba todo el estadio. Ese movimiento me llamaba la atención y era donde originalmente gran parte de la barra se juntaba. Entonces escuchabas, veías. Me daba curiosidad, y ahí empecé a ver ese grupo de la barra.
[Mariano Pagella]: Hacía años que Darío los miraba en la tribuna, o a la salida de algún partido. Sabía que ellos no necesitaban hacer la fila para conseguir entradas: los veía entrar a la cancha directamente. Era un grupo que Darío tenía que conformarse con mirar desde lejos.
[Darío Vesselizza Randi]: Hasta que, aproximadamente a los 18 años, yo entro a trabajar en un sindicato.
[Mariano Pagella]: Como ya contamos, una de las características de las barras argentinas es la conexión con algunos sindicatos. Por el 84, Darío entró a trabajar a uno como empleado administrativo.
[Darío Vesselizza Randi]: Al sindicato concurría prácticamente a diario un personaje de los más importantes, históricos de la barra, y ya desde la época de la barra de Quique, que era Santiago Lancry, el Gitano.
[Mariano Pagella]: El Gitano venía de la época de Quique “el Carnicero”, el líder de La 12 anterior al Abuelo. Ahora, el Gitano era parte de la “mesa chica”, del círculo íntimo del Abuelo al que entraban muy pocos barras. Era un tipo con peso, que tenía vínculos con la política y distintos sectores del poder. Se encargaba de la seguridad del Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires. O sea, el Gitano cuidaba a los concejales de lunes a viernes y el fin de semana era uno de los líderes de una barra brava. En ese trabajo en el sindicato, Darió empezó a hablar con él.
[Darío Vesselizza Randi]: Me reconoció por haber estado en el estadio y entré en confianza. “Ahí, pibe, vos quédate acá con nosotros. Tomate una cervecita tranquilo. Después entra a la gente, no hagan quilombo”. Entonces ahí entré en confianza con él primero de todos.
[Mariano Pagella]: Así, de a poquito, Darío se empezó a acercar a la barra. Después de un tiempo lo dejaron entrar con ellos al estadio, sin pagar entrada. Esto le permitió estar en algunos lugares donde se movían los otros miembros de La 12. Pero más allá de su relación con el Gitano, aún no tenía contacto con los de más peso.
[Darío Vesselizza Randi]: Costaba muchísimo acercarse al núcleo núcleo de la barra estando adentro del estadio. José, el Abuelo, en particular, siempre fue de la idea de no querer muy cerca a lo que ellos llaman los pendejos. No quieren pendejos.
[Mariano Pagella]: En la jerga, “pendejos” se le dice a los más chicos. En las hinchadas muchas veces los jóvenes no respetan las órdenes y pueden hacer cosas que ponen en riesgo a la barra. Por eso el Abuelo prefería mantenerlos alejados.
[Darío Vesselizza Randi]: Él siempre decía que el pendejo trae quilombo. Entonces yo era pendejo. Recién empezaba a romper el cascarón y fue muy muy paulatino el acercamiento.
[Mariano Pagella]: Los 18 años de Darío lo ponían en esa categoría. Pero así y todo, de a poco fue ganando confianza. Le daban alguna tarea para hacer, como llevar un bolso. Y eventualmente el Gitano lo empezó a llevar a las reuniones previas a los partidos.
[Darío Vesselizza Randi]: No tanto era ir directamente a las inmediaciones del estadio, sino que empecé a conocer lo que era donde antiguamente se juntaba la barra para despegar todos juntos, con las banderas, con las cosas, con los camiones, con los autos, que era la casa de Manzanita Santoro.
[Mariano Pagella]: “Manzanita” era otra de las personas de confianza del Abuelo. También integraba ese círculo íntimo, a tal punto que en su casa, a media hora de La Boca, se guardaban las banderas que se desplegaban en la tribuna. Era una suerte de base de operaciones de La 12. La barra generalmente se juntaba en el patio de atrás de la casa. Darío se quedaba en la reja de entrada, mirando desde lejos. Ni se le acercaba al Abuelo. Hasta que un día, el Abuelo se acercó a él.
