[Audio de archivo]: Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona. Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial…
[Silvia Viñas]: 1986, Mundial de México. Partido entre Argentina e Inglaterra por los cuartos de final.
[Audio de archivo]: GOOOOOOOOL, GOOOOOOOOL, GOOOOOOOOL….
[Silvia Viñas]: Diego Maradona hizo uno de los goles más increíbles de la historia del fútbol. Partiendo desde mitad de cancha, avanzó con la pelota imparable, esquivando a cinco jugadores ingleses, incluyendo al arquero.
[Audio de archivo]: Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?
[Silvia Viñas]: Pasó a la historia como “el gol del siglo” y fue un momento histórico para los argentinos por varios motivos. Por el resultado, porque Argentina ganó ese partido 2-1, con goles de Maradona, y avanzó a semifinales. Pero también porque fue el primer partido entre los dos países después de la guerra de Malvinas, un conflicto que duró 74 días y donde murieron 649 argentinos y 255 ingleses. Por eso el partido tenía una carga emocional extra, dentro y fuera de la cancha.
[Gustavo Grabia]: A todos los futboleros lo que nos queda es lo que hizo Maradona en ese partido. Pero al mismo tiempo, en el mundo barra queda lo que hizo la barra de la selección, que era liderada por la barra de Boca.
[Silvia Viñas]: Este es Gustavo Grabia, el periodista especializado en barras bravas que escuchamos en el episodio pasado. Esa barra «oficial» de la selección argentina era una especie de comitiva, que contaba con la venia del técnico de la selección, Carlos Salvador Bilardo. Y, según se decía en la época, incluso tenía el visto bueno de la Asociación de Fútbol Argentino. La componían integrantes de las barras más importantes del país. Pero alguien tenía que dirigir a ese grupo, y el elegido fue el jefe de la barra más poderosa de ese momento, La 12, la barra de Boca. Esa persona era José Barritta, el Abuelo.
[Gustavo Grabia]: El resto de las barras argentinas no les queda otra que responder al mando natural del Abuelo si querían, además, tener los beneficios que les daba ser parte de la barra de la selección, digo, ir a México, entrar a la cancha, y todas esas circunstancias.
[Silvia Viñas]: Hay fotos de ese mundial donde se ve al Abuelo con otros miembros de la barra. Lleva una trompeta en la mano que después, en los partidos, se lo ve tocando, alentando al equipo. Y hay un momento clave que hace que esta barra del mundial 86 liderada por el Abuelo quede como la gran barra argentina. Fue antes de ese partido contra Inglaterra.
Por un lado estaba la barra argentina y del lado inglés los Hooligans, que el año anterior habían causado la muerte de casi 40 personas en una final de la Copa de Europa. Los barras argentinos sentían que, al igual que los futbolistas en la cancha, ellos podían tener su propia revancha por Malvinas. Así que antes del partido hicieron una emboscada en las calles de la ciudad de México.
[Gustavo Grabia]: Junto con 50 barras del Celtic de Escocia, que todos saben que hay pica con los ingleses, hacen una inteligencia de saber por dónde van ir a la cancha, los encierran, los muelen a palos y les roban las banderas.
[Silvia Viñas]: Sean barras bravas o hooligans, las banderas siempre son sagradas, y que te las roben es una de las peores ofensas. La barra se quedó con esas banderas y las exhibió como un trofeo. Quemaron una al comienzo del partido, frente a las cámaras de televisión.
[Gustavo Grabia]: Y cuando vuelven acá a la Argentina, las muestran en la Bombonera, y en un partido prenden fuego las banderas. Todo parece una locura, pero así sucedió.
[Silvia Viñas]: Ese enfrentamiento del mundial del 86 pasó a la historia como una victoria con múltiples niveles.
[Gustavo Grabia]: Era una reivindicación de la argentinidad, que era media tonta porque en realidad la guerra la perdimos y las Malvinas lamentablemente siguen siendo de ellos. Pero bueno, simbólicamente eso empoderó al Abuelo a niveles que poca gente podía entender. El Abuelo pasó a ser un personaje mítico a partir de eso para toda la sociedad argentina.
[Silvia Viñas]: Pero para entender cómo el Abuelo y la barra brava de Boca, La 12, alcanzaron tanto poder, no es suficiente recordar su protagonismo en el mundial del 86, que Argentina terminaría ganando. Tenemos que ir un poco más atrás. En este episodio vamos a recorrer el camino que nos lleva desde los orígenes de La 12 hasta su momento más infame: el doble crimen del superclásico en 1994. Vamos a entender cómo construyó su influencia y cómo irrumpió el Abuelo para tomar el poder y llevar los negocios y la violencia en el fútbol argentino a niveles nunca antes vistos.
Desde Central Series y Radio Ambulante Studios, soy Silvia Viñas y esto es “Superclásico 94”.
Episodio 3: El dueño del paravalanchas.