[Darío Vesselizza Randi]: ¿Con quién venís vos? ¿Quién te hizo venir a vos? ¿Quién te dijo que nos juntábamos acá?
[Mariano Pagella]: Darío le dijo que lo había llevado el Gitano. Así que el Abuelo lo llamó.
[Darío Vesselizza Randi]: “¿Vos le dijiste el pibe?” “Sí, buen pibe, lo conozco de allá, lo conozco del gremio”, dice.
[Mariano Pagella]: O sea, del sindicato.
[Darío Vesselizza Randi]: “Ah, está todo bien. Bueno, ¿Vos te hacés cargo del pibe si se manda una cagada?” “Sí”.
[Mariano Pagella]: Darío había tenido su primer encuentro de cerca, cara a cara, con el Abuelo, con José Barritta. Y la impresión que le causó fue enorme, porque…
[Darío Vesselizza Randi]: Yo lo veía a José y veía a mi viejo, veía a mi viejo y veía a José. Por lo parecido, por el carácter, por la impronta.
[Mariano Pagella]: Su presencia, su manera de hablar… Para Darío todo eso representaba algo mucho más personal.
Ya volvemos.
[Darío Vesselizza Randi]: Vos veías que veníamos un grupo de la barra, José casi siempre a la cabeza. Vos veías que los controles que cortaban la entrada, cuando nos acercábamos se abrían para los costados y ni entrada a nadie, ni control a nadie, ni cacheo a nadie.
[Mariano Pagella]: Estamos a mediados de los 80 y Darío, con 18 años, todavía estaba lejos del círculo íntimo del Abuelo, aunque ya le hubiera hablado una vez. Pero comenzaba a moverse con ellos, viajaba a los partidos que no eran en Buenos Aires y hasta tenía algunas tareas asignadas.
[Darío Vesselizza Randi]: Lo más delicado era, no solamente estar cerca de ellos, sino que quién llevaba las cosas. Las cosas le decíamos a las banderas, los trapos, a los bolsones.
[Mariano Pagella]: Una de las primeras tareas oficiales que le encargaron fue llevar las banderas. Las banderas son un elemento clave de las tribunas. Algunas son telones gigantes que se despliegan por encima de decenas de hinchas. Otras son “los trapos”, banderas de varios metros de largo que se cuelgan de las barandas de la tribuna y que suelen tener frases o nombres de barrios. Todas estas banderas las lleva siempre la barra, en bolsos enormes. Aquellos años, en los enfrentamientos de barras, las banderas eran el principal “botín de guerra”. Entonces los que las llevaban no podían fallar.
[Darío Vesselizza Randi]: Y en particular, hubo un par de circunstancias que la pasamos fea. Una vez un ingreso a un Racing-Boca, en cancha de Racing, fuimos caminando desde La Boca prácticamente seis o siete cuadras de gente.
[Mariano Pagella]: Racing es uno de los equipos grandes de Argentina. Su estadio está en el barrio frente a la Boca, pero para llegar hay que cruzar el Riachuelo por un puente y recorrer casi 45 cuadras. Ese día, La 12 sale caminando en caravana desde la Bombonera, acompañados por una camioneta con los bolsos de las banderas.
[Darío Vesselizza Randi]: Siempre, cuatro o cinco cuadras antes, lo normal era que se bajaran las bolsas, los bolsos que se iban a meter.
[Mariano Pagella]: Cuando llegaron a esa distancia del estadio de Racing, Darío agarró uno de los bolsos. Empezó a caminar con el resto de la barra hacia el estadio sin que los parara ningún policía.
[Darío Vesselizza Randi]: No habíamos tenido ningún control, ningún cacheo ni nada.
[Mariano Pagella]: Todo parecía tranquilo, hasta que de repente, sin aviso y de sorpresa, apareció un grupo de policías.
[Darío Vesselizza Randi]: Era la primera vez que salían unos policías que nosotros lo empezamos a llamar “cabeza de tortuga”, que era una división de infantería especializada en eventos deportivos, que tenían la particularidad que fueron los primeros que usaron un traje camuflado.
[Mariano Pagella]: Esto era algo nuevo para La 12. Ese cuerpo de policía vestido como los grupos especiales tipo SWAT no era tan común. Y menos en los partidos de fútbol.
[Darío Vesselizza Randi]: Nos fueron directamente a atacar a los que teníamos las bolsas. La primera reacción nerviosa cuando a vos te quieren sacar algo, si te asustas, es soltarlo y salir corriendo. Yo te puedo asegurar que si llegabas a hacer algo con una bolsa como esa, eh, te tenías que borrar del mapa.
[Mariano Pagella]: O sea, perder las banderas no era una opción. Podía costarle su lugar en la barra, donde todavía lo veían como un “pendejo”.
[Darío Vesselizza Randi]: Yo de los nervios y del miedo y del cagazo, porque la verdad que no te lo voy a mentir, estaba cagado en las patas. Yo, de los nervios, me quedo agarrado a un bolso. Y, en mi vida, nadie me pegó tanto. Me golpeaban las manos para que suelte los bolsos, y de la cintura para abajo. Habrá sido un minuto.
[Mariano Pagella]: Hasta que de pronto…
[Darío Vesselizza Randi]: ¿ De dónde salió el resto de la barra? No sé. Se le terminó dando vuelta a la camioneta, a la guardia de infantería con milicos y todo. Y me rescataron, me rescataron y me rescataron las cosas. Y yo me quedé con el recuerdo, que todavía lo tenía en la casa, del bastón del milico que me pegó.
[Mariano Pagella]: Después de rescatarlo, rápidamente entraron todos al estadio. Darío estaba muy golpeado. El Abuelo y el Gitano lo vieron herido y lo quisieron llevar al hospital. Pero un poco por la adrenalina y un poco por orgullo Darío se negó a moverse de ahí. Eso sí, les hizo un pedido especial:
[Darío Vesselizza Randi]: No quiero llevar más bolsos porque la próxima me matan. Pidanme cualquier cosa menos que lleve una bolsa. “Está bien, está bien, quédate tranquilo que vos no tenés que demostrar más nada. Vos no tenés que demostrar más nada ya”.
[Mariano Pagella]: Si hubiera corrido probablemente no habría podido volver. Pero de esta manera, Darío logró probar su valor dentro de la barra. A partir de ese momento empezó a acercarse cada vez más al núcleo central y a su líder: José Barritta, el Abuelo.
[Audio de archivo, José Barritta]: Y no podemos hacer comida de la policía. Y no agitemos más. Vos Pedro no hables más, hermano, porque vos agitás.
[Mariano Pagella]: Este es el Abuelo, en un informe de televisión. Aparece dirigiendo a la barra, un año antes del superclásico del 94.
[Audio de archivo, José Barritta]: Vos agitás y no te conoce ni el perro a vos. No te conoce nadie a vos, ¿me entendés? Vos Gustavo tampoco, no hables más, por favor.
[Darío Vesselizza Randi]: Y era una voz y era una manera de dirigirse a vos que él no necesitaba enojarse como para imponer respeto. Te hablaba de una manera y ya te daba a entender que “es esto, es lo que yo te digo”.
[Mariano Pagella]: Su voz y su manera de hablar son una de las características más recordadas por varias personas que entrevistamos. Después de años de mirarlo desde lejos, Darío había logrado acercarse al Abuelo, a José Barrita.
[Darío Vesselizza Randi]: Y para mí compartí más cosas con José y con la barra que las que me tocó compartir con mi familia.
[Mariano Pagella]: De a poco, Darío empezó a conocer más detalles de cómo funcionaba la barra. Por ejemplo, el mecanismo de las entradas.
[Darío Vesselizza Randi]: El único que repartía las entradas era José. José siempre las tenía encima.
[Mariano Pagella]: Porque significaban poder. Pensemos que, dentro de la barra, había muchos grupos de distintos barrios que querían meter a su gente a la tribuna. Y cuanto más numerosos fueran, más bravos y picantes serían. Por eso, para no dejar a ninguno de tus compañeros afuera, tenías que estar en buenos términos con el Abuelo. Ahora Darío entraba a la cancha con La 12 y se quedaba en la parte de la tribuna donde estaba el grupo más importante de la barra. Era un lugar de privilegio, desde el que podía ver bastante cerca al Abuelo, parado en el paravalanchas principal, esa estructura de metal con forma de arco de fútbol, pero más chiquito. Desde ahí el Abuelo dirigía todo. Y entonces…
[Darío Vesselizza Randi]: Un día fue muy, muy particular porque me hace una seña y me dice: “vení”. Habré estado a unos 20, 30 metros y me dice: “Vení. Dame la mano y no me soltés”.