[Silvia Viñas]: En Argentina hay tantas barras bravas como equipos de fútbol. Y cada una tiene un nombre que se relaciona de una u otra forma al club que apoya. Pero ninguna barra tiene un nombre tan revelador como la que hincha por Boca Juniors.
[Gustavo Grabia]: Que se llame jugador número 12 la barra de Boca es algo muy simbólico. No son “Los borrachos del tablón”, como River. Los borrachos del tablón es peyorativo. La Butteler es el nombre de una calle, no tiene una referencia específica con el club San Lorenzo. La José C. Paz de Huracán es una plaza. El jugador número 12 es: “nosotros somos parte del plantel”.
[Silvia Viñas]: La leyenda dice que el nombre «La 12» surgió en 1925. Ese año Boca realizó su primera gira internacional. Y durante ese viaje por Europa, que duró cinco meses, hubo un hincha que pagó todos sus gastos para acompañar al equipo. Fue como el asistente de los jugadores: les traía agua, les daba masajes, hasta les sugería tácticas. Y como probablemente era el único en la tribuna que hinchaba por el club, le pusieron como apodo «el jugador número 12».
Sigue la historia Mariano Pagella.
[Mariano Pagella]: Como ya contamos en el episodio anterior, el fenómeno de las barras bravas fue tomando forma lentamente a lo largo de las décadas. Y en los años 60 aparece la primera figura fuerte de liderazgo de una barra: Enrique Ocampo, más conocido como “Quique el Carnicero”.
[Gustavo Grabia]: A ver, La 12 de de Ocampo era como una proto barra brava, como una organización más barrial que lo que hace es sacarle algunos beneficios al club y no mucho más.
[Mariano Pagella]: Quique Ocampo era dueño de una carnicería a pocas cuadras de la Bombonera, el estadio de Boca. Muchos jugadores compraban ahí y también, durante los partidos, Quique vendía sándwiches en la tribuna. De esta forma, de a poco, se hizo conocido. Hacia fines de los 50 empezó a organizar reuniones con hinchas y para mediados de los 60, ya se estableció como líder en la tribuna y convirtió a La 12 en referente absoluto entre las barras argentinas.
[Gustavo Grabia]: Es el primer jefe que ve una cuestión de negocio en la barra brava de Boca y consigue que le den las entradas gratis para los partidos; consigue tener un almuerzo mensual con todo el plantel donde no solo se hablaba de fútbol, sino que los jugadores tenían que aportar un dinero a la barra…
[Mariano Pagella]: O sea, eran como donaciones casi forzosas.
[Gustavo Grabia]: El primero que ve ese negocio es Quique Ocampo.
[Mariano Pagella]: Por entonces aparece uno de los ingredientes distintivos de las barras argentinas: la relación con la dirigencia. El presidente de Boca en ese momento sabía que necesitaba ganarse a la hinchada, así que decidió hacer acuerdos con Quique: darle entradas gratis y dejarlo reunirse con los jugadores.
[Gustavo Grabia]: El club además le pagaba a la barra la posibilidad de viajar tanto a los partidos del interior como a los partidos de Copa Libertadores.
[Mariano Pagella]: Donde Boca se enfrentaba a equipos como el Alianza Lima de Perú, o al Cruzeiro de Brasil. Después, en 1977 Boca le pagó a Quique un viaje a Alemania, para ver al equipo ganar la final de la Copa Intercontinental. Incluso se lo puede ver en una foto cargando ese trofeo junto al entrenador y el presidente del club. Así de grande había crecido su poder. Pero luego, una nueva figura irrumpió en el mundo de las barras argentinas, alguien que mencionamos al comienzo de este episodio: el Abuelo.
[Gustavo Grabia]: La pregunta del millón que se hace en todos es ¿cómo se construye un Abuelo, ¿no? Yo creo que tenía su destino ya prefijado, porque su apellido era Barritta. Se llamaba José Barritta.
[Mariano Pagella]: Barritta nació en 1953 en Catanzaro, en el sur de Italia. Cuando era muy chico su familia emigró a la Argentina. Eran de clase trabajadora. Llegaron a La Boca, pero cuando José tenía seis años se mudaron a otra localidad, a una hora y media de distancia. Ahí abrieron un almacén que se convirtió en su principal fuente de ingresos. No les dejaba mucho, pero era suficiente para subsistir.
[Gustavo Grabia]: Barritta, como yo creo que la gran mayoría de los chicos argentinos, tenía el sueño de ser jugador de fútbol. El sueño de Barritta no era liderar una barra, el sueño de Barritta era ser al que la barra alentaba.
[Mariano Pagella]: A los 14 años empezó a probarse como jugador en algunos clubes, pero eso significaba tener que viajar todos los días para entrenar. Y su familia no tenía plata para pagarlo.
[Gustavo Grabia]: Y tiene que largar la posibilidad de ser jugador de fútbol. Él ya había decidido que no iba a estudiar, con lo cual el padre lo manda a trabajar a un aserradero.