[Mariano Pagella]: Darío le agarró la mano al Abuelo con fuerza y él se trepó al paravalanchas.
[Darío Vesselizza Randi]: Quería estar agarrado de la mano. Y yo era un petisito así. Y todos los monos, todos los gordos subidos al paravalanchas… Yo no sé cuánto tiempo pasó hasta que pude ver un partido. Tenía que asomar la cabeza y todo.
[Mariano Pagella]: Lo tapaban pero no importaba, ahora tenía una responsabilidad, tan importante como ver al equipo y alentarlo: a partir de ese momento, Darío se convirtió en una de las personas encargadas de sostener al Abuelo mientras dirigía la tribuna.
[Darío Vesselizza Randi]: Me dice, “gracias. Quédate acá y quedate tranquilo que a vos no te va a pasar nada”.
[Mariano Pagella]: Había logrado formar parte de ese grupo de hinchas “especial” que había visto a los 9, 10 años. Había cumplido su sueño. Hasta que llegó el 30 de abril de 1994, el día del superclásico.
Hacemos una pausa y volvemos.
[Mariano Pagella]: Los superclásicos son partidos especiales para la barra, más todavía cuando se juegan de local. Y para Darío y otros barras de La 12, el procedimiento siempre era: arrancar temprano en la casa de Manzanita, y de ahí salir todos juntos para la cancha. Pero como contamos al inicio del episodio, el 30 de abril del 94, esa rutina se rompió. El núcleo central de la barra se fue antes, sin avisar, y entraron al estadio varias horas más temprano. Y el Abuelo, en lugar de ir hacia la tribuna, fue al estacionamiento, donde lo estaban esperando.
[Marcela Mora y Araujo]: El estacionamiento es pasando 18.000 millones de vallas. Es un descampado, digamos, donde hay algunos autos con permisos especiales. Pero más que nada, son los jugadores los que pueden entrar. No podés entrar ahí si no tenés un permiso especial.
[Mariano Pagella]: Marcela Mora y Araujo es periodista, la escuchamos también al comienzo del episodio. Y ese día del superclásico entra por el estacionamiento porque es donde el Abuelo le dijo que iban a encontrarse para hacer una nota. La policía está muy ocupada con la seguridad del partido, como escuchamos en el primer episodio, durante el ingreso hubo algunos enfrentamientos de la policía con hinchas de River. Así que Marcela atraviesa varios controles hasta que la frenan.
[Marcela Mora y Araujo]: Llegué bastante cerca y dije: “Me citó José acá”. “¿Qué José?”. “Barritta”. Y me miraban raro los policías, pero finalmente me dejaron estar.
[Mariano Pagella]: Cuando Marcela menciona a Barritta, le permiten quedarse. Marcela es periodista freelance y trabaja con medios de distintos países, entre ellos la BBC, la radio y televisión pública del Reino Unido. Vive en Londres desde hace varios años, pero justo en 1994 vino unos meses a la Argentina, para hacer algunas notas para la BBC sobre fútbol. Y en ese tiempo que pasó en Buenos Aires, siempre que pudo fue a la Bombonera. Pero no al palco de prensa con los periodistas: a la tribuna. Y no a cualquier parte de la tribuna.
[Marcela Mora y Araujo]: Iba siempre con mis primos y amigos de ellos a La 12 porque éramos de Boca y queríamos ser de la familia, digamos. La idea de la barra es una idea de pertenencia, básicamente.
[Mariano Pagella]: En varios de esos partidos, Marcela miraba al centro de la barra. Veía las banderas, los bombos, a la gente que no paraba de cantar. Y, en el paravalanchas central, a José Barritta, el Abuelo. Y entonces, unas semanas antes del superclásico…
[Marcela Mora y Araujo]: En La 12 misma, le pedí a mi primo que me acompañe y fui metiéndome entre la gente, que es difícil de describir lo que eso implica, porque la gente está parada tan cerca la una de la otra que es muy difícil meterse entre un cuerpo y otro.
[Mariano Pagella]: Marcela hizo un esfuerzo y se escurrió por los pequeños espacios de la tribuna. En la mano llevaba un micrófono con un grabador.
[Marcela Mora y Araujo]: Realmente a medida que me iba acercando al centro sentía que las piernas me temblaban y sentí miedo y nervios. Cuando llegué bien cerca de Barrita, me acuerdo que él estaba de espaldas al campo de juego, o sea, dirigiendo al resto de la gente, de la hinchada, revoleando los brazos. Y en un momento que revoleó la mano, yo le agarré la muñeca. Y le dije, “José”. Y me dijo: “¿qué querés?”
[Mariano Pagella]: Probablemente los que estaban alrededor del Abuelo quedaron sorprendidos. A cualquier otra persona que se hubiera acercado así al Abuelo, los barras ya la hubieran agarrado para sacarla del estadio.
[Marcela Mora y Araujo]: Y entonces le dije: “soy de la BBC de Londres, y quiero hacerte una nota”. Y me dijo: “bueno, bueno, está bien, esperame un minuto”. Y después me dijo algo que nunca me voy a olvidar, que es: “pero guarda ese micrófono que acá te lo van a manotear. Yo no controlo todo”. Yo seguí temblando, mi primo también. Y dije, qué simpático este señor Barritta. Ese fue mi primer encuentro con él.
[Mariano Pagella]: Pedazos de esa conversación salieron días después en un informe de la BBC. Pero Marcela decidió hacer un reportaje más extenso.
[Marcela Mora y Araujo]: Lo comenté con un diario muy importante de Argentina. Y el editor de Deportes me dijo: “hace mucho que no hacemos un Boca – River desde la tribuna. ¿Te animas a ir de nuevo a hacer eso?”. Y yo dije, “sí, si Barritta me habilita, sí”.
[Mariano Pagella]: Cuando le hizo la primera entrevista, el Abuelo le había dado el número de teléfono de su casa. Él vivía con la madre en ese momento. Así que lo llamó.
[Marcela Mora y Araujo]: Y le pregunté si podía pasar el próximo superclásico, y encontrarme en el estacionamiento por donde entran los jugadores, tres o cuatro horas antes del partido. Y pasar toda esa tarde hasta el final del partido con él.
[Mariano Pagella]: Y el Abuelo le respondió que sí. Entonces, el día del superclásico, ese 30 de abril del 94, Marcela lo espera en el estacionamiento.
[Marcela Mora y Araujo]: Y cuando él llega, con un pequeño séquito, digamos, un pequeño entorno de sus más allegados y me ve, me hace una señal de que lo siga y me lleva con ellos.
[Mariano Pagella]: Mientras caminan hacia la tribuna, el Abuelo no provoca miedo ni es intimidante, sino todo lo contrario: los hinchas comunes y corrientes se le acercan.
[Marcela Mora y Araujo]: Todo el mundo lo saludaba a él con un cariño increíble. Era como un… Como un celebrity.
[Mariano Pagella]: Le piden fotos, casi como si fuera un viejo ídolo del club que vuelve a la Bombonera después de mucho tiempo.
[Marcela Mora y Araujo]: El controlaba un poco todo lo que pasaba. El que vendía fotos, el que vendía banderines, el que vendía choripan. “¿Querés una Coca?”, me decía cuando pasaba, y agarraba. Me acuerdo también que en un momento había uno que vendía fotos, pero fotos random. Y había una de el Abuelo con Maradona, abrazados, las dos cabezas juntas riéndose.
[Mariano Pagella]: A Marcela le resulta más interesante que su personaje no sea un malo de película, como lo pinta la prensa. Siente que tiene más cosas para contar. Antes de que empiece el partido ve que alguien se acerca al Abuelo para contarle algo que pasaba afuera.
[Marcela Mora y Araujo]: Había una combi con equis cantidad de hinchas que venían de no sé dónde que los habían detenido.