[Mariano Pagella]: Por esa época, primera mitad de los 70, la popularidad de Boca había crecido mucho más allá de las fronteras del barrio. Y a La 12 se habían empezado a sumar grupos de barras de otros barrios de Buenos Aires. En el aserradero donde comenzó a trabajar, Barritta hizo nuevos amigos que resultaron ser parte de la barra. Y acá es donde Barrita dio el primer paso de lo que sería su ascenso imparable: juntó a estos barras compañeros del aserradero con barras de otras partes de la ciudad, y con varios amigos de la infancia que eran del barrio de La Boca.
[Gustavo Grabia]: Y con ese grupo él empieza a ir a la cancha de Boca, aproximadamente en el año 75 se da su ingreso a la segunda bandeja, que es el lugar en donde va la barra de Boca.
[Mariano Pagella]: A los 22 años, José Barrita entra a la tribuna de la Bombonera donde siempre se para La 12. Como ya tenía algunas canas a pesar de ser tan joven, le ponen el apodo con el que va a pasar a la historia: «el Abuelo».
Hacemos una pausa y a la vuelta: el ascenso del Abuelo al poder.
[Mariano Pagella]: Hay algo que tenemos que tener muy en cuenta antes de seguir: para liderar una barra brava en la Argentina tenés que ser alguien muy especial.
[Gustavo Grabia]: Los jefes de las barras, todos, pero en particular los de Boca, que es la barra más grande del país por escándalo, tienen ser carismáticos. No existe el líder “bajo perfil”. Si vos manejás la barra de Boca, vos tenés un perfil muy alto. No tienen otra opción.
[Mariano Pagella]: Carismático, de perfil alto. Así era José Barritta, el Abuelo, cuando a los 22 años, comenzó a ir a la cancha de Boca. Y como contábamos antes, iba con sus colegas del trabajo, amigos de la infancia y miembros de otras barras de Buenos Aires.
Era el año 1975. Por entonces, el líder de la barra de Boca, La 12, era Quique Ocampo, “el carnicero”. Recordemos que él fue la primera figura fuerte de liderazgo de la barra. Quique y sus seguidores siempre iban a una misma ubicación en la tribuna. A su alrededor había otros hinchas comunes, y todos sabían que había que mantener distancia. Pero el Abuelo y sus amigos se hicieron notar desde el inicio.
[Gustavo Grabia]: Si bien no pasan a ser primera línea ni mucho menos de Quique el carnicero, se ponen al costado. Si vos te ubicás en la tribuna de Boca, mirando hacia el campo de juego, ellos van a la derecha de lo que sería el paravalancha principal.
[Mariano Pagella]: “Paravalancha”. Es una palabra importante para esta historia. Son unas estructuras de metal, que tienen la forma de un arco de fútbol, pero más chiquito. Están distribuidas en las tribunas para contener a los hinchas y evitar que no se forme una avalancha de gente cuando, por ejemplo, celebran un gol. O por lo menos, esa es la función para la que se diseñaron. Porque los hinchas les encontraron otro uso: pararse arriba y alentar al equipo. Y hay un paravalancha que es especial. El principal, el que está en el centro de la tribuna, representa el trono del jefe de la barra. Ahí sólo se para él, de espaldas a la cancha y dirige a su gente.
[Gustavo Grabia]: Mucha gente se pregunta por qué no ven los partidos y se ponen de espaldas. La respuesta es muy sencilla: porque siempre tienen miedo de ser traicionados. Ellos siempre tienen que estar mirando de frente a sus acólitos y sus segunda línea, porque siempre tienen la idea paranoica de que alguien puede venir y acuchillarlos por la espalda, lo que pasa generalmente en el mundo de las barras: se ataca a traición.
[Mariano Pagella]: Entonces, tenemos a un joven José Barrita que entró con un grupo consolidado a la tribuna de la barra de Boca. Estaban alejados de ese paravalanchas principal, el trono de Quique el carnicero, el líder de La 12. Pero el Abuelo no tenía intención de quedarse en los márgenes y sabía muy bien cómo hacerse notar.
[Gustavo Grabia]: Cuando empieza a haber refriegas contra otros clubes, el grupo ese que comandaba el Abuelo comienza a ir al frente en esas peleas. Entonces, si vos vas al frente en esas peleas, te ganas el cariño, digamos, de la jefatura.
[Mariano Pagella]: A fuerza bruta y «yendo al frente», la imagen del Abuelo empezó a crecer. En sólo un par de años, él y su grupo se ganaron el respeto del resto de la barra. Y el Abuelo se empezó a dar cuenta de que podía ir por más.
[Gustavo Grabia]: La diferencia es que José Barrita ve que hay un negocio, que Quique, además, guardaba todo el poder para el barrio de La Boca y no repartía. Y entonces José Barrita lo que hace es ir ganándole terreno convenciendo al resto de los grupos.
[Mariano Pagella]: Recordemos que para este punto —estamos hablando de finales de los 70s— Boca ya es un club masivo, que trasciende fronteras. Quique representaba al viejo club de barrio. El Abuelo entendió que ahora Boca era mucho más que eso. Así que empezó a hablar con los grupos de otros barrios afuera de La Boca. Y les prometió algo: si él llegaba a ser jefe, las ganancias se iban a repartir entre todos.