[Mariano Pagella]: Una combi. Una van.
[Marcela Mora y Araujo]: Y el Abuelo hacía dos llamados y solucionaba. Él no tenía teléfono, él. Le daban los teléfonos los que decían, “te llaman fulano, te llama mengano”, y le ponían el teléfono. Él no tenía nada.
[Mariano Pagella]: Alrededor del Abuelo hay varias manos con los primeros celulares con antena, que ya eran más transportables que los ladrillos grises de unos años atrás.
[Marcela Mora y Araujo]: No sé a quién llamaba. No sé si llamaba a un abogado o al comisario directamente o qué, pero bueno, iba resolviendo todo esto.
[Mariano Pagella]: Lo que el Abuelo ordena se cumple. Y así, mientras él organiza, otros barras se encargan de cuidar a Marcela.
[Marcela Mora y Araujo]: Uno era excombatiente de Malvinas. Eso me acuerdo muchísimo, porque en un momento yo le pregunté si había algo similar en el orden que ellos estaban poniendo, en la orquestación de tanto hombre joven, eh, que le recordara al ejército. Y me miró y me dijo, “pero estás loca. Esto no tiene nada que ver con la guerra”. Y me dijo, “nadie odia a la guerra más que el soldado. Esto no tiene nada que ver con la guerra. Esto es alegría”. Y yo, eh, compré, me dejé seducir por ese discurso.
[Mariano Pagella]: Y sí: un superclásico es una fiesta en las tribunas. “Alegría”, como le dijo a Marcela ese veterano de Malvinas. Para la barra, el recibimiento al equipo es tan importante como lo que pasa en el partido. Y para que todo salga bien en esos tres o cuatro minutos en los que el equipo entra a la cancha, un montón de personas tienen que trabajar mucho en la previa. Suena un poco inocente, pero esas también son las tareas de la barra.
[Marcela Mora y Araujo]: Hay que coordinar 50.000 globos azules y amarillos que salgan exactamente en el momento que salen los jugadores del túnel. Humo azul y amarillo. Es una orquestación milimétrica.
[Mariano Pagella]: Hay muchísimas personas en la tribuna que trabajan rápido, que saben dónde colgar banderas, repartir los globos. Todos saben qué hacer y lo hacen.
[Marcela Mora y Araujo]: Entonces alguien dijo, “no, llamó el comisario no se qué, que no traigan pirotecnia”. Y se reían todos y decían, “pero si la pirotecnia ya está acá adentro”. Entraban bombos gigantes. Los bombos son el latido fundamental de la pasión del hincha argentino.
[Mariano Pagella]: Pero los bombos no solo sirven para ponerle ritmo al partido…
[Marcela Mora y Araujo]: Adentro del bombo entran cosas. Entran trapos, que es el nombre de las banderas grandes. Trapos gigantes. Entra la pirotecnia, que sería el humo de colores. A veces bengalas.
[Mariano Pagella]: Finalmente llega el momento en que los jugadores de Boca salen por el túnel. La Bombonera estalla. Todo lo que habían estado preparando en esas horas se tira a la cancha: papeles, cintas, globos, pirotecnia, humo de colores. Todo eso se junta con el ruido de los gritos de miles de hinchas de Boca y los silbidos de los de River.
[Marcela Mora y Araujo]: Yo quedé ahogada abajo de la bandera. Era gigante. O sea, yo no vi nada de ese partido. Estaba completamente inmersa y la bandera era como un techo. Eran todos tipos a mi alrededor saltando y gritando, pum, pum para arriba. Canten, alienten. Una mezcla de miedo y fascinación, sin ver nada del partido, anotando, tomando nota y tratando de internalizar todo lo que veía. Es muy, muy, muy impresionante.
[Mariano Pagella]: El comienzo del partido es pura alegría y festejo para intimidar a las “gallinas”, los de River, que están de visitante. Marcela está a metros del Abuelo. Pero en el segundo tiempo, cuando River empieza a ganar, nota que las cosas cambian.
[Marcela Mora y Araujo]: Si el inicio fue una cronometría impecable, suiza, ya a mitad del partido… No. Había otra sensación: mal humor, había que como apaciguar a ciertos chicos que estaban más desbordados.
[Mariano Pagella]: Con los goles en contra se empiezan a escuchar más los festejos de la tribuna de enfrente. Y en la propia, Marcela ve cómo la frustración y la bronca empiezan a crecer.
[Marcela Mora y Araujo]: Y después del partido, cuando gana River, los hinchas de River festejaron muchísimo ahí mismo. Lo cual provocó reacciones muy agresivas. Toda la hinchada de Boca contestaba, y ya el ambiente se hace más denso.
[Mariano Pagella]: Marcela escucha los chiflidos y los insultos a los hinchas de River, pero no llega a darse cuenta de otros movimientos a un par de metros.
[Marcela Mora y Araujo]: Yo supongo que una persona que sabe quiénes son los 20 o los 10 o los 15 relevantes mira y se da cuenta que desaparecieron al mismo tiempo. Pero para mi no… Yo no tenía manera de identificar a ninguno. No los conocía.
[Mariano Pagella]: A unos metros de Marcela, un grupo de La 12 entre los que está Darío Vesseliza Randi —el barra a quien escuchamos antes— se va de la cancha un rato antes del final. El Abuelo sigue adentro. Marcela decide esperar a que se vacíe un poco más la cancha para irse. Cuando no queda nadie, el Abuelo y algunos barras que todavía están con él bajan los escalones de la tribuna.
[Marcela Mora y Araujo]: Y salimos todos juntos.
[Mariano Pagella]: Marcela se despide del Abuelo y camina por las cuadras del barrio de La Boca mirando a los que quedan en las pizzerías y los kioscos. Acaba de vivir un superclásico desde adentro de La 12 y todavía no lo puede creer. Esa tarde se va de la cancha sin saber lo que había pasado en otra parte del barrio de La Boca.
[Marcela Mora y Araujo]: Todavía estaba un poco como… No sé cuál sería la expresión. Sorprendida, flechada. Estaba bastante fascinada. Me parecía increíble lo que había vivido. Y esto a mí me había parecido como una experiencia muy fresca, donde conocí un lado increíblemente humano, y con el cual te podés identificar. O sea, no eran monstruos, bandidos, malos, asesinos, para nada. Eran todos los mismos tipos que están en el otro sector de la cancha, donde iba yo desde chiquita a todos los… Pero bueno, alguno se ve que no.
[Mariano Pagella]: A unas pocas cuadras la policía corta la calle y las ambulancias ya atienden a los hinchas de River heridos. A diferencia de Marcela, Darío está al tanto de todo. De las peleas afuera del estadio, de los camiones mosquito llenos de hinchas de River… y de los disparos. Lo que vio en la intersección de Huergo y Brasil es algo que no va a poder olvidar.
[Darío Vesselizza Randi]: Después de que terminan todo estos sucesos, yo me voy directamente para la casa de mi abuela. Y, no, 80 cosas en la cabeza…
[Mariano Pagella]: Darío vuelve a casa como un zombie. No puede procesar todo lo que pasó. Hasta que recibe una visita misteriosa.
[Darío Vesselizza Randi]: “Me manda José a decir que se borren todos. Tienen que desaparecer todos”.
[Mariano Pagella]: Darío no sabe qué hacer, hasta que en un momento, todas las dudas se van a transformar en una decisión. Todo esto en el próximo episodio de Superclásico 94.
[Silvia Viñas]: Superclásico 94 es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios, y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio.
Esta serie fue producida por Mariano Pagella, Alejandro Marinelli y Sergio Renna.
Los editores fuimos Pablo Argüelles, Daniel Alarcón y yo.
La verificación de datos es de Ana Prieto.
Mariano hizo el diseño de sonido, con música original de Nicolas Pagella, quien también compuso el tema musical de la serie. Martín Cruz estuvo a cargo de la mezcla de sonido y masterización.
La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. La producción digital la hizo Andrés Centeno con Óscar Luna.
La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.
Carolina Guerrero es la CEO de Radio Ambulante Studios.
En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gomez.
Radio Ambulante Studios produce y mezcla sus podcasts en el programa Hindenburg PRO.
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Soy Silvia Viñas. Gracias por escuchar.