[Gustavo Grabia]: Y así empieza a sumar muchos grupos de la barra brava de Boca, la de San Martín, la de Lomas de Zamora, la de Banfield Temperley, la de Flores de Capital. Bueno, la de los distintos barrios que cada una tenía sus referentes, y va armando un ejército durante un año y medio…
[Mariano Pagella]: Y así llegamos a 1981. El Abuelo ya era muy influyente y había convencido a su grupo y a otros más que Quique el carnicero ya había cumplido su ciclo. Así que fue a hacerle frente y exigirle que repartiera el botín: las ganancias de los locales de comida dentro de la cancha y las «donaciones» de jugadores y dirigentes a la barra. Negocios que Quique inventó y que para ese entonces ya sumaban una cantidad de dinero considerable.
[Gustavo Grabia]: Quique no ve venir lo que va a pasar. Se niega a cederle beneficios al grupo del Abuelo. Y entonces el grupo del Abuelo junta más gente y organizan quedarse con la barra.
[Mariano Pagella]: Básicamente, decidieron tomar el poder por la fuerza. La fecha elegida fue el 24 de junio de 1981. Boca tenía un equipo demoledor, con Diego Maradona a la cabeza. Estaban punteros del torneo y les tocaba jugar de visitante en la ciudad de Rosario contra Newell’s, otro equipo fuerte del fútbol argentino. Rosario está a 300 kilómetros de La Boca y de la Bombonera. Es decir, lejos de la esfera de influencia de Quique. El lugar ideal. Así que antes del partido, cientos de barras del Abuelo se enfrascaron en una batalla campal con los de Quique. Y los golpistas ganaron. Cuando empezó el partido, el Abuelo entró a la cancha de Newell’s como el nuevo líder de La 12. Pero una cosa era hacerlo como visitante, y otra, en casa.
[Gustavo Grabia]: Lo que pasa es que después tenés que refrendar eso de local. Porque si vos no te subís al paravalancha principal en tu propia cancha, en este caso de la Bombonera, no sos el jefe de ninguna barra por más que te hayas subido de visitante.
[Mariano Pagella]: El Abuelo tenía que llegar al trono: el paravalanchas principal de la Bombonera. Y esto tenía que pasar a la semana siguiente, cuando Boca jugara de local. Pero Quique todavía tenía contactos fuertes y tiempo para organizarlos.
[Gustavo Grabia]: La gente de Quique intenta hacer un último esfuerzo para quedarse con la barra, en combinación con la policía y la dirigencia que en aquel momento creían que Quique seguía siendo la opción más válida.
[Mariano Pagella]: Quique era más fácil de controlar. Así que diseñaron un plan con la policía: el día del partido, cuando el Abuelo llegó a la Boca, lo detuvieron y lo llevaron a la comisaría por “resistencia a la autoridad”. Quique pensó que había ganado, pero se había olvidado de un detalle: en la calle quedaban unos 300 “soldados” del Abuelo, listos para atacar.
[Gustavo Grabia]: Se da una batalla en donde los corren durante 10 minutos, ocho cuadras y los echan definitivamente a la gente de Quique el carnicero de la barra.
[Mariano Pagella]: O sea, el Abuelo ganó —igual que en Rosario una semana antes—, pero esta vez en casa. Y en ese enfrentamiento, sus seguidores ya no fueron solo con sus puños. Algunos llevaron armas de fuego. Provocaron la huida de Quique y su gente a los tiros. La policía llegó al lugar para intentar controlar la situación y se encontró con cientos de barras enardecidos que no se iban a calmar hasta que liberaran a su jefe. Y la policía aceptó.
[Gustavo Grabia]: Y ese día él entra a la cancha como el nuevo líder de la barra brava de Boca, se para en lo que es el paravalancha principal…
[Mariano Pagella]: Y así, en 1981, comenzó su reinado. El poder del Abuelo en la tribuna estaba asegurado. Pero muy pronto también iba a tener que demostrar que podía influir en lo que pasaba adentro de la cancha…
[Gustavo Grabia]: Porque Boca, que venía puntero con cierta holgura, empieza a empatar partidos.
[Mariano Pagella]: Uno, dos, tres, cuatro partidos seguidos. Parecía una maldición.
[Gustavo Grabia]: Entonces el Abuelo se da cuenta de algo que le puede horadar el poder, que es “Che, con Quique el carnicero Boca estaba delante y iba a salir campeón. Y mientras agarré yo los cuatro partidos siguientes Boca empata”.
[Mariano Pagella]: La situación llegó al límite cuando el segundo de la tabla se puso a un punto de Boca, que estaba primero.
[Gustavo Grabia]: Entonces el Abuelo dice, “yo voy a dar un golpe sobre la mesa”, y va a la concentración previo a un partido clave que necesita ganar.
[Mariano Pagella]: El equipo estaba concentrado en La Candela, su complejo de entrenamiento, preparándose para jugar contra Estudiantes de La Plata y apareció la barra del Abuelo.
[Audio de archivo, Oscar Ruggeri]: terrible apretada. Cien eran. Nos rodearon toda la candela y entraron…
[Mariano Pagella]: Este es Oscar Ruggeri, jugador histórico de Boca de esa época y futuro capitán de la selección Argentina. Y el audio es de una entrevista donde recordó cómo fue ese momento en el que tuvieron la “visita” de la barra del Abuelo.
[Audio de archivo, Oscar Ruggeri]: Todos armados. Todos con revólver negro, no me los olvido más. Entonces, empiezan a meterse por todos lados, a sacarnos de las habitaciones.
[Mariano Pagella]: Un jugador estaba hablando con su mujer por un teléfono público, de esos que están fijos en la pared. Cuando fue uno de la barra a buscarlo, el jugador le dijo que no lo moleste, que estaba hablando. Así que el barra le sacó el teléfono de la mano y lo arrancó del muro.
[Audio de archivo, Oscar Ruggeri]: El teléfono voló a la mitad así del patio. Dijo: «¿Qué teléfono? ¿Qué estás hablando? Vení acá”.
[Mariano Pagella]: De a uno juntaron a todos los jugadores y los llevaron a una sala de reuniones grande. La situación parecía seria.
[Audio de archivo, Oscar Ruggeri]: Y los revólveres hacían así. Te apuntaban de acá para abajo, así. Iba y venía, iba y venía. Todos así arrinconados, ¿viste?
[Mariano Pagella]: Una vez que estuvieron todos en la sala, el Abuelo empezó a hablar. También tenía un arma en la mano.
[Audio de archivo, Oscar Ruggeri]: Entonces, dice: «miren, hoy les venimos a hablar. Eh, solamente les decimos que queremos salir campeones. Mañana a las seis de la tarde», que era la hora que terminaba el partido, «no les hablamos más. Jueguen y ganen».
[Mariano Pagella]: La charla “motivacional” parece que funcionó, porque Boca ganó el partido del día siguiente. Y casualmente, el gol lo hizo el jugador que estaba hablando por teléfono cuando entró la barra. El equipo comenzó a sumar puntos y se consagró campeón del torneo Metropolitano de 1981.
Volvemos con Gustavo, el periodista que estuvimos escuchando.
[Gustavo Grabia]: Entonces el abuelo no es solamente el nuevo jefe de la barra de Boca, es el nuevo jefe de la barra de Boca que ayudó a salir campeón, en el imaginario popular, ¿no? Pero ahí es donde el Abuelo aparece ya para toda la sociedad futbolística como el verdadero nuevo líder de la barra brava de Boca.
[Mariano Pagella]: Y a partir de ese momento, empezó a consolidar su poder sobre una estructura que hasta entonces no existía en las barras bravas argentinas.
[Gustavo Grabia]: Es, si se quiere, una estructura como mafiosa, porque él empieza a tener mucho más vínculo con la política. Mucho más vínculo con los sindicatos. Mucho más vínculos con los clubes,
[Mariano Pagella]: Organizó a las distintas facciones de la barra de Boca de otros barrios. Designó un referente en cada uno de esos grupos y cumplió su promesa de repartir las ganancias entre ellos. Pero esto significó que había que ampliar la recaudación del negocio.
[Gustavo Grabia]: Entonces dice, “che, bueno, acá hay concesionarios que venden comida dentro de la cancha, pero comida también afuera de la cancha. Bueno, ¿quieren trabajar tranquilos? Van a tener que dejarle un dinero a la barra”. Con Barritta empiezan cobrando al que vendía el gorro, bandera y vincha.
[Mariano Pagella]: Es decir, comenzaron a extorsionar a los comerciantes que se ganaban la vida vendiendo cosas en los alrededores del estadio. Y se inventaron nuevas formas de ingresar dinero.
[Gustavo Grabia]: El estacionamiento en las calles, tarifado, que es una tarifa que pone la barra, es un nuevo negocio que genera Barritta.
[Mariano Pagella]: De a poco empezó a «profesionalizar» los negocios de la barra. Dejaron de ser simplemente una recaudación de dinero dentro del estadio y se convirtieron en una inversión.
[Gustavo Grabia]: De hecho, con las primeras ganancias de la barra él adquiere taxis. La idea de la barra de Boca era hasta tener una flota de taxis para dárselos a trabajar a algunos de los barras y que se mantuvieran con esa plata.
[Mariano Pagella]: Así, a golpe de invertir dinero, de repartirlo, de exigirlo, el Abuelo siguió acumulando su poder. Pero para mantener ese poder y esos negocios, era necesario un último ingrediente: la violencia. Si querían ser la barra más fuerte de todas, tenían que suprimir cualquier amenaza, viniera de donde viniera.
[Gustavo Grabia]: “¿Quién está creciendo? La barra de Quilmes”, dice, “bueno, nosotros vamos a atacar ahí”.
[Mariano Pagella]: ¿O la barra de Independiente? ¿Porque uno de sus hinchas era el presidente de la AFA, la Asociación del Fútbol Argentino?
[Gustavo Grabia]: “Nosotros vamos a atacar a la barra de Independiente y vamos a dejar claro que somos nosotros la barra más poderosa del país”.
[Mariano Pagella]: A medida que pasaron los años, La 12 se consolidó como la barra más fuerte y temida de la Argentina, y la popularidad del Abuelo también se afianzó a nivel nacional.
[Gustavo Grabia]: José Barritta se convierte en una persona súper importante para la Argentina. Él pasa a ser una especie de ídolo.
[Mariano Pagella]: Eso, sumado a que el Abuelo ya tenía conexiones con Maradona, el capitán de la selección, y con el entrenador, convirtieron a La 12 en la barra «líder» de los mundiales, sobre todo porque era la que más hinchas llevaba. Así viajaron al mundial 86, donde se dió la batalla contra los hooligans, como ya contamos al inicio del episodio.
[Gustavo Grabia]: El tema de la barra de Boca bajo el reinado del Abuelo es que a esa violencia hay que empezar a sumarle cada vez más violencia.
[Mariano Pagella]: Porque también viajaron al mundial 90, en Italia, donde hubo una nueva batalla. Pero esta vez no fue contra otro país, como en el mundial anterior. Esta vez, el enfrentamiento fue con otra barra argentina, la de Independiente.
[Gustavo Grabia]: Y con la barra de Independiente se da una situación particular, porque la barra de Independiente había llevado mucha gente.
[Mariano Pagella]: Y con toda esa gente, el jefe de la barra de Independiente, un hombre apodado “el gallego” Popey, decidió instalarse en el centro de la tribuna durante el primer partido de Argentina en Italia. Fue un claro desafío al liderazgo de La 12. Y bueno, el Abuelo no estaba contento. Así que, fiel a su estilo, decidió resolverlo todo en las calles de Roma.
[Gustavo Grabia]: Y el gallego Popey, que era el jefe de la barra de Independiente, lo duerme de una piña al Abuelo. Lo tira al piso, lo duerme mal.
[Mariano Pagella]: A pesar de que habían noqueado al Abuelo, La 12 tenía el triple de barras que Independiente. Así que mantuvo su liderazgo durante todo el mundial. Pero este enfrentamiento no terminó ahí. Es un momento que marcó una fuerte rivalidad entre las dos barras, una rivalidad que va a aumentar durante los años siguientes. Y que va a llegar a su punto máximo a inicios de febrero de 1994, casi tres meses antes del superclásico con el que comenzamos esta serie, en un hecho que pasó a la historia como La Batalla de Desaguadero. Y es importante porque aunque La 12 ya tenía armas de fuego, esta batalla fue la que —entre comillas—“oficializó” su uso en las barras bravas argentinas.
Una última pausa, y volvemos.
[Gabriel Canay]: Yo me empecé a meter en la barra más o menos 16 para 17 años.
[Mariano Pagella]: Este es Gabriel Canay. Empezó a ir a la cancha a ver a Independiente a los 5 años, con sus tíos y sus primos. Para principios de los 90 ya formaba parte de la barra que lideraba el gallego Popey.
[Gabriel Canay]: Los combates de los años 90 eran todos ya planeados, la mayoría. Cuando jugábamos de local decíamos, “bueno, vamos esperar en el puente o en la estación”, eso ya se estudiaba. El gallego era un cerebro para hacer emboscadas, todo.
[Mariano Pagella]: Una de las principales barras con las que estaba enfrentado era La 12. Habían tenido algunos encuentros después del mundial del 90, pero nada muy fuerte. Hasta un torneo amistoso, a inicios del 93, en la ciudad costera de Mar del Plata. Independiente había terminado de jugar un partido y la barra salió de la cancha. Iban caminando hasta los micros, los autobuses, que estaban a unas diez cuadras.
[Gabriel Canay]: Y íbamos con las banderas en las manos, como hacen todas las barra con los bombos. Y de repente aparecieron diez de la nada, no sé dónde estaban escondidos. Nos empezaron a tirar un par de tiros y nosotros no teníamos nada.
[Mariano Pagella]: Estos que “aparecieron de la nada” eran barras de Boca. Los barras de Independiente estaban preparados para un enfrentamiento a trompadas o a palos, como era lo clásico. Pero no para un ataque con armas de fuego.
[Gabriel Canay]: Nos salieron así y de sorpresa, nos tiraron un par de tiros que tuvimos que retroceder. Y bueno, después nosotros dijimos, “bueno, si estos nos quieren pelear, quieren tirar tiros, vamos a tirarle también cómo hacen ellos”.
[Mariano Pagella]: Y así es como llegamos a La Batalla de Desaguadero. Desaguadero es una ciudad muy chiquita en la frontera entre las provincias de San Luis y Mendoza, en el centro oeste de Argentina. En la ruta principal, el paso de una provincia a la otra está marcado por un monumento en forma de arco: el Arco de Desaguadero.
El 5 de febrero del 94 Boca e Independiente iban a jugar otro partido amistoso en Mendoza. Y para llegar, las dos barras tenían que pasar por ahí, por el arco, donde la policía tenía montado un operativo de control. El objetivo era evitar que las dos barras se cruzaran —ya tenían fama de violentas—, así que habían acordado que una llegara varias horas antes que la otra.
[Gabriel Canay]: Ese día me acuerdo que habíamos llegado primero nosotros. Éramos dos micros de esos de larga distancia que entran 50, 60 personas en cada uno. Y bueno, nos pararon para hacer la rutina que hace la policía mendocina, para revisar los micros, para ver el listado de los pasajeros. Y fue pasando los minutos, las horas que nos tenían ahí retenidos, y le informan de que se apuren con nosotros, que ya venía La 12. Entonces viene el jefe del operativo y nos dice, “bueno muchacho, listo, suban a los micros porque está llegando La 12”. Entonces nosotros dijimos, “bueno, esta es nuestra oportunidad”.
[Mariano Pagella]: Desaguadero no solo era la oportunidad de tener revancha por lo que había pasado un año antes en el partido de verano, cuando aparecieron de la nada los de la barra de Boca con pistolas. Era la ocasión de saldar cuentas que estaban pendientes desde esa pelea en las calles de Roma, en el mundial 90. Así que la decisión fue quedarse ahí y recibir a La 12.
[Gabriel Canay]: Hicimos tiempo como diciendo, “bueno, hay chicos que están en el baño, hay pibes que están comiendo, que fueron a comprar”. A todo eso hicimos tiempo y ¿qué pasa? Llegaron ellos.
[Mariano Pagella]: La barra de Boca llegó en varios autos y tres micros. Eran unos 100 hinchas, así que los números entre cada barra estaban bastante equilibrados. La policía los detuvo antes de cruzar el arco. De uno de los autos se bajó el Abuelo con sus jefes principales. Mientras, del otro lado, la barra de Independiente ya se había bajado a la calle. Imaginemos la escena: de un lado del arco, los de Independiente; del otro, los de Boca. Y en el medio, los pocos policías.
[Gabriel Canay]: Y se intercambiaban insultos. Nosotros con los de Boca, ellos con nosotros, que esto, que lo otro, y bueno, hasta que…
[Mariano Pagella]: Hasta que La 12 avanzó decidida en dirección al Arco de Desaguadero y se pusieron frente a frente.
[Gabriel Canay]: Y ahí empezó más fuerte la discusión hasta que se fue a las manos, un par de piñas, mano a mano. Y bueno, empezaron a tirar piedras de atrás, tiraban botellas que no sé de dónde salieron. Nosotros fuimos, encaramos. Empezamos, viste, palazo, piedrazo, como toda batalla barra contra barra.
[Mariano Pagella]: Entonces, en pleno arco se desató una batalla campal. Casi 200 barras luchando de manera descarnada, como si fuera el último combate de sus vidas. La policía estaba completamente superada en números.
[Gabriel Canay]: Y de repente se escucharon tiros. “Bueno”, dijimos, “estos arrancaron de vuelta a los tiros, no aguantan nada”. Le digo a los pibes, “no durmamos, y vamos a responderle con la misma moneda”, ¿no?
[Mariano Pagella]: Los de Independiente ya habían aprendido desde la última vez. En los micros llevaban bien escondidas varias armas de fuego, o como se les suele decir: fierros.
[Gabriel Canay]: Los pibes de Independientes ya estaban todos preparados y bajaron los fierros y se entró a tirar. Y ahí empezó todo.
[Mariano Pagella]: Comenzó una feroz balacera entre las dos barras que duró 20 minutos. Había disparos por todos lados. La escena era un caos absoluto: un testigo dijo en un reportaje de la época que había turistas de todas las edades, mujeres y niños. La barra de Boca no se esperaba esta respuesta y empezó a replegarse hacia sus micros. La policía pasó a cubrirse y pidió refuerzos urgentes.
[Gabriel Canay]: Llegaron los refuerzos y no nos quedó otra que subir a los micros y seguir rumbo para el estadio de Mendoza.
[Mariano Pagella]: La barra de Independiente abandonó el lugar. En el medio de la ruta tiraron algunas de las armas por las ventanillas del micro y otras las volvieron a esconder.
[Gabriel Canay]: Y bueno, lo que recuerdo es uno de nosotros que estaba herido en la pierna de un balazo. Y después, el pensamiento mío, el temor mío era de que si había algún muerto íbamos a estar hasta las bolas.
[Mariano Pagella]: Milagrosamente, a pesar de la terrible balacera, no hubo muertos. El resultado fue de quince heridos de Boca y dos de Independiente. Y los micros de Independiente nunca llegaron a la cancha.
[Gabriel Canay]: Habremos hecho, no sé, 20, 30 kilómetros y ya habían cortado la ruta. Terminamos todos en la comisaría, pero nunca nos bajaron al calabozo, porque éramos bastantes entre los bosteros y nosotros. Y aparte iba a ser una matanza si nos metían a todos. Llamaron refuerzos de varias comisarías de Mendoza, rodearon toda la comisaría y nosotros dentro del estacionamiento permanecíamos arriba de los micros.
[Mariano Pagella]: Ya habían detenido a los de La 12 en el arco de Desaguadero. Hay una foto icónica donde se ve al Abuelo con las manos en la espalda. Es el momento en el que un oficial de la policía se lo lleva esposado.
[Gabriel Canay]: Hicieron a cada uno la prueba de parafina, para ver quien era los que habían tirado y bueno, hasta que salieron los resultados positivos los que habían tirado. Y bueno, a esos los retuvieron y a nosotros nos largaron.
[Mariano Pagella]: Ocho barras de Boca y cuatro de Independiente quedaron detenidos por haberse comprobado que dispararon. Meses después fueron a juicio y los condenaron de dos a cuatro años de prisión por lesiones graves. Al Abuelo lo liberaron al día siguiente de la batalla porque no había disparado. Pero se llevó una gran lección de ese encuentro. Nos lo cuenta de nuevo Gustavo, el periodista.
[Gustavo Grabia]: Cuando el Abuelo sale de ahí, la barra de Boca lo que se da cuenta es que hay que armarse al nivel de lo que, como mínimo, estaba armada la barra de Independiente, porque si no en cualquier enfrentamiento los pueden matar.
[Mariano Pagella]: Hasta ese momento el uso de armas de fuego era una excepción. Lo más común en un enfrentamiento entre barras eran las peleas a puño limpio o, como mucho, con cuchillos. Pero a partir de ese enfrentamiento en Desaguadero, las armas de fuego tendrían mucho más protagonismo. Varios miembros de la cúpula de la 12 empezaron a conseguirse “fierros”.
[Gustavo Grabia]: Y cuando vos disparas generalmente, salvo un milagro, como fue el arco de Desaguadero, terminas matando. Y eso fue lo que terminó sucediendo aquel 30 de abril de 1994.
[Mariano Pagella]: Tres meses después de Desaguadero sucede el doble crimen del superclásico, en el que murieron esos dos pibes hinchas de River: Ángel y Walter. Como vemos, esos asesinatos no surgieron de la nada. Hay todo un camino de violencia que fue creciendo durante décadas y que llevó directamente a ese día. Un día que ya conocimos desde el lado de los hinchas de River, y ahora vamos a conocer desde el lado de la barra de Boca. Un día que, para algunos integrantes de La 12, fue raro desde el inicio.
[Darío Vesseliza Randi]: “Vayanse para el club todos por separado. No se vayan todos de a 20, de a 30 personas”. Eso ya era algo que rompía de lo normal.
[Mariano Pagella]: Un ex barra de Boca nos va a contar los movimientos extraños de ese día, pero también cómo entró a la barra y cómo llegó a estar muy cerca de José Barritta, el Abuelo.
[Darío Vesseliza Randi]: Era una voz y era una manera de hablar y de dirigirse a vos que él no necesitaba enojarse como para imponer respeto. Te hablaba de una manera y ya te daba a entender que, “es esto, es lo que yo te digo”. Compartí más cosas con José y con la barra que las que me tocó compartir con mi familia.
[Mariano Pagella]: Y también vamos a conocer cómo se vivió ese superclásico desde ese famoso paravalancha principal a través de una periodista.
[Marcela Mora y Araujo]: El 30 de abril de 1994 estuve toda la tarde en la bombonera con el Abuelo, antes, durante y después del partido que se jugó contra River.
[Mariano Pagella]: Todo esto en el próximo episodio de Superclásico 94.
[Silvia Viñas]: Superclásico 94 es un podcast de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios, y forma parte de la red de podcasts My Cultura de iHeart Radio.
Esta serie fue producida por Mariano Pagella, Alejandro Marinelli y Sergio Renna.
Los editores fuimos Pablo Argüelles, Daniel Alarcón y yo.
La verificación de datos es de Ana Prieto.
Mariano hizo el diseño de sonido, con música original de Nicolas Pagella, quien también compuso el tema musical de la serie. Martín Cruz estuvo a cargo de la mezcla de sonido y masterización.
La gráfica y la dirección de arte de la serie son de Diego Corzo. La producción digital la hizo Andrés Centeno con Óscar Luna.
La dirección de negocios y alianzas estratégicas estuvo a cargo de Camilo Jiménez Santofimio. Y Julián Santos y Eric Spiegelman nos dieron apoyo legal.
Carolina Guerrero es la CEO de Radio Ambulante Studios.
En iHeart los productores ejecutivos son Arlene Santana y Leo Gomez.
Radio Ambulante Studios produce y mezcla sus podcasts en el programa Hindenburg PRO.
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Soy Silvia Viñas. Gracias por escuchar.